EL BLOG

¿Cuál era la probabilidad de que hoy se repitiera lo que sucedió hace 32 años?

20/09/2017 12:20 PM CDT | Actualizado 20/09/2017 1:25 PM CDT
Getty Images
México, 1985. Foto John Downing/Getty Images

El 19 de septiembre de 1985, me levanté a las 7 como todos los días. Caminé a la recámara de mis papás, y le piqué los ojos a mi mamá para que se levantara y me sirviera leche. Se levantó y caminamos juntas hasta la cocina del departamento en un tercer piso. Nos paramos frente al refrigerador, mi mamá abrió la puerta y se fue la luz.

En ese momento empezó el movimiento. Tenía 3 años, y recuerdo claramente a mi mamá llamando a mi papá desesperadamente, mientras que el arbotante de la calle parecía meterse por las ventanas de la sala.

Llegó mi papá, abrazó a mi mamá que se desmayaba, mientras que yo me aferraba a su pierna. No pudimos bajar hasta ya terminado el sismo. Minutos mas tarde, me vistieron y me mandaron a la escuela con los hijos de los vecinos. Sobre San Cosme, nos detuvo un policía (pudo haber sido un militar, pero el recuerdo es confuso), y le dijo a la Señora que manejaba que ya no sería posible seguir, que regresáramos a nuestras casas.

No tengo mas recuerdos sobre ese día, ni los posteriores. Sólo se que tardé cerca de 10 años en volver a abrir un refrigerador antes de las 8am. Creo que el trauma impidió que aprendiera que nada tenía que ver el electrodoméstico con las placas tectónicas.

Hoy por la mañana, 32 años después de aquél sismo, como cada año se llevó a cabo el "Macrosimulacro" que conmemoraba dicho evento que tanto daño causó a la Ciudad de México.

NurPhoto via Getty Images
Foto Carlos Tischler/NurPhoto via Getty Images

Escuché la Alerta Sísmica desde mi cuarto, y seguí con mi día. En las redes sociales pude ver una serie de artículos con datos y fotos sobre cómo se había vivido el Terremoto de '85, cosa que también sucede cada año, pues como sociedad no podemos permitirnos olvidar el desastre y la manera en que salimos de éste.

Salí de mi casa a la 1, esperando hacer un trayecto de 20 minutos. Iba manejando sobre uno de los puentes dela Avenida Río San Joaquín, cuando empecé a sentir que el coche se iba de un lado al otro. Me llevó un par de segundos entender qué era lo que estaba pasando, hasta que me di cuenta que una vez mas temblaba. Temblaba fuerte.

Henry Romero / Reuters
REUTERS/Henry Romero

Los coches en la lateral se detenían sobre las banquetas, mientras que los letreros y las luces de la calle se balanceaban violentamente. Los coches que iban delante prendieron sus intermitentes y seguimos avanzando lentamente, hasta que todo se detuvieron. Esperamos sobre la avenida (vía rápida), a que cesara el movimiento.

Lleva algunos segundos reaccionar para seguir adelante. Empezaron a llegar mensajes de todos los grupos de WhatsApp, donde amigos y familiares buscan saber si todos están bien.

En cuestión de minutos, la ciudad empezó a colapsarse.

En un sismo, nunca sabes la magnitud de los resultados, hasta algunos minutos después. Yo seguí manejando hacia mi destino. Me llevó 40 minutos más de lo calculado.

La gente caminaba por las calles, y yo trataba de informarme en Twitter y en el radio. La tragedia había vuelto a repetirse, 32 años después. El mismo día.

Aunque el temblor de años atrás había tenido una magnitud de 8.1 en escala de Richter, su epicentro había estado a 400km de la ciudad. Hoy, el sismo había sido de 7.1, con el epicentro a sólo 150km. Ambos iniciaron como sismo trepidatorio, y posteriormente, el movimiento se volvió oscilatorio. El primero es el destructor. En este día, fue el tiro de gracia para muchas estructuras viejas, desafortunadamente en un horario donde los edificios estaban llenos. Escuelas, oficinas, puestos ambulantes de comida, llenos de gente mientras las estructuras finalmente cedían ante el movimiento.

Carlos Jasso / Reuters
Mexico Septiembre 19, 2017. REUTERS/Carlos Jasso

A diferencia de hace tres décadas, la comunicación no se perdió completamente. Todos teníamos acceso intermitente a WhatsApp y otros servicios de mensajería instantánea. Las líneas telefónicas, por supuesto, se habían caído. Pero todos éramos testigos del desastre, en tiempo real.

Los videos y las imágenes ya circulaban de manera viral. Edificios cayéndose, fallas en la red de suministro eléctrico, fugas de gas, explosiones, gente sufriendo crisis nerviosas, gente volcándose a ayudar a sus semejantes. Hace 32 años, esas imágenes eran sólo las primeras planas de los periódicos del día siguiente. El 20 de septiembre fue que supimos que la sociedad civil se había unido para apoyar y rescatar a la gente bajo los escombros; otros donaban víveres y medicamentos, otros, era voluntarios donde fuera requeridos.

Esta vez, la ciudad estaba completamente anudada. Todos quisimos salir al mismo tiempo. Todas las calles estaban repletas y nada avanzaba. Yo tuve la fortuna de tan sólo tardar 1.30hr en llegar a mi casa, otros pasaron horas atrapados en calles cerradas.

Esta vez estoy plenamente consciente. Hoy, estoy la tanto de las necesidades y el sufrimiento de la gente. Mi primera intención fue salir a ayudar, pero muy pronto me di cuenta que salir nuevamente, implicaría estorbar mas, de lo que apoyaría.

Hay noticias que te hacen entender que esta sociedad mexicana, por mas dividida que parezca, hay momentos y circunstancias que la unirán siempre. Y éstas ejemplifican exactamente esa solidaridad, esa unión, la fuerza para levantarnos todos juntos, y salir lo antes posible, aun cuando eso signifique recordar y volver a las viejas divisiones, reales o imaginarias.

Está ahora la presencia de la tecnología que, a veces es muy buena, como hoy. Donde gente atrapada en los escombros tuvo oportunidad de comunicarse con el exterior para pedir su rescate. Muchos mas podían informar las necesidades de víveres y medicamentos en los diferentes puntos afectados de la ciudad, asegurando ser provistos con rapidez. También se organizan brigadas de apoyo con diferentes asociaciones, para que todos podamos prestar ayuda a los afectados.

Hay otras noticias que hacen que te des cuenta que hay ciertos elementos de los que podemos prescindir y con los que la tolerancia ya no debería existir. No se si hace 30 años, hubo situaciones similares. Lo desconozco. Podría ser, pues abusivos los hay en todos los momentos de la vida.

Henry Romero / Reuters
REUTERS/Henry Romero

Pero leer las notas, donde tipos asaltaban coches atascados en el tránsito en Santa Fe y Constituyentes, y otros se metan a casas "disfrazados" de elementos de Protección Civil, para robar a aquellos que han solicitado la revisión de las estructuras de sus hogares, hacen hervir la sangre.

¿Qué clase de miserable tienes que ser para aprovecharte del terror, la confusion y el miedo de la gente, para ponerla en una situación aún peor? ¿Por qué hay que tener en cuenta los derechos humanos de esta escoria, cuando ni en el peor momento de la Ciudad, decidieron dar tregua?

Y claro, hubo aquellos sin nada que hacer, que decidieron seguir propagando el miedo con fake news, como el aviso de un "mega sismo", la falta de gasolina o daños que no existían.

Mucho ha cambiado en 30 años, y mucho mas no lo ha hecho. Puedes respirar el miedo en el aire. El miedo del recuerdo, de la repetición, de la trágica coincidencia.

¿Saben cuál era la probabilidad de que este evento sucediera?

Una en millones.

También te puede interesar:

Fátima a punto de ser rescatada

#SismoMX así los estados de la república

La ayuda internacional ya viene