EL BLOG

Cuatro maneras de hacerle juicio político a Donald Trump

Si el Congreso de EU lo quiere, el camino está libre.

04/03/2017 11:00 PM CST | Actualizado 05/03/2017 12:56 PM CST
The Washington Post via Getty Images

Duele imaginar cuatro años completos de Donald Trump como presidente de Estados Unidos. Él ha creado caos, nos ha dividido, ha vuelto vulgar nuestro discurso público, estigmatizado a los más vulnerables entre nosotros, se ha rodeado de gente que evidentemente no tiene la capacidad para el servicio público, ha nombrado en el gabinete a gente hostil a las dependencias que encabezarán y ha mentido a diestra y siniestra.

Y nada de esto hará que pierda su trabajo, o al menos no hasta la próxima elección. La única manera en que nos podemos librar de Trump, sin tener que aguantar cuatro años de su presidencia, es mediante un juicio político.

Los términos para un juicio político figuran en nueve palabras en la Constitución: "traición, cohecho u otros delitos graves y delitos menores". A pesar de la elegante simplicidad de estas palabras, se han escrito libros enteros sobre su significado. El significado de "delitos graves y delitos menores" ha sido materia de innumerables interpretaciones. La película de Woody Allen con ese título no pudo aclarar esta interpretación, qué pena. Pero de todos modos fue una buena película.

Solamente dos presidentes en la historia de EU han sido enjuiciados políticamente con éxito por parte de la Cámara de Representantes: Andrew Johnson y Bill Clinton. Ambos permanecieron en su puesto luego de ser absueltos por el Senado. Richard Nixon la libró antes de que la Cámara votara los artículos de juicio político recomendados por el Comité Judicial.

El apoyo a Trump por parte de los legisladores republicanos puede ser evidente pero superficial. Si se voltean contra él, pueden y lo acusarán.

A la fecha, Trump podría no haber cometido nada, o nada que sepamos, que incremente la posibilidad de un juicio político. Pero, tampoco hay que subestimarlo. ¡Sabemos que puede hacerlo!

Hay cuatro vías al juicio político que me parecen prometedoras. Puede que tengas tus favoritas, pero estas son las mías.

La conexión rusa

Sabemos que Rusia interfirió en la elección presidencial de 2016 para facilitar la victoria de Trump. Algunas de las operaciones rusas fueron claramente criminales. Hackear los sistemas del Comité Nacional Demócrata (DNC), por ejemplo, constituyó un delito.

También sabemos que, en su campaña, Trump animó públicamente a Rusia a hackear al DNC y mostró su deleite cuando se hizo del conocimiento público el caso de los correos robados. Esto en sí no basta para implicar a Trump en un delito, pero se acerca. Si las diversas investigaciones legislativas y policiales en torno al hackeo ruso de los correos del DNC dan con evidencia de que Trump o sus esbirros actuaron bajo sus órdenes, se coludieron en secreto con los rusos, no habría forma de no catalogar esto como "delito serio o delito menor".

La conexión rusa también podría involucrar a Trump en actividades criminales si resulta que, previo a la toma de posesión, ordenó a Michael Flynn interferir en la imposición de sanciones de la administración Obama en contra de los rusos como castigo por interferir en las elecciones.

Esto sería en sí una violación de la vieja y maliciosa Ley Logan. Bajo la ley Logan, es un delito que cualquier ciudadano "sin autorización de Estados Unidos" intervenga en "cualquier correspondencia o relación" con cualquier gobierno extranjero con la intención de "influir en las acciones o conductas" de dicho gobierno en relación con "cualquier disputa o controversia con Estados Unidos, o para derrotar las medidas tomadas por Estados Unidos".

MIKHAIL KLIMENTIEV/AFP/Getty Images
Vladimir Putin, presidente ruso.

Eso es complicado, pero no es imposible de descifrar. Flynn era en verdad un "ciudadano" que operó "sin autorización de Estados Unidos" cuando tuvo esas pláticas, previas a la toma de posesión, con el embajador de Rusia. Estas fueron ciertamente una forma de "correspondencia o relación". Si Flynn le dijo a los rusos que no se preocuparan demasiado por las sanciones de Obama, y que no sobrerreaccionaran porque el entrante presidente Trump mejoraría la situación, sería claramente un intento de "influir en las conductas" de los rusos en relación con "una disputa o controversia" con EU.

Los críticos de la Ley Logan señalan, correctamente, que solamente una vez en la historia se han presentado cargos criminales bajo este precepto, y fue en 1803. La ley, sin embargo, se enmendó en el Congreso en 1994, así que no es necesariamente una reliquia del pasado. Y hay que recordar que no estamos hablando aquí de un caso criminal por violar la Ley Logan. De lo que hablamos aquí es de un proceso de juicio político.

Y hay una diferencia. En el juicio político a Clinton, por ejemplo, los artículos para el juicio político aprobados por la Cámara de los Representantes ni siquiera hacían mención de los estatutos penales. Al contrario, los artículos citaban los supuestos delitos que Clinton cometió (así como otras conductas que supuestamente no violaron ninguna ley) en el contexto de que eran apenas "acciones anteriores" al cargo de que él violó su juramento constitucional y su deber como presidente.

Pero, ya basta con las clases de derecho. A fin de cuentas, lo que importa es que si Trump es cómplice (1) en la intervención rusa en la elección o (2) si fue un participante activo en las reuniones presuntamente delictivas de Flynn con los rusos, sería suficiente para que el Congreso se motivara a redactar un artículo de juicio político creíble.

Y tampoco hay que olvidar el comodín de este contacto en Rusia: el famoso archivo de Christopher Steele, el exagente de inteligencia británica. El archivo, que acaparó las noticias hace un mes, contenía información escandalosa, pero sin fundamentos de que Rusia se hubiera movilizado para comprometer a Trump por medio de chantajes de grabaciones sexuales, mordidas y complicidad con el robo y filtraciones, por parte de los rusos, de correos electrónicos y otros documentos.

El autor del dossier desapareció y la historia se ha congelado ante la falta de datos que la confirmen. Sin embargo, como dicen los abogados: "La ausencia de evidencia no es evidencia de lo ausente". Es decir, que solo porque algo no se ha probado con evidencias, no quiere decir que no sea cierto.

La historia sigue ahí. Estará dormida, pero no muerta.

Si sólo una fracción de las acusaciones en el dossier ruso son ciertas, Trump tendría a los sabuesos del juicio político tocándole la puerta.

Negativa a obedecer una orden judicial

El desprecio de Trump del sistema jurídico ha sido evidente en sus reacciones a los veredictos de las cortes de su embargo de viajes.

  • Ha cuestionado la mera legitimidad del sistema jurídico al llamar a los jueces federales con carácter vitalicio ante la Constitución "dizque jueces".
  • Los abogados que lo representan en las cortes han negado la autoridad de los tribunales federales para revisar sus órdenes ejecutivas bajo el concepto de constitucionalidad, algo que una corte colegiada de apelaciones definió como "contrarias a la estructura fundamental de nuestra democracia constitucional".
  • Envió a su novato asesor Stephen Miller a proclamar, con alarmantes tonos fascistas, que "el mundo verá en breve" que las acciones de Donald Trump "no deberán ser cuestionadas".

Personalmente, Trump no ha desafiado o ha sido sorprendido instruyendo a otros para desobedecer las órdenes de los tribunales. Sin embargo, no se requiere de mucha imaginación sospechar que, uno de estos días, más tarde que temprano, lo hará. Especialmente si tiene al tóxico joven maravilla Miller vertiendo veneno en su oído.

Desobedecer una orden judicial podría detonar una guerra entre el Ejecutivo y el Poder Judicial, lo que traería una crisis constitucional de enormes proporciones. Eso en sí podría iniciar los procedimientos para un juicio político.

Enredos de negocios corruptos

A pesar de que Trump se ha desvinculado del manejo de sus intereses corporativos, no ha vendido sus inversiones en ellos. Esto significa que sigue siendo su dueño y que espera sacar ganancias de su éxito.

Trump y sus defensores profieren un argumento vacío de que un presidente "no puede tener conflictos de interés". Patrañas. Por supuesto que un presidente puede tener conflictos de interés.

Lo que ellos quieren decir es que el presidente, aún si tiene conflictos de interés flagrantes, está exento de cualquier orden federal que prohíba a los empleados federales de participar en asuntos en los que tienen intereses financieros. Pues, qué bien por ellos.

Estar exento de una orden federal no significa que el presidente se abstraiga de todas las leyes que refieren a un conflicto de interés. Es de esperar que el pintoresco concepto nixoniano de que "si el presidente lo hace, no es ilegal", no sea tomado en cuenta.

Estar exento de una orden federal no significa que el presidente se abstraiga de todas las leyes que refieren a un conflicto de interés.

Las leyes de que un presidente no está exento incluyen las mordidas y la cláusula de honorarios de la Constitución de EU.

El soborno se explica por sí mismo. Un soborno es dinero o cualquier otro favor otorgado o prometido para influir el juicio o conducta o persona en una posición de confianza. Un presidente, por ejemplo.

Un presidente tiene un enorme poder para tomar decisiones que pueden causar un profundo impacto en todo el mundo. Si el presidente además es dueño de negocios en todo el mundo, y espera tener algún beneficio de su éxito, tiene el poder para definir políticas de manera que llenen sus bolsillos. Si lo hace en torno a un acuerdo, aún tácito, en el que cambie favores políticos por ganancias financieras, o un quid pro quo (algo por algo), es señal de que está aceptando un soborno.

No es fácil probar un quid pro quo, pero no es imposible. Las decisiones jurídicas, civiles o criminales se toman cotidianamente en función de la intención de alguien. Evidencia de este propósito de incurrir en un quid pro quo pudiera incluir un cambio repentino en una política añeja que pudiera traer consigo una recompensa financiera para la persona que realiza ese cambio. Dado que Trump no parece tener una posición añeja, esto podría acarrear dificultades en este caso. Sin embargo, él podría facilitar esto; de nuevo, no hay que subestimarlo.

La Emoluments Clause (Cláusula de remuneración) de la Constitución de los Estados Unidos es un tema diferente. Esa arcaica provisión constitucional ha despertado luego de siglos de sueño gracias al mismo Donald Trump. Su renacimiento es uno de los muchos obsequios de Trump a nuestro discurso público.

La cláusula dice que ninguna persona en una posición de gobierno (incluyendo la oficina presidencial) puede aceptar cualquier "obsequio, remuneración, puesto o título de ningún tipo de cualquier rey, príncipe o estado extranjero".

De acuerdo, en cristiano esto significa que el presidente no puede aceptar regalos de poderes extranjeros.

Esta cláusula es más estrecha que las leyes de soborno y, al mismo tiempo, es más fácil de comprobar. Es más estrecha puesto que solo aplica en caso de regalos de poderes extranjeros, no de individuos en particular o proveniente de personas del país. Es más fácil de comprobar porque aquí no se requiere de un quid pro quo.

Las provisiones relevantes de esta cláusula se diseñaron para aislar a los embajadores estadounidenses de los efectos corruptores de los obsequios de sus anfitriones en el extranjero. Prohíbe que reciban cualquier valor de un poder foráneo. Y no requiere que se haya dado nada a cambio.

Aún no es claro si Trump ha violado la cláusula de remuneración, sin embargo, hay mucho potencial ahí. Ya se presentó una demanda federal en la que se afirma que se viola la cláusula en el momento en que un hotel propiedad de Trump renta espacio a una embajada extranjera, entre otras cosas. Eso podría sonar como algo nimio, pero con todos los activos de Trump seguro habrá otros ejemplos.

GARY CAMERON/REUTERS

Es interesante ver que uno de los mayores obstáculos a cualquier demanda sobre violaciones a esta cláusula, como la capacidad de un querellante del sector privado que quiera convencer a la corte de que tiene "derecho" a fijar la reclamación, se desvanece en un proceso de juicio político. Ciertamente el Congreso, la rama del gobierno a cargo constitucionalmente de la responsabilidad de supervisar las conductas ilegales de un presidente, tiene el derecho de denunciar una falta a la Constitución por parte del mandatario.

Por supuesto que mucho se sabría de los acuerdos financieros de Trump, así como de sus enredos si pudiéramos ver sus declaraciones fiscales. Trump no las va a presentar voluntariamente, pero el Congreso podría exigir su revelación. O se podrían filtrar por alguien que ya las tenga en su poder.

Perjurio y otras mentiras

Si hay algo que Donald Trump hace consistentemente bien es mentir. Pero si mentirle al pueblo estadounidense puede llevar a un presidente a juicio político, él ya se hubiera ido.

Así que lo que dará pie a ese juicio político es, entonces, el perjurio. La cosa es hacer que Trump mienta bajo juramento. Y la forma de conseguirlo es, precisamente, ponerlo bajo juramento. Él se encargará del resto.

Lo cierto es que no será fácil ponerlo bajo juramento. Eso tendría que implicar que sea testigo o acusado en una demanda. O que testifique bajo juramento ante un comité del Congreso. Si bien hay muchas formas de que un presidente se escabulla de testificar bajo juramento, a veces eso es inevitable. Sino, que le pregunten a Bill Clinton.

Hay que tener en mente, sin embargo, que cometer perjurio bajo juramento no es la única manera de cometer un delito al mentir. El fraude, por ejemplo, es otra forma de mentir que puede detonar un proceso criminal a pesar de que no se haya jurado. Lo mismo va por mentirle al Congreso, o al FBI. Y lo mismo va si se incita a un testigo a dar falso testimonio.

El juicio político a Clinton, por ejemplo, se basó no en la acusación sobre su perjurio ante el gran jurado llamado por Ken Starr o en el caso civil de Paula Jones, sino en que él incentivó a los testigos a dar falsos testimonios, le dio asesoría laboral a un testigo potencial y "permitió de forma corrupta" que su abogado hiciera declaraciones falsas en un interrogatorio.

Debido a la costumbre de Trump de mentir, no es difícil imaginar que por aquí sería la ruta a su juicio político. Y la materia de sus mentiras apunta a algo más serio que a las supuestas mentiras de Clinton.

Nadie puede predecir en qué terminará la presidencia de Trump. Si se convierte en algo tóxico, el propio sistema político estadounidense lo rechazará. El Congreso entrará en acción si sus miembros asumen que Trump los está contagiando a ellos también.

El apoyo a Trump por parte de los legisladores republicanos puede ser evidente pero superficial. Si se le voltean, ellos pueden llevarlo —y lo llevarán— a juicio político, aún si el caso legal es relativamente débil. Si no lo hacen, no van a votar por enjuiciarlo inclusive si el caso en su contra es fuerte. Así es como funcionan las cosas.

A fin de cuentas, los términos para un juicio político dependen de lo que diga el Congreso. Si el Congreso así lo quiere, las vías están despejadas.

Este post fue publicado originalmente The Huffington Post, y ha sido traducido y editado para su comprensión.

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

También te puede interesar:

- Deshacerse de Trump es "fácil"

- ¿Importa algo la locura de Trump?

- Con 'amor' para Donald Trump