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Del gateo a correr: la evolución de Romina

04/03/2017 6:49 AM CST | Actualizado 24/07/2017 8:55 PM CDT
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Solo era cuestión de animarla poco a poco para que fuera tomando confianza sin presionarla a que ya lo hiciera.

Recordando lo que ha pasado en los últimos meses en la vida de Romina, se me vienen a la mente muchos eventos "clave" o "milestones" dentro de su desarrollo. Aunque es verdad que no son muchos, son momentos que son grandes en la vida de la pequeña y fundamentales en su desarrollo. Entre las etapas esperadas en el progreso de la nena, han estado los del gateo y sus primeros pasos.

Una de las primeras cosas que vimos cuando empezaba a ya sentarse sola, era esa necesidad de moverse poco a poco para alcanzar cosas y poder explorarlas. Obviamente, al principio era con cierto miedo porque apenas estaba logrando sostenerse y mantener el equilibrio. Pero una vez que tuvo la confianza de estar sentada sola, ya veíamos como se trataba de impulsar para moverse. Lo mismo sucedió cuando ya dominaba el gatear, donde su inquietud era la de pararse para después caminar. Estos actos parecían tan sencillos para nosotros que los dábamos por sentado, pero para la nena esto era un gran logro y un súper esfuerzo.

¿Cómo se fue dando? Todo empezó desde los primeros meses cuando mi esposa la ponía en "tummy time", o acostada boca abajo. Durante el "tummy time", la nena se fue acostumbrando a la posición que era lo primero que se requiere no solo para el gateo, sino para empezar a sentarse sola. No duraba mucho porque si se desesperaba un poco después de 10 minutos, pero ya veíamos los primeros movimientos que ella hacía con los brazos y piernas. Después de practicar el "tummy time", se comenzó con el "roll over", dar la vuelta ella sola estando acostada. Estas actividades fueron vitales para el desarrollo de fuerza y coordinación.

Si ella no pensaba lo que estaba haciendo, se le veía segura; pero al reaccionar, le daba miedo e inmediatamente buscaba de dónde agarrarse.

Alrededor de los 6 meses, cuando ella ya se sentaba más que sola -y podía mover las piernas y brazos fácilmente en esa posición para poder alcanzar cosas- vimos cómo, solita, empezaba a tomar una posición como "de perrito" balanceándose hacia adelante y hacia atrás. Se le veían las ganas de moverse pero no sabía cómo, se emocionaba al hacerlo. Parte de lo que hacíamos con ella, era jugar en la cama para que se moviera y tuviera la confianza de intentarlo.

Romina y yo pasábamos tiempo en el piso jugando, y eso le sirvió mucho para ganar confianza. Le encantaba recargarse en mis piernas y tratar de pasar por encima. Así fue como un día que estábamos mi esposa y yo en la sala con la niña platicando, empezó a dar sus primeras gateadas ya más en firme; esto fue alrededor de los 7 meses.

A los pocos días de empezar a gatear se animó a pararse, estaba a unos 5 días de cumplir los 8 meses. Nos dio un poco de preocupación que lo hiciera por todos los mitos que hay relacionados a que se le van a "encorvar" las piernas, por lo que inmediatamente le hablamos al pediatra. Nos dijo que la dejáramos, que no pasaba nada. A partir de ese momento, ella intentaba pararse cada vez que podía haciendo equilibrio sola y agarrándose de las cosas. Le habrá tomado casi unos 15 días hacerlo solita.

(VIDEO: Confianza y paciencia: claves de este aprendizaje)

Para los 10-11 meses, ya se movía por todo el departamento gateando y buscando de dónde agarrarse para poder ponerse de pie y caminar. Ahí vimos que en cualquier momento se animaría a caminar sola, porque se quedaba paradita sin sostenerse y daba un par de pasos. Si ella no pensaba lo que estaba haciendo, se le veía segura. Pero al reaccionar, le daba miedo e inmediatamente buscaba de dónde agarrarse. Solo era cuestión de animarla poco a poco para que fuera tomando confianza sin presionarla a que ya lo hiciera.

Tanto en el gateo como en la caminada, la clave siempre fue la paciencia de nosotros. A veces la niña se desesperaba inmediatamente pero tratábamos de animarla para que no le diera miedo. Y eso nos funcionó a la perfección, ya que se daba cuenta de que todo estaba bien y ella solita se calmaba. Como papás, a veces tenemos la tendencia a protegerlos e inmediatamente abrazarlos y desistir a la primera. Mi esposa y yo la calmábamos, y la poníamos a intentarlo nuevamente. Poco a poco, las sesiones iban aumentando de tiempo porque ya no se desesperaba.

El tiempo que le dedicamos a cada actividad, la estimulación que le dimos, la paciencia que tuvimos como papás y el no tratar de sobreprotegerla, nos han ayudado hasta el momento en las etapas "clave" del desarrollo de la nena. La hemos impulsado a que no tenga miedo pero sin hacer a un lado que los bebés deben de acostumbrarse a cada cosa y a su propio ritmo. Hoy, Romina ya anda corriendo por todo el departamento.

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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