EL BLOG

La polémica abraza al 'Canelo'... nuevamente

17/09/2017 11:00 PM CDT | Actualizado 19/09/2017 9:26 PM CDT

Joe Camporeale-USA TODAY Sports
'El Canelo' Álvarez en la llegada a su pelea con Gennady Golovkin el 16 de septiembre en Las Vegas, EU.

La polémica es compañera de Saúl El Canelo Álvarez quien, con todos los millones de dólares que entran en su caja registradora, no puede huir del estigma de ser un pugilista cuidado por todo el dinero y espectáculo que gira a su alrededor y las ganancias que representa para un deporte en constante cuestionamiento.

El lacerado boxeo vivió otra velada de pesadilla cuando la jueza Adalaide Byrd se apropió del protagonismo del combate al concederle una victoria de 118-110 al Canelo. Su veredicto superó la frontera de lo ridículo, hasta el peleador tapatío no ocultó su seriedad cuando escuchó la decisión final, mientras el kazajo Gennady Golovkin sonreía por el resultado que no le favorecía.

Esa velada de credibilidad en la trayectoria del Canelo deberá esperar a una nueva ocasión. El empate que arrojó el cómputo las tarjetas de los jueces (115-113, 114-114 y 110-118) será un nuevo esqueleto que esconder en el armario, donde yacen los restos de otros polémicos combates del tapatío ante rivales cuyas divisiones eran de menor peso. Como fue el caso del británico Amir Khan y el puertorriqueño Miguel Cotto; o con un claro rumbo hacia el retiro, como el estadounidense Shane Mosley; o con decisiones controvertidas, como ante el cubano Erislandy Lara, o en su primer empate en el inicio de su carrera ante Jorge Juárez. La cuenta es larga y esa credibilidad para ser considerado uno de los mejores boxeadores de la última época no más no encuentra un sólido cimiento.

Por fin, y después de 12 años, Canelo lució como lo que su enorme porra de aficionados —y mediática— quiere que sea: un boxeador con recursos.

Echar un vistazo a ese camino en el que anduvo el Canelo es ver que hasta en la derrota genera polémica, como cuando ante el estadounidense Floyd Mayweather —quien le propinó la única derrota oficial en su carrera— el juez C.J. Ross dio empate a 114 mientras los otros estuvieron más apegados a la realidad con evaluaciones de 116-112 y 117-111. La realidad es que Mayweather hizo lo que quiso y una tarjeta 120-108 a su favor no hubiera sido exagerada.

De esa noche del 14 de septiembre de 2013 a la del sábado pasado Canelo renunció a la cara de niño —ahora de barba abundante— y evolucionó como un producto altamente rentable en el mercado estadounidense del boxeo. Pero de todos los rivales que su promotor Óscar de la Hoya le echó al cuadrilátero ninguno pasó la prueba del ácido de los cuestionamientos hasta que llegó Golovkin, uno de los mejores de la última década.

El kazajo dominó después del tercer round, pero por fin, y después de 12 años, Canelo lució como lo que su enorme porra de aficionados —y mediática— quiere que sea: un boxeador con recursos.

Pero en la noche que más pugilista pareció el Canelo ante un oponente de primera clase todo se fue por la borda. La exhibición del tapatío ante el monarca absoluto de los pesos medianos fue rebasada por la tarjeta de Byrd y trajo al presente todas esas ocasiones en que se ha visto protegido por un sistema que valora su peso en dólares y no en su calidad como peleador.

En unos meses, lo más seguro que sea en mayo de 2018, cuando el Padre tiempo haya mermado más a Golovkin y ya tenga 36 años, volverán a verse en un cuadrilátero después de semanas de promoción y miles de millones de dólares involucrados ante un rival nueve años menor y que sigue aprendiendo cómo ser boxeador.

De la Hoya engrosará más las cuentas del Canelo, quien está en el umbral de que con más decisiones cuestionables de los jueces, o que le echen rivales a modo, sus progresos se pierdan sin llegar a cumplir la promesa de ser un pugilista de época.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.