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En Bogotá hay un evento político absolutamente inédito

23/06/2017 12:07 PM CDT | Actualizado 23/06/2017 5:11 PM CDT

John Vizcaino / Reuters
"Contagiar a otras personas LGBTI para que participen en política es muy importante".

Pocos políticos tienen la suerte de tener a su público relativamente cautivo en un mismo lugar. Las condiciones sociales, económicas, espaciales y culturales tienden ser tan diversas que es difícil llegarle a todo el mundo con el mismo impacto sin una gran operación logística.

Sin embargo, en Bogotá, la situación es bien diferente: hay dos lugares en los que es fácil encontrar a todos y a todas, la democracia en su máxima expresión. La primera fue creada para tal fin, la ciclovía, que ocupa un lugar especial en el corazón de los bogotanos porque por un día la ciudad no está destinada a los carros sino al resto del mundo: ciclistas, patinadores, peatones, perros, y así. El otro, fue creado como un lugar para escapar de la exclusión y se convirtió en un símbolo de la ciudad, la discoteca Theatron.

Hay una política de cabello rizado y voz chillona (peor que la de la Chilindrina) que supo entender ambos fenómenos para encontrarse con los ciudadanos: Angélica Lozano. Gracias a la obra de un BRT (Transmilenio en Bogotá, Metrobús en Ciudad de México) en la principal arteria de la ciudad —que prometía darle una puñalada profunda a la ciclovía— formó un movimiento ciudadano en el que la gente se encontró en el lugar dominical para hacer política: a la Séptima (el nombre de la vía) se le debía respetar. Aquellos que no sabíamos de su existencia la empezamos a ver en medios y de repente se volvió una figura fundamental del paisaje bogotano.

Sin embargo, ella venía de más allá, su activismo político y capacidad de gestión la había convertido en alcaldesa de Chapinero, uno de los 20 distritos administrativos en los que está dividido Bogotá, y allí creó un hito para la comunidad LGBTI: el primer centro comunitario para población sexualmente diversa en América Latina. Gracias a eso se había vuelto una política de nicho, los gays, las lesbianas y las personas trans reconocían ese nombre que para el común no era normal.

Por eso, hace cuatro años, cuando ella decidió presentar su nombre para ser diputada federal su figura tenía suficiente recordación, tanto que fue la segunda persona más votada para ese cargo en Bogotá. No me sorprende, tenía el respaldo ciudadano de una población que la aclama y el respeto de una sociedad que no la ve como política, sino que la siente como una ciudadana más del común, otra usuaria de la ciclovía.

Esta historia para contarles que en Bogotá pasa un evento político que a mí me parece absolutamente inédito. Por supuesto, como en el resto de América Latina, los políticos hacen miles de artimañas para ser elegidos: contratan orquestas, reparten mercados, hacen uso de Dios o del miedo para buscar votos. Ella no, ella reparte volantes con información útil como dónde conseguir condones y logra lo impensable: cientos de borrachos paran la fiesta para escucharla hablar.

Cada vez hay más como ella que están dispuestos a salir del clóset y hacer política con las banderas de la igualdad.

Sí, porque ella no tiene miedo a pedir que paren la música por unos minutos en la discoteca más grande de Bogotá, y tal vez la discoteca gay más grande de América Latina, para pedir que voten por ella. Piensa qué harías si en medio de la fiesta te interrumpen para hablar de política y aparece en el escenario donde un día es Miss Gay y al siguiente están los DJs más famosos del mundo. Sí, en la mitad de la noche; sí, sin previo aviso; sí, con cientos de personas que están contoneándose al ritmo de Rihanna, Lady Gaga, Shakira, Maluma y Carlos Vives. Y no, no le tiembla la voz para recordar que es lesbiana, para enumerar alguno de sus logros a favor de las personas LGBTI y la necesidad de que juntos se defienda la igualdad, que para ella es imparable.

Y claro que es imparable, porque cada vez hay más como ella que están dispuestos a salir del clóset y hacer política con las banderas de la igualdad. Solo en 2015 hubo en Colombia más de 15 candidatos y candidatas abiertamente gays para las elecciones regionales, y salieron elegidos varios concejales gays y lesbianas, además de un alcalde gay (del partido de extrema derecha, vaya oxímoron).

Ahora, contagiar a otras personas LGBTI para que participen en política es muy importante pero también lo es hacer que políticos heterosexuales le apuesten a la igualdad y en eso ella también ha sido acertadísima, porque ha logrado combinar el trabajo que nace del corazón con un conocimiento técnico de otros problemas que preocupan a la ciudadanía en general, como la corrupción y la movilidad urbana, que han atraído a su causa a muchos otros.

Para celebrar el orgullo vale la pena recordar que votar por los políticos que defienden nuestros derechos es un deber para garantizar un futuro con menos matoneo y con más derechos para todos, y todas.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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