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Hoy es tiempo de decirle al diablo: "Yo soy la tormenta"

23/01/2017 9:41 AM CST | Actualizado 23/01/2017 10:41 AM CST

Shutterstock / Vadym Drobot

Y el diablo nos susurró al oído:

—No eres lo suficientemente fuerte para sobrevivir esta tormenta.

Donald inició su campaña diciendo que los mexicanos éramos asesinos y violadores. Desde el siglo XIX algunos políticos sureños de Estados Unidos se refirieron a nosotros como vagabundos, como perros callejeros. Y tampoco entonces nuestro gobierno nos defendió.

No nos defendió ni nos defenderá. Nuestros gobiernos son vacuolas plagados de políticos pensando en enriquecerse. No están preparados para lo que viene. El país no está preparado para lo que viene.

Pero el demonio naranja no es el único problema. Este sexenio comenzó con la esperanza de la alternancia democrática y antes del primer año se habían logrado las reformas estructurales que tanto necesitaba México y que se discutían por más de quince años. La celebración duró poco.

Por un lado, la reforma energética se hizo demasiado tarde y cuando los precios del petróleo ya eran muy bajos y justo cuando el uso de la energía solar empezaba a repuntar. Por otro lado, el poder del presidente y de su gobierno desapareció con la imposibilidad del presidente o su esposa de ocultar un conflicto de interés con el tema de la Casa Blanca. ¿Con qué calidad moral puede el gobierno mexicano criticar a Trump si el México mismo presidente de nuestro país quedó expuesto? Ese mismo presidente que tampoco supo esclarecer el suplicio de Ayotzinapa.

A este momento habría que sumarle temas graves de corrupción como los de Grupo Higa, OHL, los muchos administradores corruptos de PEMEX, o la continuidad de los abusos de Deschamps, Beltrones y Gamboa. Habrá que sumarle el caso de los gobernadores delincuentes como Montiel, Moreira, Herrera, Duarte, Borge, Medina, Jara, Padrés y Vallejo, por mencionar a algunos de nuestros adversarios de esa fauna terrible.

Pero esto no es ni ha sido exclusivo de esta administración. Hemos soportado más que sobrevivido no solo la corrupción sino la incapacidad e interés de la mayoría de la clase política de gobernar. La realidad y los acontecimientos actuales tienen muy superadas a las instituciones actuales.

La otra tormenta es la guerra contra el narcotráfico. Las cifras y las tragedias las conocemos. La indignación no desaparece, pero no hay una solución en puerta. ¿Por qué seguimos sin legalizar el consumo, producción y venta de las drogas? Más allá del miedo que nos causa lo que no conocemos, creo que no nos quedan muchas alternativas. Ante la evolución de la legalización estado por estado en Estados Unidos nosotros nos seguimos esforzando en el esfuerzo primitivo de la guerra en la calle como manera de control.

El presidente electo de Estados Unidos nos desprecia. Nos odia y ya hemos empezado a sentir el impacto de su ira. Desde la planta de Ford, GM o la devaluación del peso responden a los prejuicios de Trump y a su falta de entendimiento de los principios básicos de economía en esta versión del mundo en donde los hechos y la ciencia son substituidos por mentiras y prejuicios. Negar que los seres humanos hemos causado el cambio climático es el ejemplo claro de que lidiamos contra un enemigo irracional.

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Tenemos una estructura política y un gobierno que no pueden solucionar los problemas. Algunos lo han intentado, la mayoría solo ha visto por su interés personal. Estos problemas incluyen corrupción, pobreza, abuso, racismo, discriminación, narcotráfico, todas formas de injusticia. Nuestro pacto social ya no es más.

¿Seremos lo suficientemente fuertes para soportar la tormenta? Muchos esperan que nos hinquemos ante la inminencia del embate que sufrimos. Pero esta vez no hay espacio para eso. Si nos hincamos seremos pateados, maltratados, tratados como perros callejeros. Si nos hincamos, quizá no merezcamos más.

Cambiar no es elegir a Morena, al PAN o a cualquier partido. Cambiar no es salir a robar autobuses el 2 de octubre. Cambiar no es participar en la rapiña de tiendas porque subió el precio de la gasolina. Cambiar no es criticar la actitud misógina y abusiva de Trump y al mismo tiempo compartir imágenes pornográficas por WhatsApp. Cambiar no es ser un eterno "activista y crítico" limitado a las redes sociales. Cambiar no es pedir trato justo a los migrantes mexicanos en EU mientras no nos preocupamos por los migrantes centro y sudamericanos en México. Cambiar no es criticar a Trump por ser racista y al mismo tiempo discriminar a mexicanos por el color de su piel o por cuánto dinero tiene.

Cambiar es ser responsable y saber que tus actos pueden influir en el futuro. Cambiar es imaginar y buscar el futuro que queremos como mexicanos. ¿Qué has hecho el último mes más allá de lo que te beneficia directamente? ¿Mostrar indignación es suficiente?

Pienso en Siria. El mundo -incluyéndome- los abandonó. Pienso en México: ¿quién nos puede salvar? Históricamente pensábamos que el salvador era España, la Iglesia Católica, la familia Habsburgo, Estados Unidos o el gobierno mexicano. Siempre imaginamos que alguien más hará el trabajo por nosotros. El gobierno de Estados Unidos, no su gente, es hoy el enemigo. ¿Quién nos va a salvar?

Te tengo otra pregunta:

¿Qué sabemos nosotros del orden, la justicia, de trabajar juntos si solo conocemos de corrupción, abandono, egoísmo, rapiña y estupidez?

Pues deja que te diga que sabemos más de lo que crees.

Mira, es en momentos como estos en los que sabemos qué es lo que queremos.

Es en el trabajo y la convicción de hacer las cosas bien lo que nos dice a dónde queremos llegar. Hacer las cosas bien y luego hacerlas mejor. Eso es quién somos.

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Esa es nuestra historia en donde más allá de los errores que se hayan cometido, nosotros queremos, sabemos salir adelante. Si no me crees, piensa en los millones de mexicanos que han sobrevivido a la Colonia, al narcotráfico y a la corrupción. En los mexicanos que son exitosos en México o como indocumentados a pesar de tener todo en contra.

Esa es nuestra historia. Nosotros sabemos encontrar el camino, pero seguramente no es lo que lees en las noticias. Esas noticias plagadas de casos de gente abusando de otros por la debilidad de nuestras leyes. Esas noticias y comentarios hechos muchas veces por gente que nunca ha venido a México.

De esos abusivos que no saben de que somos capaces. De esos que no saben que estamos listos para trabajar juntos. De esos abusivos que se olvidan de la frase: y retiemble en sus centros la tierra.

Hoy es tiempo de decirle al diablo:

—Yo soy la tormenta.

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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