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La humilde Jamaica desnudó a un grupo ineficaz y a su soberbio entrenador

24/07/2017 12:00 PM CDT | Actualizado 24/07/2017 7:00 PM CDT

MARK RALSTON/AFP/Getty Images
"La débil Jamaica fue el verdugo de un grupo colmado de dudas y presión a un año de que se realice el Mundial de Rusia".

El Tri se aferra a las catástrofes veraniegas, pero ahora ya colmaron la paciencia de los aficionados —por lo menos en Estados Unidos— que masivamente clamaron por el despido del entrenador colombiano Juan Carlos Osorio, después de que la débil Jamaica fue el verdugo de un grupo lleno de dudas y presión a un año de que se realice el Mundial de Rusia.

El Rose Bowl de Pasadena fue la nueva tumba de las ilusiones de un combinado que cada vez se acostumbra más a despedirse cobijado por el silencio y con la mirada clavada en el piso entre derrotas, que ni siquiera alcanzan esas justificaciones, tan recurridas por la prensa que les brinda palmaditas en la espalda, de que "cayeron de cara al sol".

Con las más recientes desgracias también se va perdiendo brillo en la categoría de los rivales. Si en el Mundial de Brasil 2014 y en la Copa América Centenario de 2016 fueron Holanda y Chile los que mataron los sueños de grandeza de una generación —que vive más de las expectativas que de sus logros colectivos— ahora fue la humilde Jamaica (que ni siquiera está en el hexagonal final de Concacaf en busca de clasificar al Mundial de 2018) la que desnudó a un grupo ineficaz y a su soberbio entrenador. Este, por cierto, deja claro que irá más allá de los límites con sus ocurrencias de hacer rotaciones (no tener un equipo base) y cambiar las posiciones naturales a varios de sus elementos.

Carl Recine / Reuters
"La presión crece y con ella la distancia entre los jugadores y el entorno que rodea a la selección; el aislamiento de Osorio es también el de sus jugadores".

Los experimentos le volvieron a explotar en la cara a Osorio, como ya le pasó en la Confederaciones de Rusia, con la llamada selección A, integrada con la "legión" de elementos que pertenecen a clubes europeos y definida por muchos como la mejor generación en la historia. Así también le pasó ante Chile hace un año con la debacle de 7-0 en la Copa América. Antes del duelo ante Jamaica los federativos aseguraron que estaba garantizada su continuidad hasta la justa de rusa del próximo año.

Si mantienen su palabra —creer en la promesa de un federativo del futbol mexicano es como hacerlo en que existe Santa Claus— el camino a Rusia estará lleno de piedras en un grupo, tanto para elementos del A como del B, que no saben manejar las crisis y demuestran fragilidad de carácter para afrontar los malos resultados (como el de la Confederaciones hace unas semanas) y sus fracasos, como el sufrido en la Copa Oro.

La presión crece y con ella la distancia entre los jugadores y el entorno que rodea a la selección; el aislamiento de Osorio es también el de sus jugadores. Miguel Layún, tundido en redes sociales como el responsable de la derrota ante Portugal en el duelo por el tercer lugar de la Confederaciones, eludió a la prensa cuando estuvo en Guadalajara con el Porto y la confrontó cuando escuchó un silbido que interpretó como un insulto.

El Tri de Osorio, tanto el A como el B, le da patadas al negocio que con cada decepción pierde brillo e ingresos.

Jesús Dueñas es otro ejemplo —este con el equipo B—, quien dijo que ellos no jugaban para darle gusto a la gente, justo después de que el Tri igualó 0-0 con Jamaica en la fase de grupos (resulta que un equipo incapaz de pelear en la última ronda del proceso de clasificación de un Mundial es el nuevo Leviatán del Tri). Dueñas luego se desdijo y cargó contra ese nuevo enemigo de los futbolistas llamado "sacar de contexto mis palabras".

El Tri de Osorio, tanto el A como el B, le da patadas al negocio que con cada decepción pierde brillo e ingresos. Ahora la final de la Copa Oro entre Estados Unidos y Jamaica no contará con la asistencia que se pronosticaba si el equipo mexicano clasificaba al juego que que se realizará en el Levi's Stadium de Santa Clara.

Para los dueños de la selección viene un periodo en el que tendrán que ponderar si su palabra vale para ser sostenida y dejar a Osorio al frente hasta Rusia. O la rompen (lo cual no sorprendería a nadie, realmente) y acaban con una crisis que tiene al colombiano en tan bajos niveles de popularidad que muchos políticos mexicanos se sentirían orgullosos de ser comparados con él.

En la balanza para la continuidad de Osorio el factor económico tendrá un gran peso, porque del famoso objetivo del quinto partido (clasificar a cuartos de final) en un Mundial fuera del país, ahora mismo se ve como una de esas ilusiones que últimamente se mueren de nada en un campo de futbol.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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