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Cómo encontré la tranquilidad después del #19S

28/09/2017 8:10 AM CDT | Actualizado 28/09/2017 11:10 AM CDT
Henry Romero / Reuters
Una mujer espera alguna noticia sobre sus seres amados a lado de un edificio colapsado, luego del terremoto que sacudió la Ciudad de México el pasado 19 de septiembre. (25/9/2017)

A veces es muy complicado regresar a la rutina luego de que sufriste un evento descomunal. Ya sea por un sismo, huracán, la pérdida de un ser querido u observar la muerte de alguien, es vital entender cómo nos pueden afectar las secuelas de estos hechos desafortunados, para no estar angustiados o llenos de miedo todo el tiempo.

Por más "leve" que a veces digan fue nuestra experiencia en el sismo del 19 de septiembre, todos, absolutamente todos nos agobiamos cuando poco a poco el suelo comenzó a moverse y la magnitud destructora de las placas tectónicas rompió vidrios, paredes y hasta edificios completos.

Da igual donde estuvieses, se sintió espantoso.

Y la cosa no para ahí, ya que les puedo decir que en la semana posterior hubo ocasiones en las que no podía ni siquiera relajarme de lo angustiado que estaba por si volvía a ocurrir. Mi cerebro trabajaba como una cadena de preocupaciones. Iba de la pregunta "¿y si vuelve a temblar?" hasta "tengo que evitar salir de casa, pero, ¿y toda esa gente que está muriendo a 2 kilómetros de distancia?" o incluso "no debo de separarme de mi familia", "¿está cargado al 100% mi teléfono por si se repite?"

Lo único que lograba con ese tipo de pensamientos era simplemente no poder encontrar calma ni siquiera en mi refugio personal, mi casa. En los tres días posteriores al terremoto, cualquier sonido que escuchaba desde la calle que se asemejara al menos un poco a la alerta sísmica me ponía los pelos de punta e inmediatamente saltaban mis ojos y me levantaba del lugar en el que me encontraba.

Cada persona responde de manera muy diferente a situaciones traumáticas, pero la fortaleza y determinación de tu carácter se forman en estos momentos de reconstrucción.

No solo era el sonido de la alerta sísmica, ya que el temblor me agarró en avenida Cuauhtémoc a la altura de Metro Eugenia y estaba rodeado de edificios bastante altos así como de postes de luz cada 15 metros, cayeron vidrios y muchos postes explotaron. Escuché alrededor de ocho explosiones consecutivas. Ahora oigo cualquier ruido que se parezca al de los postes de luz estallando y me pongo igual.

Incluso cuando fui a apoyar en el centro de acopio del Polideportivo Los Culhuacanes, pasé por el Soriana que se cayó en Taxqueña. Verlo hizo que entrara en shock (he ido muchas ocasiones a ese lugar), pero verlo destrozado hasta el punto de parecer cascajo, reconocible únicamente por el logo del supermercado cubierto de polvo, fue muy impactante para mí.

Es como ver destrozadas algunas partes de los recuerdos y memorias que tengo de esa zona.

No obstante apenas esta semana, en una terapia de grupo realizada en el trabajo con la psicóloga Tania Gómez, lo que aprendí de toda esta catástrofe es encontrar la tranquilidad y la calma en lo que sirva para ti. A mí me sirvió tener una familia cariñosa que me apoya todo el tiempo, otros encuentran santuario en su pareja, mientras que algunas personas necesitan ayudar físicamente todo el tiempo para encontrar su sosiego en este caos.

Los consejos, pláticas y apoyo emocional que me brindaron mis hermanos me sirvieron para llegar a ese estado de paz que ansiaba desde esa horrífica tarde del 19 de septiembre. Cada persona responde de manera muy diferente a situaciones traumáticas, pero la fortaleza y determinación de tu carácter se forman en estos momentos de reconstrucción.

Regresar a la rutina después de un desastre de esta magnitud lleva su tiempo, pero es un proceso que te proporciona una perspectiva increíblemente útil sobre quién eres y qué necesitas para ser feliz.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.