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Los museos NO son espacios sagrados

09/06/2017 7:00 AM CDT | Actualizado 09/06/2017 7:00 AM CDT

Instagram: vangoghmuseum
En octubre de 2016 en el Museo Van Gogh (Ámsterdam) frente a la obra de los famosos girasoles de este pintor, un visitante brasileño le propuso matrimonio a su novia por medio de la guía multimedia del museo.

Pasar una noche en un museo no es cosa de película. Hace unos días, el Rijksmuseum en Ámsterdam celebró a su visitante 10 millones con una increíble sorpresa: dormir en la sala que resguardaLa ronda de noche, la obra más famosa de Rembrandt. El afortunado fue Stefan Kasper, quien fue recibido por Taco Dibbits, director del museo, para darle la noticia y acompañarlo a la que por una noche sería su habitación. Cabe notar que es la primera vez que este recinto permite que alguien ajeno a la institución pase la noche en una de sus salas.

¿Qué sucede cuando una institución con más de 200 años de existencia apuesta a una jugada arriesgada como esta para hacer de sus visitantes parte de la historia? Se vuelve menos solemne y más amigable, despierta la curiosidad y rompe con la idea de los museos como espacios sagrados.

The Rijksmuseum just welcomed its 10 millionth visitor, four years after its grand reopening in 2013. Stefan Kasper from Haarlem (the Netherlands) was treated to a surprise reception by the museum staff. General Director Taco Dibbits welcomed him in person with a unique surprise. Tonight, Stefan will spend the night in the Night Watch Gallery, and sleep under the watchful gaze of the guardsmen in Rembrandt's most famous painting. #rijks10mio #rijksmuseum

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Diversos museos alrededor del mundo están buscando nuevas maneras de acercar al público, que van más allá de atraer exposiciones que serán un éxito de taquilla, ya sea por la importancia del artista o por el "efecto selfie" (como Yayoi Kusama en el Museo Tamayo en la Ciudad de México o en la Hirshhorn en Washington), y que más bien quieren generar experiencias memorables en los visitantes.

Muchos desearían, por ejemplo, ser parte del Almuerzo de los remeros de Renoir, una pintura en la que los personajes parecen cobrar vida en cualquier momento. La Phillips Collection en Washington casi lo hace realidad con una comida especial frente a dicha obra, acompañada por una visita guiada y vinos franceses, a la que solo 10 afortunados tuvieron acceso.

¿Y si un viernes en la noche en vez de ir a un bar vas a un museo que tenga música y bebidas? ¿Acaso eso hace que el museo pierda su condición como espacio para resguardar el patrimonio artístico e histórico? En un esfuerzo por atraer a la gente joven a su renovado espacio, el Museo Van Gogh, también en Ámsterdam, organiza noches con cocteles, DJs y VJs invitados, además de ofrecer visitas guiadas gratuitas a su colección permanente. ¿Quién no quisiera pasar una noche de fiesta rodeado por las obras de Van Gogh?

En el Royal Museum of Fine Arts en Bruselas, hasta el año pasado se ofrecían clases de yoga en una de sus salas, en la cual se encontraban seis obras creadas ex profeso para el espacio por el artista chino Gao Xingjian, premio Nobel de Literatura en el 2000. Y en el Rubin Museum en Nueva York pasaba algo similar, con visitas temáticas en torno a algunas piezas de su colección relacionadas con la antigua disciplina oriental del yoga, además de sesiones físicas en la sala, en medio de objetos que evocaban la cultura budista. Una excelente manera de entender las culturas de otros países, de manera lúdica y divertida.

El Brooklyn Museum es uno de los mejores ejemplos de un museo que ha logrado conectar con sus diferentes públicos. Lo mismo puede realizar eventos para adolescentes LGBTQ, donde a partir de piezas de su colección aborda temas como la sexualidad o la revolución, por ejemplo, que convocar mensualmente a fiestas para bailar salsa, con bailarines profesionales y representantes de las comunidades latinas del barrio neoyorquino demostrando sus mejores pasos.

Y en México, un recinto que recientemente apostó por esta conexión con el público fue el Museo Nacional de Arte con el Salón Munal. Este proyecto artístico, de Daniel Godínez Nivón y creado a partir de la exposición Melancolía, busca transformar los estados anímicos negativos en lo contrario a través del baile.

Sin embargo, tras la polémica desatada por algunos puristas que consideraban que un recinto como este no era apto para bailar salsa, el público ha demostrado que "las penas se van bailando" —como lo indica la publicidad del evento— asistiendo a esta convocatoria y rompiendo con la idea de que el museo es solo un espacio de contemplación, donde el público debe permanecer en silencio mientras admira las más grandes obras de arte conservadas durante siglos. Demostraron más bien que es un espacio de encuentro, convivencia y reflexión que está en constante movimiento.

Porque el arte es una fiesta que hay que celebrar, como Stefan Kasper, el visitante 10 millones del Rijskmuseum, quien despertó mucha envidia en los museumgeeks como yo, que desearíamos pasar una noche no solo durmiendo frente a, sino bailando de felicidad ante nuestra obra de arte favorita.

It's my party and I dance if I want to. The winning photo in the @museumhack challenge today at @metmuseum!

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*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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