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La arrogancia americanista es ahora una burla

26/12/2016 4:23 PM CST | Actualizado 26/12/2016 4:23 PM CST

ENRIQUE ORDÓÑEZ /CUARTOSCURO.COM
Ricardo Peláez, director deportivo del América.

Ahora lo único que puede brindar alegría al América es que faltan 100 años para que se ocupen de organizar el festejo por su siguiente centenario.

A lo largo de este año el equipo y la dirigencia tiraron el prestigio que presumen dentro de las fronteras nacionales como los máximos ganadores de campeonatos de liga (12). Ni siquiera como equipo chico echaron campanas al vuelo por el aniversario y terminaron su calamitoso 2016 con amargura y con las manos vacías después de haber apuntado a ganar los títulos de liga (del torneo Apertura) y de la Copa MX. Además de ofrecer una decorosa participación en el Mundial de Clubes como parte de sus celebraciones.

Las expectativas de la directiva fueron un peso muy grande para la entidad que goza y se alimenta de ser la más "odiada" del balompié nacional, y que en Navidad fue la burla de todos. Como cascada llegaron las comparaciones con el Cruz Azul, que en dos décadas sin títulos de liga se ha transformado en la sorna de los seguidores del futbol por las formas casi inverosímiles de perder partidos decisivos, un camino empedrado América recorrió el domingo ante los Tigres, que les robaron la última opción de festejar algo en el centenario.

Las expectativas de la directiva fueron un peso muy grande para la entidad que goza y se alimenta de ser la más "odiada" del balompié nacional.

América cayó en la final del Apertura 2016 dando lástima en la serie de penales y con el alma tirada en el césped del estadio Universitario de Nuevo León, después de verse igualado 1-1 con la última jugada del tiempo extra, cuando ya contenían el grito de proclamarse campeones. El trágico camino que inició hace varios meses, no podía tener un final feliz y el arquero Nahuel Guzmán paró sus tres penales, en una serie que será siempre un recuerdo doloroso para su afición. América repitió así los guiones de las semifinales de la Copa MX, ante Chivas, y el del duelo por el tercer sitio del Mundial de Clubes, ante el Atlético Nacional, de Colombia, en los que los penales marcaron también sus eliminaciones.

Este 25 de diciembre el americanismo se ruborizó de pena y enojo, como cuando se esperaba que en el segundo semestre la directiva contratara un refuerzo de primer nivel del balompié europeo para afrontar los tres torneos y celebrar el 12 de octubre sus primeros 100 años. Pero los días cayeron como fichas sin buenas nuevas, cuando en la atmósfera corrían versiones sobre las posibles llegadas del colombiano Radamel Falcao o el español Fernando Torres.

Sin embargo, esta dirigencia no tuvo el tamaño ni el alcance de sus antecesoras, que en los 90 firmaron a Iván Zamorano, luego de haber triunfado con el Real Madrid y el Inter de Milán, o en los 70 a Carlos Reinoso, quien llegó de Chile para convertirse en un ídolo.

Azael Rodriguez/LatinContent/Getty Images
Moisés Muñoz, portero del América.

La mezquindad fue cubierta de promesas, de esas que se diluyen ante la realidad, pero quedan en el recuerdo. El presidente deportivo Ricardo Peláez puso la vara que debían superar para darse por complacidos en el año de festejos por el centenario: ser campeones en alguno de los torneos.

Su último ridículo al "cruzazulearla" en el campo de los Tigres comenzó como una bola de nieve, tomó más fuerza y tamaño con el paso de las semanas de decepciones en liga, que le costaron el puesto de entrenador a Ignacio Ambriz, la eliminación de la Copa, y las malas decisiones directivas.

La historia ante Tigres no podía terminar peor para el equipo que ya se dio cuenta que no cuenta con proyección internacional.

El miércoles 12 de octubre, el día del pomposo festejo de los 100 años, se celebró con un pastel en las instalaciones ante las críticas de que no se organizó un partido especial frente a un rival de prosapia de nivel internacional, algo que le quitó lustre a la grandeza pregonada hasta como un eslogan. La bola de calamidades creció cuando presentaron su himno del centenario, pieza que será recordada por haberse tocado una vez, porque de inmediato se señaló que era un plagio del que el Sevilla presentó 11 años antes en España. Ante esto la directiva se deslindó y responsabilizó al compositor, mostrando su poco cuidado tras aprobarlo antes de que se tocara.

Los inconvenientes en este accidentado centenario tenían señales para que las expectativas de Peláez fueran una soga en lugar de una tabla de salvación, cuando dijo que el juego especial que quería la afición sería en Japón, en el Mundial de Clubes. Sin embargo el sufrido triunfo 2-1 ante el modesto Jeonbuk de Corea del Sur no vistió de alabanzas al equipo, que luego perdió 2-0 ante el Real Madrid, que nada sabía de la institución más ganadora del futbol mexicano.

Lo peor fue que el Madrid no necesitó de conocer a las Águilas, que prefirieron ceder la iniciativa para evitar ser goleadas por los merengues, que se impusieron sin grandes esfuerzos. El traspié en penales ante el Atlético Nacional marcó el amargo final con poco por recordar del viaje a Japón.

La arrogancia americanista es ahora una burla. La historia ante Tigres no podía terminar peor para el equipo que ya se dio cuenta que no cuenta con proyección internacional. Y su brillo en México le da para estar apenas unos escalones arriba del resto de los competidores, que ahora gozan del vergonzoso semestre del centenario que tuvo una institución, siempre obligada en su esfera mediática a ganar títulos.

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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