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México-EUA: negociaciones de intereses, no arrogancia

05/09/2017 6:00 AM CDT

Carlos Barria / Reuters
"México no puede darse el lujo de pelear con Trump, ya sea a través de las redes sociales o declaraciones oficiales".

La saga de Trump y el muro con México continúa. Justo cuando creíamos que quizá a estas alturas ya habría entendido, ha decidido mostrar lo contrario. Apenas hace dos domingos, de la nada y completamente fuera de contexto, mientras un terrible desastre natural golpeaba a los Estados Unidos, el POTUS consideró apropiado enviar un mensaje por Twitter sobre el muro y su ya muy ridiculizada postura de que, de alguna forma, serán los mexicanos quienes paguen por este. Sin perder ni un momento para insultar al aliado del sur.

Esta vez el gobierno mexicano no cayó en el absurdo juego de Trump de intercambiar ataques y acusaciones. Reaccionó rápido con una medida, pero sólida declaración, cambiando el enfoque a los intereses mutuos subyacentes que deben abordarse a través de la diplomacia y en la mesa de negociaciones, y no a través de las redes sociales.

Siendo México una de los países con los mayores índices de delito en el mundo, tenemos que tener EL MURO. México pagará por este, ya sea por reembolso o de otra forma.

Pero este breve episodio de intercambio de tweets me llevó de nuevo a enero de este año y al momento en que el presidente de México, Enrique Peña Nieto, decidió cancelar su visita al entonces recientemente estrenado en su puesto presidente Donald Trump. En ese momento me golpeó la incapacidad de entender esa decisión en relación con los intereses mexicanos que desesperadamente necesitaban ser protegidos.

Además, era aún más difícil conectarlo con la lógica detrás de la visita de Trump a la Ciudad de México en medio de su campaña. Él era una de las personas más detestables entre los ciudadanos mexicanos y EPN le dio realmente legitimidad indirecta, sin verdaderamente aprovecharse de esta más adelante.

Utilizaré este caso de comienzos del año para llegar a algunas conclusiones que serían útiles al analizar las relaciones bilaterales y multilaterales actuales que involucran a México y Estados Unidos.

Cualquier buen curso básico sobre negociaciones internacionales nos enseña que, mientras tengamos intereses que debamos negociar y alcanzar, debemos "permanecer en la mesa"'.

Para el momento en el que Trump entró a la Casa Blanca su posición con respecto al TLCAN, México y los mexicanos viviendo en los EUA, y el muro, era mucho más clara, sin importar cuán absurda y desconectada estaba de la realidad. Mientras todas las partes del acuerdo del TLCAN en cierto nivel acordaban que el tratado era anticuado y debía ser renegociado, la postura mexicana con respecto al muro era tajante: no habría manera de que los mexicanos pagaran por el muro.

Por lo tanto, la pregunta básica que se debe hacer es: ¿qué intereses nacionales realmente defendió EPN al no reunirse con Trump? ¿Qué ventaja obtuvo para México? Aparte de pensar en su popularidad irreparable, la decisión de EPN fue en contra de los intereses básicos de la sociedad mexicana. No me malinterpreten, su visita a Washington atraería muchas críticas, teniendo en cuenta las masivas protestas contra Trump que se organizaron en México y en otros lugares, trayendo a las calles incluso a personas que nunca han protestado antes (protestas que, por cierto, no llevaban a nada y terminaron con nada). Pero eso es lo que hacen los líderes responsables: no caen presa de sus números de popularidad cuando tienen que tomar decisiones difíciles en tiempos difíciles. ¿Tenía algún plan B?

Henry Romero / Reuters
Piñata con la imagen de Donald Trump quemada durante las actividades de Semana Santa el 15 de abril de 2017 en Ciudad de México.

Desde la elección de Trump, los funcionarios mexicanos han estado enfatizando cada vez más la necesidad de diversificar su economía, siendo conscientes de cuánto depende esta de los Estados Unidos y de lo débil que esto hace a México. Algo que México debió haber pensado con o sin Trump.

Pero incluso en el mejor de los casos de profunda reorientación estratégica y entusiasmo de otros actores para recibir abiertamente el llamado de México, los resultados potenciales podrían esperarse solo en un par de años, con la esperanza de que México realmente pase de la palabrería hacia las acciones concretas. Hasta ahora no hay señales alentadoras en este sentido.

Estados Unidos es mucho más poderoso y México no puede permitirse perder la oportunidad de ganar más espacio y poder de maniobra.

Cualquier buen curso básico sobre negociaciones internacionales nos enseña que, mientras tengamos intereses que debamos negociar y alcanzar, debemos "permanecer en la mesa". Lo más fácil es alejarse, sobre todo si uno se guía con su hubris y ambición populista. Y si uno es el lado más débil en las negociaciones, esta lección se vuelve aún más instructiva.

Estados Unidos es mucho más poderoso y México no puede permitirse perder la oportunidad de ganar más espacio y poder de maniobra. Simplemente, en este punto México depende mucho más de los Estados Unidos que viceversa y tiene menos poder para influir en este desequilibrio, sin importar lo disgustados que nos sintamos por Trump. Además, somos conscientes del estilo de Trump.

Sabemos que es arrogante y manipulador, un bully que usa cualquier oportunidad para emplear trucos sucios y amenazas, mismas que según lo que hemos visto, jamás son cumplidas. Debido a falsas promesas se encuentra en una necesidad desesperada de guardar la cara frente a sus votantes.

Lo último que México debiera hacer es jugar su juego y responder a este de la misma forma. Es más, al hacer lo opuesto e insistir en llevar a cabo negociaciones en las que los asuntos más urgentes se puedan trabajar de forma conjunta, es el único camino que tiene México para garantizar que sus propios intereses sean defendidos. Ese es el único escenario en el que México puede convencer a la otra parte de que los intereses y objetivos de México y EUA no son contradictorios, sino que se apoyan entre ellos.

Aún si el precio a pagar fuera verse más débil a los ojos de los ciudadanos, el gobierno mexicano debería incluso ayudar a Trump a guardar cara frente a sus votantes, pero al mismo tiempo usar ese "favor" para ganar más poder de negociación y credibilidad una vez que se sienten tras puertas cerradas.

México no puede reaccionar emocionalmente a cada provocación de Trump, ya que es exactamente lo que este busca y es ahí donde aparentemente se siente más seguro.

México no puede darse el lujo de pelear con Trump, ya sea a través de las redes sociales o declaraciones oficiales. Tomando en consideración que pareciera que Trump se encuentra en constante campaña, sus provocaciones, ataques, juegos sucios continuarán sucediendo.

México no puede reaccionar emocionalmente a cada provocación de Trump, ya que es exactamente lo que este busca y es ahí donde aparentemente se siente más seguro. México debería usar cada oportunidad para enfatizar los intereses de ambas naciones que deberían ser transformadas en objetivos mutuos a través de negociaciones y diplomacia.

Es cierto que en el mediano-largo plazo México debería apuntar hacia una diversificación económica, pero su estrategia también debería apuntar hacia todos los ciudadanos y empresas en EUA que trabajan duro y cuyos trabajos y beneficios dependen de la cooperación con México. Debe apuntar a todos aquellos que creen que México es y debiera seguir siendo socio y aliado de los EUA.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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