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El nuevo llanto en el deporte mexicano

25/03/2017 3:50 PM CST | Actualizado 27/03/2017 6:42 PM CST

FERNANDO CARRANZA GARCIA / CUARTOSCURO.COM
El equipo mexicano en el juego frente a Venezuela durante la reciente edición del Clásico Mundial de Béisbol.

En ocasiones -muchas- el deporte mexicano se refugia en un personaje teatral de víctima para enjuagar las lágrimas de sus derrotas o de su mala fortuna. Cierra los ojos y culpa al mundo de ser su verdugo y cuya encomienda es que los tricolores (en la disciplina que sea) no alcancen las gloriosas cumbres que directivos siempre señalan como la tierra prometida.

El Clásico Mundial de Béisbol ya forma parte de esa historia de lamentos mientras que Estados Unidos celebra su primer título del evento que recién terminó su cuarta edición. Para los que viven del drama fue una nueva canallada, otra más, en ese camino con narrativas de tristeza de las que brotan frases como: "no era penal" (luego de la "digna" derrota del Mundial de futbol de Brasil 2014 ante Holanda en octavos de final), o "fueron los malditos penales" (que acompaña al recuerdo de la tanda en la que México quedó eliminado de otra justa del orbe futbolera en EU 1994).

O también "el juez está contra el mexicano" (a la que muchas veces se ha recurrido para justificar las decepciones en las competencias de marcha atlética -y otras disciplinas como clavados- y que tiene como su joya en el repaso de las infamias contra los mexicanos la que "sufrió" Bernardo Segura en la prueba de 20 kilómetros de los Olímpicos de Sidney 2000).

(VIDEO: No era penal)

El más reciente drama se escribió con lágrimas cuando la organización del evento beisbolero manifestó durante la transmisión de televisión, y en sus redes sociales al concluir el encuentro, que la novena tricolor jugaría un desempate contra Italia después de vencer 11-9 a Venezuela en el último partido del Grupo D con sede en Guadalajara.

Pero en la era de la "posverdad" y de las "fake news", gracias a las redes sociales y al poco rigor informativo de muchísimos medios de comunicación, los organizadores del Clásico Mundial de Béisbol lavaron su yerro borrando las publicaciones de sus redes sociales y manifestando después que el criterio de desempate favorecía a los venezolanos con una regla que generó confusión.

La bomba molotov estalló y los representantes y jugadores del equipo mexicano se ciñeron las coronas de víctimas. Horas de confusión y molestia le siguieron a la decisión gracias a la regla, que siempre favoreció a la vinotinto, como dijeron en la transmisión televisiva de su país, en la que también adelantaron que se vendría una gran molestia tricolor al ver que los mexicanos festejaban una victoria que los dejaba fuera del evento ("¿a poco nadie les ha dicho que este resultado los deja fuera?", fue lo que dijo uno de los narradores venezolanos).

El estelar primera base Adrián González, y su hermano Édgar, manager de la novena tricolor, subieron los chillidos de la victimización y culparon a la organización de su eliminación, esperando un milagro que llevara a México a jugar el desempate. Drama digno de las mejores películas de Ismael Rodríguez en la época de oro del cine mexicano con un personaje como Pepe "El Toro" cuando llora la muerte de "El Torito", uno de los momentos icónicos en la historia fílmica nacional.

(VIDEO: Hay dramones deportivos que se comparan a este).

Ese momento en que te niegas a ver tus fallas

Cuando los actores del deporte mexicano asumen el rol de ser los malqueridos de un mundo que está en su contra, cierran los ojos a sus propios fallos. Los hermanos González dijeron que la organización les informó mal al explicarles que debían ganar por dos carreras (como hicieron) para avanzar, pero nadie del lado tricolor hizo las cuentas del sistema de carreras anotadas divididas entre los innings defendidos; la ecuación hizo jaque mate contra los mexicanos al no contabilizar el noveno inning contra Italia, que los dejó tendidos en el terreno en el primer juego, y en el que no lograron ningún out. En el partido ante Venezuela la novena nacional tuvo una delantera de siete carreras después de cinco entradas y media (8-1), la que no supieron mantener, y al final aplicaron el: "nos dijeron que ganáramos por dos".

Adrián González se integró a los Dodgers de las Grandes Ligas con el resentimiento de la eliminación, proyectando en los organizadores la culpa y manifestando que no volvería a jugar en el torneo que aspiraba a ser como el Mundial de futbol, pero no llegaba siquiera a ser como Las Ligas Pequeñas de Béisbol (el más reconocido torneo infantil de pelota en el mundo).

Fue un guión parecido al que otros deportistas recurrieron antes, y seguramente al seguirán acudiendo después, como cuando el juez le mostró una tarjeta roja al marchista Bernardo Segura, en la prueba de 20 kilómetros de marcha en Sydney 2000, cuando ya había cruzado la meta en primer sitio y atendía una entrevista para TV Azteca (la realidad fue que Segura había sido descalificado antes de cruzar la meta y no atendió esa llamada, por eso fue que luego se le mostró otra vez la ficha de descalificación).

Esa fue una tragedia que escaló a niveles tales de plantearse desaparecer la marcha atlética del programa olímpico por la confusión que genera la subjetividad de evaluar a sus atletas si "flotan" al caminar y que decían que no veían cuando eran amonestados o expulsados. La Federación Internacional de Atletismo (IAAF) dijo que si se iba la marcha también se iban todas las pruebas del atletismo... y pues todas siguen al verse el berrinche, claro está.

(VIDEO: Adiós a la medalla para Bernardo Segura).

Más allá de las victimizaciones y justificaciones del deporte mexicano, como ese "no era penal" sobre Arjen Robben, o la salsa de tomate que le hizo daño a Éder Sánchez una noche antes de caminar los 20 kilómetros de marcha en Beijing 2008, y otro gran ramillete de excusas y hechos sin fortuna, sobresalen otros momentos que escapan a las sombras de las lágrimas de las justificaciones lastimeras.

El más brillante (desde la perspectiva de quien escribe) es el de la sinaloense María del Rosario Espinoza, quien llegó a los Olímpicos de Beijing de 2008 como monarca mundial de taekwondo (-72 kg) y jamás sucumbió a la presión de ser favorita para colgarse el oro, como otras luminarias tricolores que achacaron a factores externos el hecho de no cumplir con las expectativas que descansaban sobre sus hombros antes de la que sería su cita con el destino.

El 23 de agosto de 2008 María le enseñó al mundo que no había rival ni circunstancia que le impidiera ganar el oro y conquistar la cima del podio de la categoría de +67 kilos; fue un título que obtuvo imponiéndose con claridad a sus rivales. Antes y después siempre la acompañó la mesura y sin la estridencia de otros que lloran las dignas derrotas y las eliminaciones de cara al sol, así como los que presumen las vanas victorias, ella siguió su camino para convertirse en la más grande atleta en la historia olímpica mexicana. Ese oro, otra plata en los Olímpicos de Río 2016 y el bronce de Londres 2012 son sus muy pesados argumentos para respaldar mis dichos.

Para María del Rosario Espinoza el drama solo se vive en las películas, no después de una competencia.

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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