EL BLOG

El Gran Premio y la baja autoestima nacional

La única manera de convencer al mexicano de que vale la pena serlo es que un extranjero se lo diga.

31/10/2016 7:48 AM CST | Actualizado 03/11/2016 8:49 PM CST
MARÍA JOSÉ MARTÍNEZ /CUARTOSCURO.COM

La Fórmula 1 es una validación. Como tomar café de Starbucks. Como llenar nuestros posteos en Instagram de hashtags en inglés. O como encumbrar a Roger Waters cuando critica a Peña Nieto. Se asigna a otros lo que tendría que ser nuestro.

El primer mundo es para nosotros una utopía en forma de bandera a cuadros. Construimos las premisas al revés. El proceso correcto sería que estuviéramos ahí, entre los países que mueven al mundo, y que por eso viniera. Pero ocurre lo contrario. Porque llega aquí imaginamos que lo estamos. La filosofía popular nos ridiculiza. Somos ese mono que aún vestido de seda, o del nomex que usan los pilotos de Fórmula 1 para protegerse de los incendios, mono se queda.

La cultura del servicio tiene su costo. Al mexicano se le califica de gran anfitrión. Los extranjeros siempre se van con una sonrisa. Nuestras mujeres los admiran, su moneda vale mucho, acampamos la noche previa a la apertura de Krispy Kreme y convertimos el show de la Fórmula 1 en la Ciudad de México en el evento del año. Somos serviciales hasta como consumidores. Los seguimos a donde vayan. Ellos llegan. Nosotros nos encargamos del mame.

(El mexicano) va a los eventos en México con la jerarquía social como prioridad. Para postearlo en Facebook. Para que sus amigos no le restrieguen en la cara que ellos sí estarán ahí.

Va más allá de las falsas teorías. Enric Corbera, especialista en bioneuroemoción, relata que México es el país con peor autoestima nacional que conoce. Los deseos de atender mejor que cualquiera. El mande en vez del qué. El sombrero de charro, la anforita de tequila y los huaraches de la afición futbolera cada Mundial. Gritos desesperados que piden aprobación. Haciendo reír, rindiendo pleitesía o jugando a ser lo que no somos. Como el perro que busca la atención de su amo.

Que no se malinterprete. Un mexicano puede ser aficionado a la Fórmula 1, a la NFL o al rugby. Y si en verdad lo es, hace lo que está a su alcance para vivirlo. Viaja de fin de semana a Estados Unidos para ver un Sunday Night. Ahorra para ir al Gran Premio de Mónaco. Se apunta de voluntario. Pero a los eventos en México va con la jerarquía social como prioridad. Para postearlo en Facebook. Para que sus amigos no le restrieguen en la cara que ellos sí estarán ahí. Para no sentirse ajeno a las redes. Es, otra vez, una cuestión de aprobación. Unos se conforman con estar. El resto paga boleto VIP. Para convivir con la sextuitera que hoy es la más devota amante del automovilismo, con el influencer que todos siguen y con las modelos que por un momento te hacen pensar que estás en Europa. Minutos que valen oro. Y que gustosos pagamos para sobresalir.

La Fórmula 1 es otra manera de gritar el sí se puede. Y sí que podemos. Porque por dinero no paramos.

La única manera de convencer al mexicano de que vale la pena serlo es que un extranjero se lo diga. Por eso millones entraban en éxtasis cuando Juan Pablo II se decía mexicano. Si él lo decía, algo de valor debía tener. Destrozamos a Hugo cuando habla de mentalidad destructiva, pero idolatramos a Pelé y Maradona por la paja demagógica que coloca a México como el país de sus amores. La falta de autoestima empieza en Los Pinos. Trump quiere muros y apestados. Peña Nieto construir puentes solidarios que beneficien a ambas naciones. Al presidente lo destruimos por el agravio, pero nosotros, en nuestra escala y posibilidades, tenemos también la sumisión como modo de vida.

El resultado deportivo es lo de menos. El gobierno lo entiende bien. La mayoría de los mexicanos no quiere ser, sino parecer. La Fórmula 1 y la NFL ayudan a la tarea. También los conciertos gratuitos de Justin Bieber, Paul McCartney y Pink Floyd. O los centros comerciales, que en diciembre volverán a vivir el esplendor de una Navidad que para los primeros días de enero tendrá a nuevos pobres en la lista.

La Galería VIP del Gran Premio de México

La Fórmula 1 es otra manera de gritar el sí se puede.Y sí que podemos. Porque por dinero no paramos, porque las validaciones de terceros son más poderosas que las transformaciones propias. Un país con autoestima alta saldría a conquistar el mundo; uno con baja, espera a que lo conquisten. Aquí seguiremos, esperando a los caballos de los españoles, a los bólidos de Ecclestone y a los Raiders de Oakland. Siempre serviciales. Incluso como consumidores.


Lee mis publicaciones diarias en Medium

Dale like a mi fanpage

Y sígueme en Twitter

También te puede interesar:

- Lo que hará Felipe Massa luego de la Fórmula 1.

- La esencia sibarita de la F1.

- El triunfo de Hamilton en el Gran Premio de México.

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.