EL BLOG

Y después del sismo... el éxodo

08/10/2017 6:00 AM CDT
Nelly Acosta

No habían pasado ni 10 años del terremoto del 85 cuando fui a la colonia Roma, a un 'toquín'. Fue la primera vez que vi, en vivo y a todo color, ruinas de edificios. Estar ahí sonaba a una gran aventura urbana, como aquellas anécdotas de la Alemania postmuro, en donde se celebraban conciertos de metal en edificios derruidos.

Pero cuando le conté a mi hermano mayor mi heroica visita, se enojó muchísimo. En los años 90, ir a la colonia Roma o a la Condesa sonaba a suicidio: además de que las ruinas del sismo del 85 seguían ahí, abandonadas, con el latente peligro de derrumbarse, la zona se había convertido en cuna de asaltantes y traficantes de fayuca... al menos eso se decía en donde yo vivía (Villa Coapa).

Muy pocos años después, cuando empecé a trabajar, esos mismos lugares sonaban como el lugar perfecto para empezar a vivir solo o con amigos: antes del año 2000 las rentas eran baratas, los lugares amplios y la zona céntrica. Poco tiempo después llegó eso llamado plusvalía y la zona se volvió no solo cara sino saturada y caótica.

Aun así, muchos decidimos vivir en la periferia, en donde nunca había pasado nada y en donde, hasta el 19 de septiembre del 2017, creíamos que no pasaría nada nunca: la colonia del Valle.

Yo viví una migración a la zona a finales de los años 90: fuimos muchos veinteañeros que llegamos a rentar pequeños lugares, las más de las veces remodelados, que habían estado desocupados por años. Eran baratos, cómodos y nadie moría por arrebatártelos. En aquella época todos mis vecinos eran como yo, parecía un campus universitario. Con el tiempo, comprar en la colonia no solo sonaba coherente, sino que era un gran negocio: el área subía su plusvalía cada año hasta 20%. Estar ahí era garantía de que estabas haciendo una gran inversión.

En aquella época todos mis vecinos eran como yo, parecía un campus universitario.

Hoy, menos de 20 años después, veo una segunda migración pero a la inversa: ahora todos parecen querer huir... y mientras más pronto, mejor.

Cierto. Hay áreas de la colonia del Valle que ni queriendo recuerdan que tembló: están intactas. Pero para los que vivimos cerca de una zona cero y vimos edificios caer, la paranoia es difícil de ignorar. "En cualquier momento empezará a oler a muerto, así pasó en el 85". "No tardan en llegar oleadas de ratas, que saldrán de los escombros". "Prepárense, van a llegar decenas de asaltos". Aquí todos tienen algo catastrófico que decir: taxistas, tenderos, personal de basura, porteros... Si no ha llegado el Apocalipsis es porque aún no ha habido tiempo. Y no es de a gratis: aún hay muchas calles cerradas, edificios acordonados y agrietados, coronas de flores en muros derrumbados...

En mi edificio ya no quedamos ni la mitad de los vecinos. En los aledaños sucede lo mismo. Desde el 19 de septiembre es común ver gente que sale con maletas o que está sacado muebles. La mayoría no se despide, simplemente se va.

La zona que se caracterizaba por estar en constante movimiento de autos, ruido, puestos, cafés y negocios locales para trasnochadores se ha transformado en un pequeño pueblo cercado y silencioso.

No te vas porque sería como darse por vencido, ¿no?", escucho decir al portero de mi edificio.

Va más allá de eso: la oleada de gente que huye es tal, que encontrar un nuevo lugar cercano está resultando maratónico; no todos (por más que insistan que es zona de ricos) tienen recursos para pagar mudanza, depósitos y trámites para rentar. Y los que son propietarios aún evalúan qué sería lo menos doloroso: abandonar su lugar mientras esperan que lo complicado se supere, o rematar su propiedad a precio de ganga para no volver jamás. Habemos otros más que aún estamos en esa fase de incredulidad, aún no creemos todo lo que hemos visto.

¿A dónde se van todos?

¿Qué colonias se van a saturar ahora? ¿Y qué pasará después en las zonas abandonadas? Infinidad de amigos me hacen saber que están en las mismas. Han escapado de Reforma, Polanco, la Roma y la Condesa, incluso de zonas en donde no pasó nada, pero que ya no suenan seguras: Tlalpan, División del Norte, Narvarte y Nápoles. La mayoría se cambia solo 'a un ladito'... volver a empezar supongo que es más sencillo así.

Inmobiliarias han reportado que se ha incrementado su labor hasta 90%, sobre todo porque todos buscan mudarse a zonas aún céntricas, pero en edificios pequeños, o en un primer o segundo piso. Muchos más están dispuestos a venderlo todo para comprar algo fuera de la ciudad. ¿Cómo serán los problemas de movilidad que tendremos con todo esto? Ya lo sabremos pronto.

Ayer que llegaba a casa, un vecino me detuvo. No estoy segura de haberlo visto nunca y creo que él tampoco sabía a ciencia cierta quién era yo: solo necesitaba decirle adiós a alguien. "Me regreso a mi tierra, me dijeron que la capital era un peligro y aquí estoy yo de necio". Lo único que se me ocurrió fue ofrecerme para tomarle una foto con su celular: "Para el recuerdo", le dije, "igual y dentro de poco regreses a este edificio a un concierto".

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.