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Así es cómo un movimiento de resistencia puede triunfar

Deben tener una narrativa, un plan, liderazgo y organización.

05/03/2017 7:40 AM CST | Actualizado 05/03/2017 9:41 AM CST

Aaron P. Bernstein/Getty Images
Miles de personas protestaron en Washington, D.C. durante la Marcha de las Mujeres, el 21 de enero de 2017.

Uno de los aspectos clave de la democracia es la participación y el debate, incluyendo el desacuerdo. Para que un sistema democrático sano sobreviva, debe escucharse a una amplia gama de opiniones. Estar al margen de la opinión popular es tan importante como compartirla. Pero, ¿cuál es el papel de la oposición y cómo puede asegurarse que sus ideas no solo sean oídas, sino también aprobadas?

En muchos casos, la oposición sale a la protestar a la calle. El derecho a la asamblea pacífica es uno de los derechos más fundamentales garantizados al pueblo estadounidense. Pero una simple reunión de individuos con ideas afines no es suficiente para influir en el partido en el poder para actuar, no importa cuántos miles, o incluso millones, asistan. La oposición debe ir más allá de la manifestación.

Craig Calhoun, reconocido científico social y presidente del Instituto Berggruen, describe el origen del término "movimiento social" en el siglo XIX como "la movilización popular que atrajo la atención y posiblemente las soluciones a la cuestión social". La "cuestión social" era la forma en que se debían abordar la desigualdad y la pobreza. Hoy en día, en el siglo XXI, continuamos haciéndonos esta pregunta y empleando tácticas similares para alcanzar el mismo fin.

¿Cómo puede un movimiento formular atención y soluciones? Para que un movimiento de oposición tenga éxito y sea sostenible, debe tener cuatro componentes críticos: una narrativa, un plan, un liderazgo y una organización. Sin estos ingredientes en su núcleo, el movimiento pierde energía, credibilidad y en el peor de los casos, conduce al caos. El caos es el mayor regalo para los partidos en el poder, especialmente para los dictadores, porque se convierte en una invitación abierta para explotar el pandemonio prometiendo el orden y la estabilidad. Más a menudo que no, este "orden y la estabilidad" vienen acompañados de un costo enorme para la libertad y el progreso social.

El caos es el mayor regalo para los partidos en el poder, especialmente para los dictadores.

La ola revolucionaria de protestas en todo el mundo árabe en 2010, conocida como la Primavera Árabe, sufrió un destino similar. Los líderes de varios de estos levantamientos pusieron de manifiesto la gobernanza democrática constitucional como su objetivo final, pero Túnez fue el único país donde se logró. En Egipto, la oposición nunca desarrolló un plan para lo que debería ocurrir una vez que se cumplieran sus demandas. La oposición también sufrió una falta de liderazgo.

La Revolución Francesa de finales de 1700 es un buen ejemplo. Influenciada por los principios "ilustrados" de esa época, encapsuló una poderosa narrativa de los derechos individuales y la igualdad. Pero el fervor apasionado del pueblo descendió rápidamente al reino del terror. Una constitución funcional se volvió inalcanzable. El estado de derecho estaba ausente. Las divisiones ideológicas destruyeron el movimiento y destruyeron la oportunidad de presentar una visión clara para el futuro.

El terror se convirtió en la única fuente de orden. Como líder de los jacobinos, Maximilien Robespierre, dijo en un discurso: "El terror no es otra cosa que la justicia: rápida, severa, inflexible". Por supuesto que Robespierre luego fue guillotinado sin juicio, destruido por la misma revolución que ayudó a crear. Se necesitó el fuerte liderazgo y carisma de Napoleón para terminar el caos, a costa de los ideales democráticos con los que el movimiento había comenzado.

Chris Hondros via Getty Images
Personas protestan contra el gobierno egipcio en la plaza Tahir, en El Cairo, el 10 de febrero de 2011.

En una entrevista con The WorldPost, el activista egipcio Wael Ghonim describió los peligros de un movimiento sin líderes: "En lugar de tener una visión de un futuro que acordamos, todos nos llevaron a un callejón sin salida de consecuencias no deseadas y la toma de decisiones reactivamente". Como resultado, el experimento democrático de Egipto de corta duración terminó con un golpe militar, detenciones masivas, una brutal represión contra los partidarios del anterior gobierno y el estancamiento político. Otros países como Siria y Libia, cuyas revueltas contenían las mismas deficiencias que las de Egipto, descendieron a una agitación aún mayor.

A pesar de estar basados en una profunda tradición democrática con una constitución estable y duradera, los movimientos de oposición en Estados Unidos también son vulnerables a problemas similares. Las protestas de Ocupa Wall Street surgieron de las consecuencias de la crisis financiera de 2008 y fueron en parte una condena de la desigualdad y la codicia corporativa. Pero esa narrativa no se desarrolló en un plan, creando desorganización desde dentro.

Sin un liderazgo fuerte e inspirador, no había nadie para unir el movimiento detrás de soluciones específicas. "El problema con el movimiento", escribió el columnista del New York Times, Andrew Ross Sorkin, después de visitar las protestas en Zuccotti Park, "fue que su misión siempre fue intencionalmente imprecisa. Fue deliberadamente sin líderes". Aunque algunos alaban a los manifestantes por crear un diálogo nacional sobre la desigualdad, las protestas no lograron transformar la atención de los medios y la inercia en un cambio sistémico.

Warren K Leffler/Underwood Archives/Getty Images
La marcha por los derechos civiles en Washington, D.C., el 28 de agosto de 1963.

¿Qué movimientos funcionaron? El movimiento de derechos civiles estadounidense de los años sesenta fue el momento definitorio de una generación. Su poderosa narrativa, nacida del legado de la esclavitud y generaciones de opresión, proclamó que todos los hombres, independientemente del color de la piel, son creados iguales. Esa narrativa idealista evolucionó en planes de acción que llevaron al objetivo final de combatir la segregación racial y aprobar leyes federales que protegían a los afroamericanos de la discriminación.

Las campañas de resistencia civil no violenta del movimiento ―boicots, sentarse en un lugar y marchas― fueron eficaces porque estaban muy organizadas y sus objetivos eran ampliamente comprendidos. El movimiento también fue bendecido con un grupo excepcional de líderes. Uno de los iconos de ese tiempo, Martin Luther King, Jr., presentó ideas y palabras que inspiraron a millones y resuenan hasta nuestros días. Cuando una narrativa, un plan, una organización y un liderazgo se unieron, el resultado fue profundo: la legislación actual cambió el gobierno y las ideas transformaron al país para siempre.

Las campañas del movimiento por los derechos civiles fueron eficaces porque estaban muy organizadas y sus objetivos eran ampliamente comprendidos.

Sin embargo, el impacto de un movimiento no implica un resultado beneficioso para la sociedad, como lo demuestran los horrores de las revoluciones soviética y china. En ambos casos, las revoluciones que superarían a los países más grandes del mundo en tamaño y población (respectivamente) comenzaron con una narrativa simple pero poderosa: unir a los trabajadores y unir a los campesinos. Líderes ideológicos y despiadados -Lenin y Mao- generaron entusiasmo contagioso. Se beneficiaron de una estructura jerárquica altamente organizada que fomentó la obediencia y la disciplina.

Estas historias tienen más en común de lo que pueden parecer en la superficie. Las soluciones duraderas a los problemas sociales solo se pueden conseguir cuando una narrativa poderosa y un plan concreto surgen de un movimiento bien organizado que tiene líderes populares y carismáticos. Estos ingredientes se pueden encontrar en casi cualquier movimiento exitoso en la historia humana. Sin ellos, el resultado final de un movimiento es incierto. A menudo, no será el que se propuso lograr.

Este artículo fue publicado originalmente en The Huffington Post y posteriormente traducido.

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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