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La visión engañosa sobre la relación de Emmanuel Macron con la cultura

10/07/2017 11:00 PM CDT | Actualizado 11/07/2017 1:25 PM CDT
Charles Platiau / Reuters
Emmanuel Macron, presidente de Francia.

A estas alturas usted ya lo habrá leído cantidad de veces. Que Emmanuel Macron fue asistente editorial de Paul Ricoeur, aquello de Napoleón, que es un hombre estudiado, muy leído, con una educación de gran calidad y que incluso tiene escritos inéditos.

De acuerdo con cierta prensa francesa especializada, Macron, presidente electo de la República Francesa, sería un exitoso producto político cuya explicación residiría en... ¡la poesía greco-romana!

El carisma del joven funcionario entre gran parte de la comunidad intelectual francesa es tal que no pocos se han atrevido a calificarlo como el "Mozart de las finanzas".

Con 39 años apenas, el exministro de economía francés es el presidente más joven del hexágono, quien, comparado con otros presidentes del mundo, lo es de igual forma. Las mentes más juiciosas y frías lo han llamado "Macron... Macroeconomía".

Días antes de la segunda vuelta presidencial (a pesar del peligroso hackeo a su campaña), descubrir ciertas cosas encriptadas de su personalidad parecía un juego o cierto reto obligatorio a encarar. En hebreo, por ejemplo, Emmanuel significa "Dios con nosotros" o "Dios está con nosotros". Por otro lado, el ciudadano francés promedio ha oído hablar de la Hermana Emmanuelle (se pronuncia igual que el nombre del candidato electo), lo que no deja de ser atractivo por ser esta una figura mítica por aquellos lares.

POOL New / Reuters
'Macron', en la poesía griega antigua y en la latina, hace referencia a una postura prolongada o fuerte, todo lo contrario a la postura breve y ligera.

Este tipo de juegos o retos, según varios comentaristas y analistas galos, es manejado sobre todo por una generación en particular —aquella que recientemente experimentó la reforma educativa de 2016— misma en donde se volvió obligatorio estudiar latinismos y aprenderse algunos versos de Virgilio.

Así, diseccionar y jugar, pues, con el nombre del carismático ganador de la segunda vuelta electoral en Francia no ha resultado políticamente ocioso en absoluto. Eso llevó a descubrir, por ejemplo, que "macron", en la poesía griega antigua y en la latina, hace referencia a una postura prolongada o fuerte, todo lo contrario a la postura breve y ligera. En la métrica poética tradicional, las sílabas y los sonidos son, efectivamente, de dos tipos: los prolongados y los breves. Con ciertas marcas básicas, uno aprende a identificar la entonación precisa, misma que indicará el ritmo y la musicalidad de la poesía, ya sea griega o latina.

Luego entonces, muchos franceses al ver a Macron piensan en "Dios está con nosotros" y en la "postura prolongada o fuerte". Macron como una piadosa deidad, pero también como un ser aguerrido, testarudo y enérgico.

Nada mal para un joven presidente asumiendo sus complicadas e importantes funciones que, a pesar de su juventud, ha sabido pacientemente esperar. Pero no solo eso, sino que también ha sabido vertiginosa y cuidadosamente construir "un movimiento" alternativo a los partidos políticos en su país: En Marche! (cuyo lanzamiento fue duramente criticado entre simpatizantes por haberse realizado al más puro estilo de cualquier nuevo iPhone).

Benoit Tessier / Reuters

Una postura prolongada y fuerte que, en su mediático atractivo (ayudado por el temor pragmático hacia la extrema derecha organizada, postura política que avanzó como nunca este año: casi 11 millones de votantes finales) sorprendentemente lleva eso, cierto hálito religioso en donde los franceses han depositado una especial fe en que las cosas pueden mejorar no solo para su país, sino para Europa entera.

Albert Camus, el polémico uso

Como todo funcionario económico que se respete, dado su ascenso en los escalafones de los complicados entramados del Elíseo, pero, sobre todo, dado su origen mucho más financiero y empresarial, Emmanuel Macron —en algún punto de este proceso— ha debido caer en cuenta de que necesitaba volver a recurrir a alguna referencia cultural independiente. Pero importante, gigantesca e incuestionable. "Una credencial" que lo avalara ante una comunidad cultural francesa, cada vez más débil en lo institucional, aunque muy fuerte y combativa en la exigencia mediática puntual.

Así que, en no pocas manifestaciones, la figura y la obra de Albert Camus fueron evocadas una y otra vez, como un mantra, como una marca que se desea a como dé lugar, como un código de barras desesperadamente anhelado para el producto recién manufacturado.

"Cada generación, quizás, se cree destinada a rehacer el mundo. La mía, no obstante, sabe que no lo rehará. Pero tal vez su tarea sea más grande. Esta consiste en impedir que el mundo no se deshaga". Camus pronunció estas palabras en su discurso, en la entrega del Nobel de Literatura en Estocolmo en 1957.

Macron retomó al gran escritor —una referencia muy común entre los conservadores franceses— para utilizarlo y atacar directamente a aquellos que han estado en contra de algunas reformas del gobierno, al acusarlos de vivir constantemente en el pasado, en su "nostalgia"; llamándolos "mentes timoratas e inmóviles", encerrados en su "atrofiado" mundo.

Queda otro temor igual de real entre los liberales de pura cepa, aquel que ve en Macron un falso profeta.

El atrevimiento tomó por sorpresa a propios y extraños, pero Macron supo sortear las críticas al dar a entender que Camus (al igual que él en su campaña) nunca tomó partido por nadie. Que más bien Camus era un pensador y un escritor universal que, en ese sentido, le pertenecía a cualquiera.

Y para no dejar de sorprender a todos, incluyendo al muy selecto mundo cultural francés, en algún momento sus importantes simpatizantes llegaron a realizar sutiles y no tan sutiles comparaciones con el Nobel al decir que Camus, a pesar de la incomprensión, defendió a una sociedad de su tiempo que, en su momento, le dio la espalda.

Varios medios y personajes se volcaron de inmediato a diseccionar el discurso de Estocolmo para rescatar los puntos que mejor reflejaran no solo el estilo sino la personalidad misma de Camus: su inmensa piedad como hijo, la frugalidad que lo caracterizó en medio de una sociedad de grosera abundancia, la modestia en sus puntuales incursiones en política y su rechazo indiscutible al oscurantismo.

Macron, así lo dejó ver en el punto cúspide de su campaña, no tendría más objetivo que deshacer el mundo viejo y luchar con todas sus fuerzas para ver el nuevo emerger. ¡El comienzo de una nueva Francia! Muchas declaraciones al respecto, pero en ninguna prospectiva concreta se asomó siquiera la cultura, el arte, el pensamiento contemporáneo, la lengua o la literatura francesa (con todo y que siempre se ha afirmado que su esposa y antigua maestra lo habría cultivado al respecto). Nada de esto en su proyecto, al parecer.

JODY AMIET via Getty Images
En 2016 Macron presentó su libro.

En la visión pragmática de Macron, yace una realidad educativa de Francia en donde abundarán los start-upers. Aquellos que deberán volver a empezar. Esos que tendrán que "rehacer" hoy a la Francia del futuro. Los nuevos cuadros que dirigirán las empresas mucho mejor de lo que él pudo haberlo hecho.

Esa nueva y reeducada Francia que, contrario a la del humilde Camus, buscará rehacerse a partir de cero. Con una mirada hacia el futuro y nunca hacia el pasado, que, en el caso de Francia, no es cualquier pasado.

El Frente Nacional no pasó. El temor real hacia el populismo de derecha en medio del contexto global de la era Trump se apaciguó en Francia y por ende en Europa, por lo pronto. No obstante, queda otro temor igual de real entre los liberales de pura cepa,aquel que ve en Macron un falso profeta en cuyo algoritmo para satisfacer clientes y no ciudadanos lleva la penitencia.

(VIDEO: Este fue Albert Camus)

Una aplicación, según ellos, que se instrumentó justo a la medida de la desesperada coyuntura política, en medio, por ejemplo, de un desprecio real hacia la antes muy poderosa y divulgada lengua francesa (muchos institutos culturales de las embajadas del país galo han cerrado dramáticamente en los últimos años por todo el mundo). Un patrimonio antes precioso que, al parecer, cada vez nadie quiere cuidar. Borrón y cuenta nueva, nueva de verdad.

En alguna ocasión, Macron dijo haber leído de Albert Camus El primer hombre, obra maestra que narra la infancia del autor en Argelia. Si lo hubiese hecho a profundidad, tal vez reflexionaría un poco más en sus discursos a favor del capital y en los de su "rehacer". La historia pinta el cuadro de un vinicultor de Mondovi, cuna familiar del escritor. La guerra en pleno. Se ha dado la orden de que todos tienen que evacuar.

Escribe Camus: "Él no dice nada. Durante tres días, arrancó los viñedos a lo largo y ancho de su propiedad (...). Y dado que fuimos nosotros los que cometimos un crimen aquí —le explica a un joven capitán desamparado— nosotros tenemos que borrarlo".

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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