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Por qué esta es la final de futbol nacional con menos jugadores mexicanos en la historia

07/12/2017 7:00 AM CST | Actualizado 07/12/2017 9:28 AM CST

Carlos Cuin/Jam Media/Getty Images
El francés Andre-Pierre Gignac y el ecuatoriano Enner Valencia, de Tigres.

En el balompié mexicano pesan más los intereses económicos que los nacionalismos y en la final del torneo Apertura 2017 abundarán en el campo jugadores extranjeros y naturalizados en comparación con los nacidos en territorio nacional, condición que abre -aún más- la puerta de la incertidumbre del futuro del futbolista mexicano.

Rayados y Tigres presumen planteles diseñados con las chequeras. Son los más onerosos de la lista de competidores en el campeonato nacional y con la muy apelada "justicia deportiva" -término socorrido hasta el hartazgo en el esfera de la comentocracia deportiva- afrontarán la serie por el título como los dos mejores clasificados de la fase regular la final y los que mejores hechuras tuvieron en la liguilla.

Los conjuntos de la Sultana del Norte son el ejemplo perfecto para mostrar a las entidades que apuestan más a la compra de jugadores probados. Para este semestre los Tigres echaron en su plantilla de estrellas al ecuatoriano Enner Valencia, mientras que los Rayados hicieron una fuerte inversión por el colombiano Avilés Hurtado: mejor comprar el árbol y recoger sus frutos que echar las semillas y esperar a ver si crece sano y brinda esos jugosos beneficios.

Alfredo Lopez/LatinContent/Getty Images
Avilés Hurtado, del Monterrey, colombiano naturalizado mexicano.

El Clásico regio conquista una cima jamás antes vista y la ciudad de Monterrey -la que con más pasión sigue a sus equipos en el territorio nacional- se divide en una "guerra civil" en la que las "artillerías" de sus equipos son en un número muy voluminoso de jugadores no nacidos en México... eso de poco importa cuando el "show debe continuar" y las cajas registradoras no deben dejar de sonar con la llegada de dinero, dada la gran promoción comercial y publicitaria alrededor de los equipos.

Los Rayados dirigidos por el argentino Antonio Mohamed mandó en la fase regular con claridad y dominó en sus duelos de liguilla sin dificultades. En su más reciente encuentro -el de vuelta de las semifinales ante Morelia, que ganaron 4-0- el arquero Hugo González fue el único mexicano de nacimiento en el equipo titular; por su parte, los Tigres, de la mano del brasileño Ricardo Ferretti, naturalizado mexicano desde hace muchos años, tuvieron a cinco en su segundo duelo ante el América -al que también golearon 3-0- pero solo uno de ellos formado en sus categorías inferiores.

La evolución de los reglamentos de competencia llevaron a una encrucijada a los dirigentes de la Liga MX, cuando las directivas de los equipos le "dieron la vuelta" a la disposición de que cada plantel contara con un máximo de cinco jugadores extranjeros, pero no regulaba la cantidad de naturalizados, al ser constitucionalmente mexicanos. Eso provocó que los futbolistas nacionales por nacimiento vieran muy limitadas sus opciones para formar parte los planteles al priorizar a los mexicanos por naturalización.

El remedio fue tan ponzoñoso como la enfermedad que buscó paliar y de una sesuda reunión en las altas esferas de la Liga MX salió el mandato de la regla 9/9 con nueve mexicanos (ya sea por nacimiento o naturalización) y nueve extranjeros en las convocatorias para los encuentros. El resultado para este torneo, en el que se echó a andar la disposición fue la pulverización de minutos de juego para futbolistas mexicanos por nacimiento y, sobre todo, para elementos debutantes.

A fin de cuentas, pensarán en la Federación Mexicana de Futbol, mientras el negocio siga floreciendo el camino que depare el futuro de poco importa.

El futbol mexicano -como casi todo en la esfera del deporte- se mueve al ritmo del pandero del dinero. Para Rayados, Tigres y el resto de los equipos de poco importan las formas para ser campeones. En el caso de los finalistas cuentan con la venia de una afición incondicional que en las buenas, en las malas y en las excelentes siempre están con ellos y no cejan en su apoyo. En las gradas nadie cuestiona a Mohamed si manda al terreno a 11 jugadores no nacidos en México, porque mientras lleven la playera rayada todo lo demás pasa a un segundo plano sin la menor relevancia.

Los ventajosos reglamentos orientados al beneficio de los promotores, que no obligan a los equipos a debutar jóvenes nacidos en México, evitando así invertir en la formación, dirigen a las representaciones tricolores al despeñadero -jamás antes mejor empleado el término- porque serán menos los elementos a considerar para conformar los combinados nacionales con límite de edad, que se supone deben ser la base para la conformación del equipo mayor conforme maduren.

Nuevo León y, sobre todo, la ciudad de Monterrey, goza ahora de una final inédita en la que las banderas rayadas y felinas ondearán en las tribunas... mientras que, con el andar del tiempo, se está orillando al balompié mexicano a conformar selecciones mayores echando mano cada vez más de elementos naturalizados... A fin de cuentas, pensarán en la Federación Mexicana de Futbol, mientras el negocio siga floreciendo el camino que depare el futuro de poco importa.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.