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La elección presidencial francesa, una repetición de la estadounidense

04/05/2017 8:00 AM CDT | Actualizado 04/05/2017 11:52 AM CDT

Delpixart via Getty Images
American and French flags in the sky

Al igual que con la Brexit, el mismo escenario parece jugar en las democracias occidentales.

Incluso antes de los resultados de la primera ronda del domingo pasado, las similitudes entre las elecciones presidenciales de 2016 en los Estados Unidos y las de 2017 en Francia son nada menos que sorprendentes. Al igual que en noviembre, los electores en Europa podrían despertar una sorpresa en mayo.

Soy un optimista, con un profundo amor por Francia y EUA. Sin embargo, mi patria rara vez ha mostrado signos tan preocupantes. El descontento es similar al experimentado antes del concurso presidencial. Hoy en día Francia es el hogar de una gran clase trabajadora de la mayoría blanca que sufre de un alto desempleo debido a la subcontratación de puestos de trabajo en la industria manufacturera. Al mismo tiempo, las tensiones raciales y los ataques terroristas (el más reciente que se ha producido en los Campos Elíseos en el momento del primer debate televisivo presidencial) han deteriorado las relaciones entre comunidades étnicas y religiosas. La ira está alimentando las elecciones, lo que ha llevado a la aparición de dos anti-sistema y punteros antiestablishment por primera vez en la historia reciente.

Los dos ganadores de la primera ronda, Marine Le Pen y Emmanuel Macron, son algo comparables a Donald Trump y Bernie Sanders, respectivamente, con diferencias significativas (e incluso si se podría argumentar que el extremo izquierdo de línea dura Jean-Luc Mélenchon se le acerca a Sanders, le falta el apoyo de los jóvenes). Es evidente que un récord de 84% de los franceses considera que su campaña presidencial es de "baja calidad" (solo 4 de cada 10 votantes estadounidenses el año pasado reportaron estar satisfechos con los candidatos, el más bajo desde 1992).

Benoit Tessier / Reuters
Emmanuel Macron.

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Marine Le Pen.

Le Pen apela a los votantes de la clase trabajadora por ser la candidata de extrema derecha. Está haciendo campaña para frenar la inmigración, dándole preferencia a los ciudadanos franceses, aumentando el proteccionismo y dejando el euro y la Unión Europea. Ella recibió el 22% de los votos. Macron es un ex-banquero de inversiones y un independiente que es favorecido por los urbanos, los jóvenes y los franceses educados. Es un candidato de centro-izquierda que busca desarrollar vínculos con la Unión Europea, mantener las fronteras abiertas, potenciar el sector tecnológico y liberalizar el mercado de trabajo. Él obtuvo el 24% de los votos.

Al igual que en Estados Unidos el pasado otoño, las elecciones francesas han visto acusaciones de intromisión de Rusia, con Macron declarando que su campaña había sido víctima de intentos de hackeo y manchas. Al igual que Donald Trump, Le Pen favorece el refuerzo de los lazos con Rusia.

La elección francesa lleva un proceso de dos etapas: a menos que un político gane una mayoría absoluta en la primera ronda, los dos primeros candidatos se enfrentan en una segunda ronda. Le Pen y Macron anotaron muy cerca de donde estaban en las encuestas y están avanzando a un enfrentamiento que tendrá lugar el 7 de mayo.

Macron habla de digitalizar la economía y de rigidizar las leyes laborales, sin abordar lo que muchos creen es el asunto más importante dentro de la Unión Europea: la inmigración.

Aun a la luz de la reciente oleada de las encuestas de Mélenchon, que propone que Francia se una a la Alianza Bolivariana (sin juego de palabras aquí), un estrecho tercero fue François Fillon, que recibió el 20% de los votos y es un católico, ex-primer ministro de la derecha conservadora. En una victoria trastornada, derrotó al ex presidente Nicolas Sarkozy y al ex primer ministro Alain Juppé para ganar la nominación de la derecha el año pasado. Hasta enero, se veía favorecido para ganar la presidencia. Pero se vio envuelto en un escándalo por uso indebido de fondos públicos y está siendo investigado por acusaciones de haber proporcionado a su esposa y a dos de sus hijos trabajos ficticios pagados a más de 900.000 euros.

Los problemas de Fillon ayudaron a Macron, y se espera que él prevalezca en una segunda ronda contra Le Pen.

Sin embargo, al igual que en Estados Unidos, un escenario inesperado podría muy bien ocurrir, tanto más ya que Macron provocó indignación por sus comentarios que llaman a la historia colonial de Francia en Argelia un "crimen contra la humanidad", lo que muchos han olvidado. Al mismo tiempo, una ola de disturbios en los suburbios empobrecidos estalló hace unas semanas en reacción a un incidente de brutalidad policial (muy similar a los acontecimientos de Ferguson, Baltimore o Charlotte, en Estados Unidos), ayudando esto a los números de Le Pen.

Le Pen está ofreciendo un mensaje nacionalista que tiene posibilidades de demostrar estar más en sintonía con los tiempos.

Y aquí es donde empiezan las sutilezas: Fillon había sido el favorito por una razón. Le apela a la gran población no parisina de Francia, todavía cristiana y socialmente conservadora. Si se le priva de la posibilidad de elegirlo en una segunda ronda, más de estos votantes podrían elegir a Le Pen, quien pudiera ser vista como más cercana a los valores conservadores y provinciales.

En esencia, en un tiempo de gran ansiedad, trauma por el terrorismo y la percepción de la difusión del Islam radical, Le Pen está ofreciendo un mensaje nacionalista que tiene posibilidades de demostrar estar más en sintonía con los tiempos. Macron habla de digitalizar la economía y de rigidizar las leyes laborales, sin abordar lo que muchos creen es el asunto más importante dentro de la Unión Europea: la inmigración.

En una segunda vuelta, las encuestas predicen que el 58% de los votos van a Macron y 42% a Le Pen, con una brecha que se reduce rápidamente (Macron registró un 66% a principios de febrero). Por lo tanto, sólo el 8% de los votantes decidirá el destino de Francia. Y estas estadisticas asumen que ambas encuestas son confiables y que no hay votantes de 'closet' para Le Pen (una asunción audaz).

Al igual que con la Brexit, país tras país, el mismo escenario parece jugarse en las democracias occidentales. Las pérdidas de empleos en las industrias tradicionales llevan a un descontento generalizado, al malestar social y a que los candidatos antisistema ganen, mientras que una gran parte del electorado desconoce su verdadera atracción y se quedan atónitos. La elección Francesa sigue el modelo. ¿Seguirá el resultado también? Es temprano para saberlo, pero es una posibilidad real, y no se ha tomado en serio lo suficiente.

Este artículo fue publicado originalmente en HuffPost. Esta es una versión actualizada y traducida.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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