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Premios CDMX: aplausos para la mejor forma de protestar

14/12/2016 11:53 AM CST | Actualizado 14/12/2016 11:58 AM CST

@premiosciudad

Este año un grupo de empresas privadas, interesadas en promocionar cierta idea de la capital mexicana, lanzó la primera edición de los Premios Ciudad de México. En un podcast de la página Chilango, Mariana Linares, directora artística de los Premios, explicó que uno de los objetivos de esta naciente celebración es:

Reconocer a los talentos que han transformado la ciudad desde el punto de vista cultural, ciudadano, tecnológico y de entretenimiento.

Para lograr su cometido, los Premios Ciudad tuvieron este año 15 categorías: evento, bar, café, restaurante emergente, álbum, libro, actividad escénica, película, exposición, galería, intervención arquitectónica, acción por el medio ambiente, proyecto digital, premio de oro trayectoria y acción ciudadana.

Por medio del reconocimiento a los ganadores de cada categoría se logra una imagen de la ciudad que rescata algunos "productos culturales" (tomo palabras prestadas de Linares) para demostrar que en la CDMX "hacer es la mejor forma de decir".

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Vamos a detenernos en la categoría "Acción ciudadana del año", propuesta por los Premios Ciudad en su primer año de existencia. El jurado encargado de designar la acción ganadora tuvo que elegir entre 17 candidatos para determinar cuál había sido la mejor. Entre todos los posibles, la ganadora fue la acción #MiPrimerAcoso, descrita de la forma siguiente en la página oficial de los Premios:

Miles de mujeres relataron en redes sociales sus experiencias de violencia sexual. La convocatoria salió de la activista y columnista colombiana Catalina Ruiz-Navarro, quien la publicó en su cuenta de Twitter.

En efecto, #MiPrimerAcoso fue una acción colectiva iniciada con un tuit de Ruiz-Navarro que hizo eco a una campaña brasileña de denuncia contra la violencia de género. En poco tiempo, el hashtag se hizo trendig topicen varios lugares del mundo. Se trató de algo muy importante para todas las mujeres en México y Latinoamérica. Fue muy duro leer tantas historias de violencia sexual que la mayoría padeció antes de cumplir los diez años de edad. La red se inundó de testimonios de víctimas, cierto; pero también se inundó de historias de resistencia.

En cada una de las niñas violentadas que hablaron en público sobre lo que les pasó se levantó con más fuerza una sobreviviente. Aunque el objetivo de este texto no sea hablar a profundidad de todo lo que logramos con #MiPrimerAcoso, subrayo su relevancia porque no es mi intención despreciar en ningún sentido los testimonios.

Reconozco, con respeto y solidaridad, el trabajo que Estereotipas ha hecho contra la violencia machista en Latinoamérica. Lo que me causa verdadera indignación es que #MiPrimerAcoso haya participado de un circuito empresarial, basado en la competitividad y en determinar quién es el mejor. A continuación enlisto mis razones:

1. Las protestas sociales no son "productos culturales". Se trata, más bien, de procesos colectivos que no se terminan sino hasta que sus demandas estén cumplidas. En el caso de #MiPrimerAcoso, mientras continúen las cifras de feminicidios y de violencia familiar contra las mujeres en nuestra región es imposible considerar que la demanda por nuestros derechos humanos fue escuchada y atendida.

2. No hay protestas sociales mejores que otras. El modo de circulación que implica la competencia es inoperante para las protestas sociales: ¿Cuáles serían los parámetros para decidir que una protesta es mejor que otra? ¿Quiénes determinan esos parámetros? ¿Con qué finalidad se calificaría una protesta social? Los Premios Ciudad podrían aclarar según qué criterios se decidió premiar una "acción ciudadana" como la mejor del año.

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3. Otorgarle un premio a una protesta social es una forma de reducir su acción política. Gran parte de la fortaleza de una protesta radica en su capacidad para sacudir el status quo, es decir, para señalar y alterar radicalmente las estructuras que permiten que exista, por ejemplo, la violencia de género. Premiar una protesta es reinsertarla en un sistema en el que tiene un lugar apropiado y bien visto por cierto sector de la sociedad (en este caso, por el sector empresarial que promovió los premios).

4. La protesta social es colectiva, no individual /Un hashtag no tiene autoría. A pesar de que la invitación de Estereotipas haya resonado en todas las personas que dieron testimonio en #MiPrimerAcoso, eso no quiere decir que se justifique una celebración de individuos ni que la protesta tenga un carácter individual. Las mujeres que denunciamos lo que hemos sufrido no lo hicimos en apoyo a una campaña, sino para pronunciar una demanda propia: que la violencia contra las mujeres deje de existir.

5. Visibilizar la violencia no es motivo de aplausos. Hay algo siniestro en celebrar en un evento privado que miles de personas hayan alzado la voz sobre experiencias dolorosas de la violencia que han sufrido contra sus cuerpos. El tema no podría ser más serio: el hashtag visibilizó una realidad que debe cambiar. Premiarlo resta fuerza subversiva al mensaje.

¿Qué clase de feminismo estamos construyendo cuando permitimos que nuestras demandas obedezcan una lógica de competencia más propia del mercado que de la lucha social?

Este artículo es una versión editada del texto publicado en el blog de la autora. Lee el texto original aquí.

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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