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Internet: de la democratización a la monetización

29/12/2017 7:00 AM CST | Actualizado 29/12/2017 9:08 AM CST

Henrik5000 via Getty Images
¿En realidad existe una libertad en la red?

En este mes (diciembre de 2017) sucedieron dos eventos importantes: Disney Company compró a 21st Century Fox, por lo cual ya es dueña de algunas sagas como X-Men y de series emblemáticas como Los Simpsons. En años anteriores ya había comprado Lucas Films y Marvel, apoderándose de Star Wars y Avengers.

El otro acontecimiento fue que la Comisión Federal de Comunicaciones de EUA (FCC, por sus siglas en inglés) decidió acabar con la neutralidad de la red. De acuerdo a esto, ahora cada proveedor de servicios de Internet puede dar prioridad a algún servicio en particular a la par de que ralentiza o restringe el acceso a otro servicio competidor. Mientras estas prácticas ya son legales y comunes en algunos países, en otros se le consideraría prácticas monopólicas que atentan contra la libre competencia.

En este momento histórico el Internet, medio que una vez dio voz y un lugar a sus usuarios para la libre expresión, poco a poco se transforma en uno más de los medios de comunicación controlados por grandes compañías. Al mismo tiempo, vemos cómo otras empresas (como la mencionada del ratón animado) acaparan diversos medios, limitando y reduciendo las opciones de los usuarios de Internet a aquellas que estas puedan ofrecer.

Claramente vemos que el mundo se parece cada vez más a 1984 de George Orwell, con una diferencia: es el mercado quien intenta gobernar en el pensamiento de la población.

De la democratización a la acaparación

En 1988, en el ensayo Manufacturing Consent: The Political Economy of Mass Media, Noam Chomsky describía los filtros que se utilizaban en el Modelo de propaganda: el filtro económico (los dueños de los medios de comunicación, que a su vez poseen otras empresas o están relacionados de diversas maneras con otras industrias), el publicitario (porque sin anunciantes no hay ganancias) y finalmente, el suministro de noticias (quién provee la información a publicar, censura o paga para que no se dé a conocer dicha información). Estos son indispensables para la existencia y preservación de todas las empresas de este tipo.

Claro, sin publicidad o ganancias, cualquier medio puede desaparecer. Un ejemplo de ellos es YouTube. Esta plataforma surgió debido a lo difícil que era encontrar videos en Internet en aquel entonces. La página nació, creció y fue tomando forma por medio de los usuarios.

Pronto la plataforma se llenó de vloggers, gatitos, recetas de cocina, tutoriales diversos y videos musicales. Google adquirió la empresa en 2006 y ahí empezó su monetización: los vloggers se convirtieron en YouTubers, adquirieron patrocinadores y hoy en día es imposible no ver un anuncio cada vez que accedes a un video de dicha plataforma (ya sea antes de reproducir el video o durante el video en caso de ser uno mayor a 15 minutos), ¡a menos que pagues por la membresía para eliminar la publicidad!

Otro caso es el de la música: las personas comenzaron a compartir canciones en Internet por medio de plataformas P2P como Napster, Ares y otras más; a Metallica, AC/DC y otras integrantes de la industria musical no les gustó esto y comenzaron a perseguir a aquellos que atentaba contra sus derechos de propiedad intelectual. De no ser porque a Steve Jobs se le ocurrió crear iTunes, la industria musical seguiría forzándonos a comprar CDs, los cuales no se pueden reproducir en nuestros reproductores digitales.

Se corre el riesgo de homogeneizar el gusto musical y la cultura de los usuarios, otorgándoles únicamente contenido similar al ya escuchado.

Al servicio de música vía streaming Spotify le ocurrió algo parecido, sólo que ellos optaron por alinearse a las directrices del mercado y leyes de propiedad intelectual en lugar de desaparecer como le ocurrió a Grooveshark (que mis amigos describieron como "igual a YouTube, pero con canciones").

Y en el caso de la educación pasa algo similar: mientras Coursera ofrece cursos en línea de universidades prestigiosas alrededor del mundo de manera gratuita, sólo te permite certificarte una vez que hayas pagado su costo. Por otra parte, Sci-Hub, dedicada a compartir publicaciones científicas, se ve afectada por demandas judiciales y reabre el debate entre los derechos de propiedad intelectual y la liberalización de los conocimientos científicos.

El algoritmo

El siguiente paso en la lista es saber a quién ofrecer el producto y lentamente encaminar al usuario a un camino previamente establecido por la empresa en cuestión.

Las grandes compañías de contenidos digitales como Spotify, Netflix, Amazon y Google utilizan un sistema (o algoritmo) en el cual cada día o cada semana, intentan ofrecernos nuevos contenidos (videos, películas, canciones, bandas, productos) de acuerdo al historial que han recolectado sobre nosotros.

Si bien esto puede ser positivo al usuario, se corre el riesgo de homogeneizar el gusto musical y la cultura de los usuarios, otorgándoles únicamente contenido similar al ya escuchado. O incluso la posibilidad de que el algoritmo favorezca unas búsquedas sobre otras (tal cual lo hacía la televisión en las décadas pasadas).

Claramente vemos que el mundo se parece cada vez más a 1984 de George Orwell, con una diferencia: es el mercado quien intenta gobernar en el pensamiento de la población.

Mi pregunta final es ¿en realidad existe una libertad en la red? ¿O nuestra libertad virtual está supeditada a lo que los medios de comunicación y la industria nos ofrecen, muestra o permite conocer? ¿Podrá el internet recuperar su estatus democratizador? ¿O tendremos que pasar por el filtro del ratón Mickey para expresarnos con libertad en Internet?

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.