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Semana difícil: Romina terminó en el hospital

21/12/2016 3:59 PM CST | Actualizado 23/12/2016 12:21 PM CST
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Una de las peores sensaciones que uno puede tener como papá es aquella que se genera cuando tu bebé se enferma. Romina, hace unos días, se enfermó y fue difícil verla en la situación que se encontraba por no poder hacer nada, más que llevarla al pediatra, cuidarla y pedir que se recuperara pronto.

Con todo y que el primer día que se enfermó, la llevé con el doctor –y que fue muy a tiempo- el tema se complicó y un par de días después terminó internada en el hospital por una semana.

Esta época de frío, donde muchas personas se enferman, parece haber un foco de infección por todos lados. En este caso, la guardería es el punto de contagio para Romina ya que tanto su mamá como yo no estábamos enfermos, y ahí es el único lugar donde pudo infectarse. Romina, en general, ha sido muy sana en sus primeros 17 meses de vida, y no ha sufrido de enfermedades; excepto hace 1 año cuando se enfermó por primera vez. Pero en esa ocasión el culpable fui yo, yo la contagié; pero no pasó de que estuviera en casa con cuidados y se le quitara en unos días.

Verla hospitalizada y con oxígeno todo el tiempo porque sus niveles de oxigenación estaban muy bajos, hizo que fuera una semana horrible.

El problema de que la nena se enferme, y más cuando uno es papá primerizo, es que no sabemos exactamente qué es lo que se debe de vigilar y controlar para estar seguros y tranquilos que, dentro de la enfermedad, todo está bien.

El primer día que se enfermó, ella salió como siempre a la guardería sin presentar ningún síntoma, pero ese mismo día en la tarde que pasé por ella ya venía con fiebre: 38.7°C. Conociendo a mi hija y como es, verla con una cara decaída y con las manos muy calientes (además de la fiebre), decidí llevarla con el pediatra inmediatamente para que la revisara.

Rafael Rojas
Romina siendo monitoreada en el hospital y con oxígeno

Fuera de la fiebre, no presentaba otro síntoma, nada de tos, nada de estornudos, nada de nada. Cuando la revisó el pediatra se dio cuenta que iba con los bronquios muy inflamados y con dificultad leve para respirar... lo cual lo sorprendió mucho por ser los primeros instantes de la enfermedad. Después de medir el nivel de oxigenación, estuvo tranquilo de poder enviarla a casa con tratamiento. Poco nos imaginaríamos que 3 días después tendría que ser hospitalizada.

Resultó que el causante de que se enfermara fue un virus llamado metapneumovirus, que ataca fuertemente las vías respiratorias altas y bajas. Fuera de la fiebre y la tos ocasional que pueden presentar los niños, la afectación es interna y cuando te das cuenta ya puede ser grave la situación.

Como comento más arriba, ella solo traía fiebre, la cual le bajó en el consultorio pero esa primera noche le escaló hasta 39.5°C. Después de ahí, los dos días siguientes que nos quedamos en casa, estuvo de muy buen ánimo, jugando y comiendo como si nada. Lo que no podíamos ver era todo lo que estaba pasando dentro de ella. El tercer día que la llevamos a revisión con el pediatra, seguía de buen ánimo... solo que ya no salió del hospital. El verla hospitalizada y con oxígeno todo el tiempo porque sus niveles de oxigenación estaban muy bajos, hizo que fuera una semana horrible.

Rafael Rojas
Rayos X al cuarto de Romina para evitar que el virus se esparciera y contagiara a los demás.

Cuando supieron que virus era, tuvieron que aplicar un protocolo del hospital donde todo el personal que entrara a la habitación –doctores, enfermeras, personal de limpieza- tenía que hacerlo con batas, guantes y tapabocas porque el virus se contagia fácilmente. Es más, su comida llegaba en charola de cartón y la dejaban afuera del cuarto para que nosotros la metiéramos.

Todas las sabanas y basura se tenían que meter en bolsas para manejo de material peligroso, asumo que las han de haber incinerado o algo así. Como se imaginarán, la estancia estuvo rodeada de visitas cada 2 horas: ya fuera para medir signos vitales, para medir oxigenación, para la inahaloterapia, para dar medicamentos, para revisiones de los pediatras hasta para la fisioterapia que le mandaron para los pulmones.

No me gusta dar consejos, pero en esta época de frío y en que muchas personas andan enfermas, les recomiendo que estén más atentos a sus hijos y a los pequeños detalles que pueden presentar. En este caso, además de la fiebre, vean si al respirar se escucha como un pequeño silbido que sale del pecho, si presenta dificultad para respirar –las señales son aleteo de la nariz, que se marquen las costillas al inhalar y/o que el estómago se extienda mucho más de lo normal- ya que esto lleva a que los niveles de saturación de oxígeno en la sangre bajen y pueden ver que se ponen de color azul y/o pálidos.

Con todo y que llevé a Romina a tiempo al doctor y comenzó el tratamiento inmediatamente, no logramos salvarnos de que tuviera que hospitalizarse. Pero si pudimos evitar que esa bronquiolitis escalara a neumonía y que fuera algo mayor. Hoy ya está completamente recuperada. Más vale pecar de exagerado que de omisión y que termine siendo algo más grave y peligroso.

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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