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Los políticos y su vida 'normal': el más grande y falso espejo de la realidad

15/01/2018 7:00 AM CST | Actualizado 15/01/2018 7:00 AM CST

Facebook:lopezobrador.org.mx y RicardoAnayaC. Instagram: joseameadek

¿Se acuerdan del anuncio de la casa de la abuela del presidente Peña Nieto donde comía charales con huevo o pan con nata? ¿O cuando Fox intentó subirse a una patineta durante su campaña? Seguramente como estas historias han visto en la tele que Juana Cuevas, esposa de Pepe Meade, fue al super para comprar las cosas para la cena de Navidad o que a don López Obrador le cortaban el pelo estilo casquete corto de niño. El otro día por la tarde francamente andaba muy preocupado porque Anaya no hubiera ido a recoger a su hijo a la escuela por culpa de sus actividades proselitistas.

Y es que las estrategias de comunicación política de los candidatos nos muestran su historia, su familia y sus actividades cotidianas con miras a humanizarlos. Que nos cuenten que tienen vidas normales y realizan cosas mundanas para que veamos que son como nosotros. Pero la realidad es que los políticos mexicanos no son como nosotros.

Con frecuencia se lee en redes que los gobernantes están alejados de las personas, que lo que dicen no tiene ningún sustento en la realidad del país, que las cifras económicas o de seguridad no se parecen a lo que nosotros vemos en nuestro entorno cotidiano. Pero más allá de manipulaciones burdas a los datos por parte de políticos, o incuso el sesgo de selección de cada persona —ese que hace a la gente equiparar toda una región vasta con su pequeño entorno como explicara el nobel de economía Daniel Kahneman en su libro de Thinking, Fast and Slow— el sistema político mexicano es bastante distante de la ciudadanía.

Lo es, esencialmente porque ha cerrado los caminos ciudadanos en la búsqueda de mantenerse en el poder. Es complejo hacer un nuevo partido político, un viacrucis llevar una iniciativa de ley a aprobarse si no eres político, aún más difícil competir como un ciudadano por un puesto de elección popular. Todo el sistema de partidos está diseñado para que los ciudadanos no participen en él.

'Órdenes de acceso limitado' le llamaron los teóricos políticos Douglas North, John Joseph Wallis y Barry Weingast a los regímenes donde el Estado no tenía un control adecuado de la violencia y las élites debían organizarse entre ellas para mantener la estabilidad (2009). Estos grupos se dividían el control de la economía con miras a obtener rentas que les hicieran más provechoso compartir el poder que luchar por monopolizarlo. Es así que surgían grandes empresarios, sindicatos y organizaciones sociales vinculadas al gobierno y amparadas de la competencia por el mismo Estado.

Este capitalismo de compadres no es exclusivo de México, pero aquí se ha manifestado a lo largo de toda nuestra historia.

El traslape de este poder económico con el poder político es lo que otros economistas como Luigi Zingales han denominado capitalismo clientelar ('crony capitalism') (Rajan y Zingales, 2003; Zingales, 2012). Una simbiosis –donde el éxito empresarial depende de las relaciones cercanas con el gobierno –que afecta la política y la economía de los países, pero también hace comparsa a los medios de comunicación, captura a los reguladores y a los intelectuales, fomenta el urbanismo caótico e incentiva la desigualdad y la falta de movilidad social, todo en un entorno de poca competencia en los mercados. A grandes rasgos, favorece a la élite empoderada con rentas monopólicas extrayendo lo que los economistas llaman el excedente de los consumidores.

Este capitalismo de compadres no es exclusivo de México, pero aquí se ha manifestado a lo largo de toda nuestra historia, y solo se cambiará con mejores políticas públicas y con mayor competencia en los mercados. Para ello, es indispensable que los ciudadanos tomen el toro por los cuernos y jueguen el rol de decisores al momento de llegar las elecciones. Si bien los mexicanos contamos con pocos instrumentos de participación ciudadana, es muy relevante hacer valer los pocos que tenemos.

A pesar de lo que digan, la democracia electoral mexicana se ha blindado bastante contra las prácticas corruptas de antaño, y aunque sigue existiendo mucha manipulación de los ciudadanos acarreados a votar con prebendas, o ahora con monederos electrónicos, el resultado de las elecciones es incierto.

Por eso los candidatos lanzan miles de spots buscando convencer a los votantes de que son la mejor opción, aun si estos anuncios solo les desean feliz Año Nuevo, les cuentan que jugaban fútbol de niños con unas piedras como porterías o que les importa tu familia como la suya (que aparece en ese momento en pantalla). Pocas veces exponen realmente cómo resolverían los múltiples problemas del país y mucho menos cómo van a pagar por dichas políticas públicas.

Solo cuando los mexicanos cuestionemos la factibilidad de las propuestas de los candidatos se podrá ir dejando, poco a poco, los miles de anuncios vacíos y ese capitalismo clientelar que hace que el mundo de los políticos no sea para nosotros el espejo de la realidad.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.