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El desafío de Lupita

19/12/2016 11:00 AM CST | Actualizado 19/12/2016 11:00 AM CST
SAÚL LÓPEZ /CUARTOSCURO.COM
La medallistas olímpica Guadalupe González a su llegada al aeropuerto de la Ciudad de México, el 24 de agosto de este año, luego de obtener el segundo lugar en la caminata de 20 kilómetros de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016.

Con la entrega del Premio Nacional de Deportes (PND) termina la pirotecnia de festejos en este año a los medallistas olímpicos mexicanos por sus logros en Río 2016. En la ceremonia estará Guadalupe González, la marchista de paso imperial que arrojó en el asfalto brasileño todos los años de carencias de un sistema deportivo que no supo detectarla y cuyas deficiencias no se interpusieron para que se colgara la plata de los 20 kilómetros el 19 de agosto.

Su gloria trascenderá, pero en cada paso del presente tendrá el desafío de no sucumbir al súbito ascenso a la fama que ya tumbó a muchos.

Esa mueca de descontento al cruzar la meta en segunda posición se transformó en sonrisas en cada desfile, inauguración de instalaciones deportivas o reconocimientos a los que asistió después de la hazaña. Apenas dos segundos la alejaron de la gloria completa del oro y dejarse apapachar sin medida por una estructura deportiva que da hasta el hartazgo a quien salta a la palestra mediática, que viene con las medallas de los grandes eventos, pero no sabe la fórmula de cómo se forjaron sus preseas.

En cada paso del presente Lupita tendrá el desafío de no sucumbir al súbito ascenso a la fama que ya tumbó a muchos.

La vida de Lupita ya cambió. Hace unas semanas decidió romper lazos con el entrenador Juan Hernández, quien pulió su talento en un deporte al que llegó como forma de rehabilitación cuando deseaba ser corredora de velocidad y su sueño de ser boxeadora se había ahogado entre lamentos. El alejamiento llegó después de que el coach dijo no saber de ella al fallar en retomar sus entrenamientos a finales de octubre, cuando la agenda de compromisos de la medallista estaba más abultada.

Ella entonces determinó quién tomaría las riendas de su preparación, a pesar de no contar con la experiencia de Hernández y comenzó por su cuenta la preparación con miras a los Olímpicos de Tokio 2020, un largo camino en el que su fama se puede convertir en el obstáculo que contados deportistas han sorteado con éxito para repetir como medallistas olímpicos: María Espinoza, triple medallista de taekwondo (oro en Pekín 2008, bronce en Londres 2012 y plata en Río 2016), Germán Sánchez, doble ganador de plata (plataforma sincronizada en Londres 2012 y plataforma individual en Río 2016) y Paola Espinosa (tercer lugar en plataforma sincronizada en Pekín 2008 y plata en la misma prueba en Londres 2012).

Lupita ya rompió las cadenas de un sistema cuando no le daba nada. Su cuento de hadas desnuda a las lánguidas estructuras de detección y desarrollo deportivo en México, pero ser uno de esos brillos que se escapan en medio de la oscuridad de las carencias la convirtieron en un apetitoso bocadillo para el lucimiento de la esfera política, experta en ofrecer regalos y recursos cuando hay que estar frente a los reflectores dando un abrazo a los deportistas. Los dos millones de pesos que recibió de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deportes (Conade) por su plata fueron la primera de muchas alabanzas, eventos y desfiles que atiborraron sus actividades, alejándola del ámbito deportivo.

Ser uno de esos brillos que se escapan en medio de la oscuridad de las carencias convirtieron a Lupita en un apetitoso bocadillo para el lucimiento de la esfera política, experta en ofrecer regalos y recursos.

En nuestra historia sobran ejemplos de excelentes deportistas que visitaron el Olimpo con un podio de las magnas justas y después se hicieron a un lado para ocupar puestos públicos sin contar con la preparación. Su fama fue codiciada por los institutos políticos de todos los colores, que echaron redes en busca de apropiársela y lucirla como suya a cambio de posiciones y recursos.

Este sistema apapachador es distante cuando más se necesita, pero es capaz de pensionar a una jovencita de 15 años cuando su fulgor alcanza los medios de comunicación, como sucedió con la clavadista Alejandra Orozco por su logro en Londres 2012 (plata en plataforma sincronizada con Paola Espinosa). Es un sistema que tiene reservado, para los que llegan al alto rendimiento, olvidar las dificultades que afrontaron en las etapas infantiles y juveniles para ser parte de los privilegiados que aspiran a becas económicas de hasta más de 70 mil pesos mensuales.

El podio olímpico le abrió a Lupita un panorama inimaginable en su etapa de boxeadora o corredora y puede soñar con emular a su ídolo Ana Guevara, medallista de plata en Atenas 2004 en 400 metros, como senadora de la República. O tal vez ser como el marchista Raúl González, quien se convirtió en el primer director de la Conade en 1988, después de ser doble medallista olímpico en Los Ángeles 1984. Ella ya cuenta con un argumento de peso con esa presea que la acompañará siempre.

Lupita estará con los otros medallistas olímpicos recibiendo su primer PND. Será el último de los reconocimientos de 2016 y con cada día se alejará más de ese recuerdo de Río de Janeiro y se acercará más a Tokio 2020 en un camino que luce pedregoso si se deja seducir por la fama.

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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