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Víctima de trata de personas: "Me salvó el deporte"

Cuando se vive lo que tuve que pasar, se comprende con mucha facilidad la diferencia entre el dolor y el sufrimiento.

22/11/2016 11:24 AM CST | Actualizado 22/11/2016 11:25 AM CST

Este año tuve el honor de ser invitada al Women's Forum Global Meeting 2016 de Deauville como participante (en la conferencia del viernes 2 de diciembre a las 9:15). Su-Mei Thompson, directora general de The Women's Foundation de Hong Kong tendrá como misión presentar la conferencia y presentar bajo el marco de mi participación la iniciativa bautizada "Amazing Woman".

Cuando supe la noticia tuve que detenerme a respirar profundamente por algunos momentos, después de todo, me sentía tan común y corriente estos últimos días. Lo que vuelve mi historia personal tan extraordinaria concierne al relato de mi supervivencia. Hoy soy una atleta de alto rendimiento que pasó por una larga serie de expediciones que aspiraban a enfrentar uno de los ambientes más peligrosos y hostiles del mundo entero.

Hace algunos años, fue precisamente esa fecha por la que me conocieron la mayoría de las personas, como una atleta cuya carrera está marcada por hazañas: mujer más rápida en un ultramaratón organizado en los siete continentes, pero también récord mundial Guinness durante el más largo triatlón jamás realizado, entre otros. Pero no son las circunstancias, al curso de las cuales, mis oportunidades de supervivencia fueron desgraciadamente las más débiles; durante muchos años, de hecho, tuve que sobrevivir a la violencia sexual y a la trata de personas.

Durante muchos años, estuve convencida de que todo era culpa mía.

No tenía más de 11 años cuando fui violada por primera vez y, como un gran número de niños víctimas de agresiones sexuales, por una persona de mi entorno en la que yo tenía confianza. Ese evento me propulsó hacia una espiral infernal de violencia, de la que tuve la impresión, hiciera lo que hiciera, volvía sin cesar al punto de salida.

Tenemos la costumbre de ver películas en las que los súper héroes vuelan al socorro de la víctima y castigan al malo; pero en realidad, particularmente en el ámbito de la violencia sexual, las víctimas no se benefician en general de ninguna ayuda, ya que estas agresiones son juzgadas o censuradas y durante largos años estuve convencida de que todo era culpa mía. Se dice a menudo que las víctimas se quedan "sin voz", como lo explicó Arundhati Roy: "Las víctimas permanecen deliberadamente encerradas en silencio o prefieren no ser escuchadas". Ante esta indiferencia, a cada tentativa de escapar de mi situación, me hundía sistemáticamente en un abismo aún más terrible.

Es esta misma indiferencia la que pone a millones de personas, en su mayor parte mujeres y niños, de cara al peligro de volverse víctimas de la trata de seres humanos. Este fue precisamente mi caso: después de haber sido víctima durante muchos años, de haber sobrevivido a un secuestro en la Ciudad de México, acepté un empleo en Tokio, en Japón, a los 19 años, convencida de que mi país de origen era la causa de todos mis problemas. Ese empleo consistía en hacerse pasar como dama de compañía en una discoteca y en acompañar a algún miembro inminente del club, un jefe de la mafia, todo simplemente porque se me había confiscado el pasaporte y debía reembolsar la deuda ligada a mi compra y a mi llegada a Japón desde México.

A menudo, me preguntan si tuve ganas de abandonar alguna carrera, pero esta idea nunca pasó por mi mente, ni una sola vez.

El peor momento de mi existencia: durante una velada en la que salí con amigos, algunos años después de haber dejado ese club. Me desperté en medio de un baño de sangre, con un hombre sobre mí, en un lugar perfectamente desconocido, un recordatorio oportuno me indicaba que efectivamente había reembolsado la deuda, aunque seguía siendo la propiedad de alguien.

Ese instante marcó el momento más difícil de mi vida, no porque fuera la peor agresión que he tenido que sufrir, sino porque estaba agotada de intentar de salir sin cesar de la misma situación. Imposible contactar a algún amigo para llevarme a casa desde la salida de urgencias, ya que según sus propias palabras, estos últimos comenzaban a tener suficiente de "mis dramas". A menudo, me preguntan si tuve ganas de abandonar alguna carrera, y comprendo por qué me hacen esta pregunta; es cierto, prácticamente tripliqué la marca precedente de triatlón, pero esta idea nunca pasó por mi mente, ni una sola vez.

Cuando se vive lo que tuve que pasar, se comprende con facilidad la diferencia entre el dolor y el sufrimiento.

Cuando se vive lo que tuve que pasar, se comprende con mucha facilidad la diferencia entre el dolor y el sufrimiento. El dolor a veces es necesario para alcanzar la excelencia, el sufrimiento es un tipo de dolor del cual es imposible escapar, vive en tus costillas, sin importar lo que hagas. Ese día, en Tokio, completamente sola en un tren que me llevaba a casa, en una ciudad tan lejana a mi hogar, sufriendo de tal forma no fui capaz ni siquiera de llorar, ya que llorar es una emoción y no quería sentir nada más, comprendí lo que era la necesidad de abandonar todo.

Hoy, mi vida no deja ningún lugar al "drama", únicamente a la pasión; imagino que se podría afirmar que hay un héroe en la historia: el sistema y las personas que me dieron la oportunidad de escapar de situaciones de vulnerabilidad sin tener que renunciar a mi dignidad. Ese fue el caso cuando emigré a Canadá y brutalmente me convertí en madre soltera de un niño con capacidades diferentes. En Canadá encontré la ayuda que necesitaba para superar esta prueba, para que mi hijo y yo nos pudiéramos levantar.

De esta manera, la diferencia entre mi vida anterior, en la que no conocía más que violencia, y mi vida actual, en la que solamente vislumbro innumerables posibilidades, no consiste en tomar mejores decisiones, sino estar abierta a mejores oportunidades.

Entonces sí, soy una mujer extraordinaria, estamos todos en medida de alcanzar la excelencia, ya que no son las circunstancias las que determinan si tenemos oportunidad de triunfar, sino nuestra capacidad de conservar la esperanza. Y es igual si el recorrido parece interminable, como un viaje en tren en una ciudad extranjera en completa soledad.

Norma Bastidas participará en el Women's Forum Global Meeting en Deauville, Francia. La podrás ver el jueves 1 de diciembre a las 4:05 pm.

Este artículo fue publicado originalmente en Le Huffington Post.

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*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.