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La historia de una desertora norcoreana

El mundo en el que vivía Yeonmi Park era una horrible realidad.

16/03/2017 4:23 PM CST | Actualizado 17/03/2017 10:30 AM CST

Facebook/Yeonmi Park

Por Nadya Okamoto, Lawrence Jia, Anders Zhou, Diana Chao y Elly Choi (Líderes adolescentes globales de 2017)

"Para ti, él era una broma. Para mí, él (Kim Jong Un) era un dios", dijo Yeonmi Park, cuando fue presentada ante los Líderes Globales Adolescentes en la Cumbre de la Paz con Justicia.

Si pasaras junto a ella, podrías confundirla con cualquiera: una empresaria, una doctora, o una abogada. Yeonmi entró a la sala con un aplomo sorprendente, como si estuviera sintonizada en una frecuencia diferente, como si ella fuera alguien verdaderamente extraordinaria. Su vestido de pliegues blancos y negros y su pequeña chaqueta rosa no eran nada pretenciosos, y se tropezaba un poquito por sus tacones. "¡No sé qué estoy haciendo aquí!". Sus nervios chocaban contra su apariencia tan brillante como si fueran los platillos de una batería.

Con algo de duda, se presentó como una desertora norcoreana. Con ojos resecos, lentamente comenzó a desgranar la historia de su vida.

Para los que no son norcoreanos, dijo Yeonmi, Kim Jong Un pareciera ser un tigre de papel, una caricatura del déspota dibujada en películas chafas como La entrevista (The Dictator), o como bromas de programas de comedia como Saturday Night Life.

Para ella, Kim Jong Un era un dios, literal. Él era "nuestro Amado Líder".

AFP/Getty Images

El mundo de Yeonmi era de una realidad brutal. Estaba en una sociedad a la que ella se refería como "lavado de cerebro". De su tiempo en Corea del Norte, Yeonmi recordaba una sociedad en la que las ejecuciones en público se llevaban a cabo de manera arbitraria. Cuando arrestaban a alguien, toda su familia estaba en riesgo de terminar en un campo de trabajos forzados. "Te podía asesinar por mirar una película (extranjera)", dijo Yeonmi.

El día que vio una copia de contrabando de la película Titanic fue cuando Yeonmi se dio cuenta de que había un mundo más allá del suyo. La imagen de Leonardo DiCaprio y Kate Winslet besándose la llevó a una situación completamente ajena. Para Yeonmi, se trató de la primera vez en que veía que alguien era capaz de morir por alguien que no fuera el Amado Líder. Titanic era un prototipo del mundo externo, una visión que la llevaría a buscar un mundo en que la gente estuviera bien alimentada, que fuera libre de amar y que comprendiera el concepto de la libertad y la felicidad.

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Cuando arrestaron a su padre por comercio ilegal, su familia conoció el ostracismo y perdió su hogar. Por un tiempo, Yeonmi sobrevivió a base de grillos y libélulas que atrapaba y se bañaba en un río, tratando de sobrellevar su paupérrima situación.

Al cumplir los 16, su hermana abandonó a su familia y se fue a China, a una tierra que brillaba por las noches como algo que nunca había visto en la oscuridad eterna de Corea del Norte. Yeonmi decidió seguirla. Gracias a la amabilidad de un extraño, Yeonmi guió a su mamá de la mano para fugarse por el helado río Yalu y llegar a China.

Al llegar al extremo norte de Manchuria tras su escape, Yeonmi fue recapturada de inmediato por soldados chinos, quienes amenazaron con deportarla a ella y a su madre a Corea del Norte, donde las esperaba una segura ejecución. Pero para satisfacer la carencia de mujeres casaderas en la China rural, resultado de la política de Un niño por familia, los soldados le dijeron que le permitirían quedarse a cambio de que Yeonmi tuviera relaciones sexuales con ellos. Sin embargo, el amor incondicional y la protección de su madre la salvaron del ataque, y fueviolada delante de su hija. Yeonmi recuerda la horripilante escena y la define como "algo que ninguna niña debería ver jamás". No fue solo el ataque físico lo que sigue a Yeonmi hoy en día, sino su propia violación mental y emocional.

China Daily China Daily Information Corp - CDIC / Reuters

Pronto la madre e hija fueron vendidas por los soldados. La madre por 65 dólares y Yeonmi por 300, pues era una joven virgen. Los siguientes dos años, Yeonmi fue la "amante" de un tipo mayor que ella. Una "esclava", como ella lo definió. Pero luego se encontró con unos misioneros que le dijeron que si ella demostraba su devoción cristiana le ayudarían a escapar. Arreglaron un encuentro con un grupo de ocho norcoreanos en el desierto de Gobi. Entre ellos llevaban cuchillos y drogas venenosas que amenazaron con utilizar cuando se toparon con unos soldados mongoles que, dudosos, los dejaron entrar a su país. Los norcoreanos no dudaban en tomar el veneno para suicidarse, pues eso era mejor que regresar a Corea del Norte, donde enfrentarían la muerte.

En 2009, Yeonmi y su madre llegaron a Corea del Sur. "¿Cuál es tu color favorito?", le preguntaron. Luego de una pausa, respondió: "Rojo". Ese era el color del régimen, a fin de cuentas. Pero luego lo pensó y dijo que no estaba segura. ¿Cuál era su color favorito?

Toda su vida había venerado al régimen que mandaba sobre ella como una religión. Nadie le preguntó antes en qué pensaba, ni por sus valores, o su filosofía, y, por su puesto, cuál era su color favorito. Por primera vez, Yeonmi era una persona con su propia opinión. Y sus pensamientos importaban.

Después explotó en su admiración por los botes de basura, los cuales vio por primera vez en China. "Un bote de basura significa que tienes algo para tirar". En Corea del Norte, nada se tiraba porque no tenías nada que pudieras atreverte a tirar.

Los norcoreanos están desesperadamente buscando y muriendo por alcanzar la libertad.

Así que eso es lo que significaba ser un individuo en Occidente: cuando aprendes a leer, cuando aprendes a trazar carreras en tu cabeza y dejar que tu lengua hable del futuro... Tu color favorito está plasmado en las paredes coloridas; tus botes de basura se vencen por el peso de los sándwiches a medio comer y los plásticos de las cajas de tus muñecas Barbie.

Con todo, el individualismo es un privilegio más allá de lo que cualquier ciudadano de occidente típico puede imaginar. Ser un individuo es ser alguien a quien vale la pena recordar. Negarle a alguien ese derecho solo en función de dónde les tocó nacer o borrar sus identidades de la misma suerte en que sus vidas pudieran representarse con marcas de lápiz, no solo hiere a alguien como Yeonmi. Es una crueldad.

Elly, una chica sudcoreana de 17 años presente entre el público, lloraba. Nacida en una familia de clase media en Corea del Sur, Elly se dio cuenta de que su vida fue privilegiada y hasta pintoresca; en contraste con la historia de opresión sistemática y la censura a la que se enfrentó Yeonmi. Pensaba en cómo se atascaba de pastelillos coreanos en los mercados callejeros cuando tenía 5 años, mientras Yeonmi rebuscaba en los bosques y se conformaba con comer libélulas y grillos para sobrevivir. Elly pensaba que, de haber nacido justo al otro lado del río, su vida hubiera sido muy similar a la de Yeonmi.

Al escuchar la historia de Yeonmi, Elly descubrió que, si bien sabía del veto en el acceso a las tecnologías y la falta de libertades en Corea del Norte, no estaba consciente del nivel del sufrimiento por el que los norcoreanos habían tenido que pasar para escapar. La brutal violencia y la explotación sexual descritas por Yeonmi la llevaron a concluir que tenía un gran apetito por saber más sobre la situación en Corea del Norte. Pero con esta noción, también le llegó un estremecedor sentimiento de culpa por su falta de conocimiento y un deseo de ayudar, lo cual compartían todos en el público.

Sin embargo, el viaje no fue la única penuria que Yeonmi tuvo que enfrentar. La ruta hacia su recuperación también era evidentemente difícil.

Las víctimas de violación a menudo se sienten marginadas de la sociedad y enfrentan dificultades en su recuperación del trauma que les dejaron sus victimarios. Además, destaca la abundancia de estereotipos sociales en los que se pinta a los norcoreanos como vulgares y depredadores de su propia gente. Contar una historia como la del abuso sexual de Yeonmi requiere de coraje auténtico y gran determinación.

Con un crecimiento exponencial de la tensión en la zona desmilitarizada en la península coreana en el mandato de Kim Jong Un en la década pasada, el aumento en las pruebas de misiles y las divisiones políticas internas han crispado más los ánimos en la Tierra de la calma matinal (como se le conoce a Corea del Sur). La increíble resistencia de Yeonmi, así como su persistencia ante la dureza, ejemplifican la extrema política interna de Corea del Norte. Los campos de detención y las ejecuciones de opositores políticos han recibido las críticas de grupos civiles internacionales y las Naciones Unidas.

Los campos de concentración

El padre de Park fue encarcelado en un gulag (campo de concentración) norcoreano, también conocido como "kwanlisos". De acuerdo con un reporte de la ONU de 2016, más de 120 mil opositores a Kim han sido encarcelados en estos campos estilo nazi. Los prisioneros, desprovistos de los derechos humanos más básicos y sin atención a sus necesidades, a menudo padecen de hambre y son azotados y golpeados.

Debido a esas condiciones salvajes, cientos de miles han fallecido en estas "atrocidades abominables" cometidas por el régimen norcoreano. De hecho, de acuerdo con imágenes satelitales, se calcula que un famoso centro de detención, el Campo 25, ha crecido al doble desde 2014. Crímenes tan inocuos, como el contrabando de DVD occidentales, puede resultar en una condena de por vida en un campo de trabajos forzados. La conmovedora forma en que Yeonmi describió a su padre, un funcionario del gobierno de bajo rango, captura la dimensión humana de estos campos.

Casi al final de su narración, Yeonmi expresó su mayor temor en su repudio al gobierno norcoreano. Apenas hace unas semanas, el medio hermano de Kim Jong Un murió envenenado luego de haber desertado. Por años, Yeonmi sostiene que, aunque hay paranoia entre los desertores norcoreanos, ella ha podido mantener su optimismo gracias a su redescubierta fe en la humanidad. Su constante convicción y su activismo en pro del cambio de las dinámicas de la política en Corea del Norte son inspiradores.

Cuando terminó su discurso, lágrimas rodaban por los rostros de todos y alguien pasó pañuelos desechables para enjugarlas. La crudeza de su historia y su generosidad al compartirla nos fascinaron y conmovieron.

¿Cómo puedes responder a alguien... cómo puedes tener empatía con alguien que vio cómo violaban a su madre, que enfrentó la muerte con apatía y que se sintió tan aterrada en su propio país que prefirió ponerse un cuchillo en el cuello antes de tener que regresar?

Para terminar, Yeonmi contestó algunas preguntas al público. La pregunta final fue sobre cómo los activistas jóvenes pueden ayudar a cambiar las cosas. Su respuesta fue sencilla: el dinero no importa; se trata más bien de crear consciencia de que esto se trata de la esclavitud, de un tema de derechos humanos; y de que los norcoreanos deben recibir información que les demuestre que hay otras opciones.

Ella dijo que a menudo le preguntan de dónde es, de Corea del Sur o Corea del Norte, y miró con azoro a un público que considera que escapar del régimen norcoreano debe ser imposible. Y aunque Corea del Norte es quizá la mayor amenaza a EU debido a su dictadura, hay una enorme falta de conciencia sobre las violaciones a los derechos humanos en ese país.

Por eso estoy aquí y cuento mi historia pues la gente no sabe lo que le pasa a mi pueblo allá.

Lo que necesitamos hacer es hablar sobre Corea del Norte como un tema que atañe a toda la gente y pedir a nuestros gobernantes que se unan con nosotros para conseguir la liberación de los norcoreanos. Y, más que nada, dijo Yeonmi Park, la única manera en que las cosas cambien es consiguiendo que los norcoreanos se den cuenta de que son esclavos y de que existe el individualismo.

Yeonmi Park finalizó hablando de su felicidad de ahora y de que su mayor sueño sería ir a casa. Extraña mucho la conexión de los norcoreanos con la naturaleza y las interacciones cara a cara que van desapareciendo con la continua presencia de la tecnología en el mundo desarrollado. "No tengo grandes sueños ahora", aseguró.

Cuando tenía su edad, todo lo que quería era una gran bolsa de pan caliente. Ahora que estoy aquí, ¿cómo es que no podría estar feliz y agradecida?.Yeonmi al hablar al público en la conferencia.

En 2015, Yeonmi Park publicó su autobiografía Para poder vivir: el viaje de una chica norcoreana a la libertad. Actualmente ella estudia economía en la Universidad de Columbia y su mayor deseo para cuando cumpla 23 es conocer a Leonardo DiCaprio y eso se le cumplirá estos días. Nos sentimos honrados de poder compartir su historia y esperamos que ustedes también la compartan para ayudar a Yeonmi Park en su misión de crear conciencia sobre el abuso a los derechos humanos en Corea del Norte.

Aquí un video con extracto de su historia:

Este artículo fue publicado originalmente en The Huffington Post y posteriormente fue traducido y editado para su mejor comprensión.

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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