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La epidemia del VIH en México: ¿qué nos espera en el futuro?

30/11/2017 7:00 AM CST

STRINGER Mexico REUTERS/Carlos Jasso
La salud es un derecho y por tanto reforzar la respuesta a la epidemia no debe ser sólo por alcanzar las metas internacionales, sino para garantizar el bienestar de todas las personas en México.

Hace unas semanas se aprobó el Presupuesto de Egresos de la Federación para el 2018, en la Cámara de Diputados. En el rubro de salud, se aplicó el recorte que propuso el gobierno federal de 4.5% comparado con el año anterior. En dicho recorte se fue el presupuesto destinado a la prevención de VIH para mujeres, como lo denunció la Red de Acceso. Pero el recorte no es el único problema en materia de VIH, sino también el mal uso del dinero, como el que hizo el gobierno de Veracruz, al comprar pruebas de detección de mala calidad, según se descubrió el año pasado.

El Objetivo de Desarrollo Sustentable número 3 de la ONU plantea que para el año 2030, la epidemia del VIH deberá frenarse. Sin embargo, con los recursos actuales no es muy factible que México lo pueda lograr, ya que además de los financieros, existen problemas políticos y sociales involucrados. Uno de ellos es el hecho de que la salud sexual y reproductiva no es una prioridad en la agenda actual del gobierno -con excepción quizás de la prevención del embarazo adolescente-. Otro de ellos, es que los sectores más conservadores se oponen a la educación sexual integral en las escuelas y a que los adolescentes accedan a condones.

De acuerdo a reportes de CENSIDA, en los últimos años el número de nuevos casos de VIH en México se ha mantenido en aproximadamente 12,000 cada año. Es decir, no han aumentado pero tampoco han disminuido como se esperaría en un país donde existe acceso gratuito al tratamiento para todas las personas que lo requieran. Por otro lado, la tasa de mortalidad disminuyó un 17% en los últimos 6 años, de 4.7 a 3.9 por cada 100 mil habitantes. Estas son buenas noticias pero no suficientes, debido a que los logros alcanzados por sociedad civil, gobierno y academia penden de un hilo y si no se redoblan esfuerzos, la situación podría empeorar como ya está ocurriendo en Chile, Guatemala y Costa Rica, según la Organización Panamericana de la Salud.

Se explora la posibilidad de que en un futuro próximo se introduzcan al país autopruebas, similares a las pruebas de embarazo.

Otra cuestión es que también continúan problemas sociales como el estigma y la discriminación hacia las personas con VIH. El miedo que aún provoca en muchas personas la idea de vivir con el virus hace que muchos no se hagan la prueba de detección, por temor al resultado o que, incluso, sabiéndose positivos, muchos no acudan a los servicios de salud por medicamentos. A pesar de que está prohibido por la ley, aún continúan los despidos de sus trabajos de personas con VIH; aún hay discriminación en los servicios de salud por orientación sexual e identidad de género y aún existe rechazo familiar hacia quienes salen positivos a la prueba.

Hay muchos retos, sí, pero también hay varias oportunidades que podemos aprovechar. Hoy en día, un test de VIH se puede realizar en menos de 10 minutos con solo una gota de sangre y de forma gratuita en los CAPASITS y en diversas organizaciones. Incluso se explora la posibilidad de que en un futuro próximo se introduzcan al país autopruebas, similares a las pruebas de embarazo, que puedan adquirirse en farmacias, lo cual facilitaría que más personas se hagan la prueba de manera regular cuando hayan tenido prácticas sexuales de riesgo.

Por otro lado, varios medicamentos antirretrovirales que se compran desde el gobierno en su marca original perderán la patente muy pronto, por lo que la compra de genéricos podría ayudar a ahorrar millones de pesos cada año. Uno en particular, el Truvada, además de servir para las personas que ya viven con el virus, se puede usar como Profilaxis Pre-Exposición (PrEP) para prevenir el VIH entre personas que tienen muchas prácticas de riesgo. Este método que consiste en tomar una píldora al día, ya es muy común en países de Europa y Norteamérica, particularmente entre hombres gays.

Una persona que vive con VIH, que usa medicamentos y tiene una carga viral indetectable, no puede transmitir el virus, es decir, que es casi como si no lo tuviera.

De acuerdo a diversos estudios del Instituto Nacional de Salud Pública con adolescentes y poblaciones clave, el conocimiento sobre el uso del condón es alto y su acceso es relativamente sencillo. El problema es que no se usa de manera consistente y con todas las parejas sexuales, así que hace falta promover esa conexión entre la información y la acción, lo cual no es sencillo pero hay que tomar esa ventaja existente.

Otra oportunidad es que hoy se sabe -de acuerdo a revisiones sistemáticas de la OMS- que una persona que vive con VIH, que usa medicamentos y tiene una carga viral indetectable, no puede transmitir el virus, es decir, que es casi como si no lo tuviera. Además, su esperanza de vida es de 75 años de acuerdo a la OCDE, prácticamente la misma que la de una persona que no tiene el virus. Siempre y cuando tenga una buena adherencia a los medicamentos.

En cuanto a vacunas se refiere, la posibilidad es aún lejana, aunque en diversos países se llevan a cabo ensayos clínicos con humanos para probar la efectividad de algunos medicamentos. Sin duda la creación de una vacuna cambiaría toda la ecuación de la detección y la prevención, pero al menos antes del 2022 no tendremos resultados prometedores, de acuerdo a la AIDS Vaccine Advocacy Coalition (AVAC).

Entonces, ¿podremos detener la epidemia de VIH en el 2030? Quizás, pero se deben juntar varios factores como: que gobiernos -el federal y los estatales- se comprometan desde el más alto nivel con recursos y programas adecuados; que organizaciones de la sociedad civil reciban apoyo para poder complementar las acciones de detección y prevención; que los investigadores puedan aportar en el conocimiento, tanto local como internacional, sobre el VIH y la epidemia; nuevas tecnologías que permitan mejorar la atención y la prevención, las cuales deberán estar disponibles para los grupos más afectados como las mujeres trans, los hombres gays y las personas que usan drogas inyectables.

Todo esto no es imposible, ya que hay países como Dinamarca y Suiza que prácticamente han declarado el control de la epidemia, pero también países como Cuba y Costa Rica donde se han erradicado los casos de transmisión de VIH de madres embarazadas a sus hijos, o como Uruguay que ha bajado significativamente los casos por transmisión sexual.

No debemos olvidar que la salud es un derecho y por tanto reforzar la respuesta a la epidemia no debe ser sólo por alcanzar las metas internacionales, sino para garantizar el bienestar de todas las personas en México: mi salud, mi derecho. #MiSaludMiDerecho

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.