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Menos filtros, por favor

16/07/2017 6:00 AM CDT | Actualizado 16/07/2017 6:00 AM CDT
Natalia Márquez
"Es verano, está lloviendo y me encanta correr bajo la lluvia en esta época del año, y así, sin filtros, con los kilos de más..."

¿Por qué los muros de nuestras redes sociales están llenos de selfies con filtros?

¿Por qué cuando alguien etiqueta una foto con el hashtag #sinfiltros normalmente se trata de un paisaje bonito y no una "cara lavada y recién peinada"?

¿De qué nos avergonzamos o qué nos preocupa cuando nos hacemos quince fotos hasta elegir cuál de ellas vamos a publicar?

¿En qué momento la naturalidad dejó de tener encanto y ser interesante?

Parece que si no tenemos la sonrisa perfecta, el pelo ideal o la mueca más encantadora, nuestra imagen no tiene valor... Ha quedado muy atrás aquello de que "la belleza está en el interior" cuando también se nos ha olvidado eso de que la fachada es solo eso, fachada, señores.

No vendría mal que, de vez en cuando, miráramos una de nuestras selfies y viéramos qué transmite nuestra fachada para después mirar hacia nuestro interior y comprobar cómo está de cerca una imagen de la otra.

Si lo que transmites hacia fuera coincide con lo que sientes hacia dentro, puedes dejar de leer. Pero si no es el caso, háztelo ver...

Probablemente, si aprendemos a aceptar nuestros defectos, también puede que dediquemos menos tiempo a los filtros en el próximo selfie que vayamos a publicar.

Quizás deberíamos preocuparnos más por disfrutar y compartir todo lo que uno quiera compartir en las redes, pero sin disimular que todo está bien cuando no lo está.

Igual tampoco es necesario aplicar blanqueador dental para lucir dientes de blanco "Ariel", ni ponerle "velos" a nuestras arrugas para publicar caras de porcelana antes de compartir una imagen con nuestros contactos. Seguro que a ellos les importa saber que estamos pasando un buen rato y que nos sentimos bien, y no tanto que luzcamos una cara lisa con cero defectos, como si fuéramos una de las figuras de #ralphlauren...

Quizás deberíamos preocuparnos más por disfrutar y compartir todo lo que uno quiera compartir, pero sin disimular que todo está bien cuando no lo está... ¿qué aporta publicar una foto perfecta, llena de filtros cuando por dentro uno está hecho una piltrafa?

Me gustan las redes sociales. Tengo Twitter, Facebook, LinkedIn e Instagram; me gusta sentirme cerca, a través de ellas, de la gente que tengo lejos, es una manera de estar presente en su día a día...

Pero lo que más me gusta es saber que cuando comparten una foto se sienten bien, que están pasando un buen rato y que quieran compartir conmigo ese momento. Y para ello, señores, me dan igual los filtros que pongan.

Me quedo con la alegría y los sentimientos que me transmiten al natural, sin filtros.

Es verano, está lloviendo y me encanta correr bajo la lluvia en esta época del año. Y así, sin filtros, con los kilos de más que no he conseguido quitarme para llegar a la #operaciónbikini, las ojeras acumuladas durante la semana, las canas que de momento sigo renegando a tintar y mis incipientes arrugas, comparto este momento contigo.

Probablemente tú estés pensando que ni se me notan las canas, ni las lonjitas de más, ni que las arrugas sean para tanto...

Pero sí, ahí está todo eso. Y soy tan consciente de ello como de que con esta foto mi fachada transmite lo bien que me siento ahora mismo por dentro.

Este texto fue publicado originalmente en El HuffPost.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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