EL BLOG

Por medio de la OEA y la crisis en Venezuela, México le apuesta al liderazgo regional en América Latina

22/06/2017 8:00 AM CDT | Actualizado 22/06/2017 11:46 AM CDT
Carlos Jasso / Reuters
Luis Videgaray, secretario de relaciones exteriores de México.

Del 19 al 21 de junio se llevó a cabo en Cancún el 47°periodo de sesiones de la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos (OEA). Este encuentro, que reunió a cancilleres de los 34 estados miembros, así como a delegados de países observadores y representantes de la sociedad civil, culminó sin éxito al no alcanzar su cometido, que era la aprobación de alguna de las dos 2 resoluciones relacionadas con la crisis en Venezuela.

De estas, la impulsada por México y otros Estados de la región como Colombia, Argentina y Chile, pedía al gobierno de Nicolás Maduro "reconsiderar" la celebración de una Asamblea Nacional Constituyente, además de solicitar la liberación de presos políticos y, sobre todo, establecer una mesa de diálogo entre la oposición y el oficialismo.

Durante estos días, mucho se ha hablado del fracaso de la diplomacia mexicana en el intento de asumir el liderazgo para la búsqueda de un consenso, al no lograr reunir los 23 votos necesarios para la aprobación de la resolución, misma que contaba con el consentimiento del secretario general Luis Almagro. A pesar de ello, México sumó el apoyo de 6 países, como Guyana, Jamaica y Bahamas, que no figuraban en el proyecto inicial de los 14 (los estados que desde 2014 cuestionan la existencia de un régimen democrático en Venezuela). Por otro lado, la abstención de Ecuador, El Salvador y República Dominicana, por mencionar algunos, llamó la atención debido a su estrecha relación con el país bolivariano.

Lo que es cierto, es que para poder asumir un liderazgo regional ya sea en materia política, social y hasta moral, es necesario predicar con el ejemplo.

La postura de la cancillería mexicana en torno a este conflicto estuvo encaminada, durante los últimos meses, a retomar la figura de México como líder regional, especialmente como mediador de conflictos políticos y sociales en el continente americano y en particular en América Latina.

En lo que a esto respecta, hace algunas décadas (en los 80) México hacía lo propio a través del Grupo Contadora, donde en conjunto con Colombia, Panamá y la propia Venezuela, buscaron plantear una hoja de ruta para promover la paz en Centroamérica. Ahora, en relación a la crisis en Venezuela, la intención de México de retomar el liderazgo político regional es tanto deseable como pertinente. Si bien es cierto que la política exterior mexicana se apoya en los principios de no intervención y de respeto a la soberanía de las naciones, también descansa en otros principios vitales como la solución pacífica de controversias y la lucha por la paz y la seguridad internacional.

Es menester puntualizar que la participación en iniciativas como la resolución del grupo de los 14 en la OEA no se traduce en un alejamiento de la Doctrina Estrada (de la autodeterminación de los pueblos y de la no intervención) ni de la Doctrina Carranza (de la igualdad soberana de las naciones y del uso de la diplomacia). Es verdad que, por un lado, se trata de un intento por ampliar horizontes más allá del tradicional enfoque pro Norteamérica, a raíz de la tensa relación bilateral con Estados Unidos desde que Donald Trump asumiera el poder como presidente.

Así, se emprende la tarea de retomar viejos liderazgos que den un respiro rejuvenecedor a nuestra política exterior. Pero, por otro lado, es un deber de todo miembro de la Organización de los Estados Americanos, recordando que la misión principal de la OEA es fomentar y asegurar la paz en el continente americano, tomando como base la Carta Democrática Interamericana, una especie de "constitución de las Américas".

La política exterior debe ser congruente con la política interior de un Estado, no la puede contravenir.

Lo que es cierto, es que para poder asumir un liderazgo regional ya sea en materia política, social y hasta moral, es necesario predicar con el ejemplo.La política exterior debe ser congruente con la política interior de un Estado, no la puede contravenir.

La mediación no implica intervencionismo, tampoco irrespeto de la soberanía, toda vez que es una herramienta diplomática (formalizada como parte del Derecho Internacional a partir de la Paz de Westfalia de 1648) que busca coadyuvar a la solución de controversias.

En este sentido, el activismo de México en temas como las negociaciones de paz entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el gobierno de ese país; o en el proceso de restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba; o en la crisis en Venezuela, son señales de que la Política Exterior Mexicana como actor destacado en temas de cooperación y liderazgo latinoamericano, está presente, quizá aún latente, pero al final presente.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

También te puede interesar:

- 4 claves para entender la crisis diplomática entre México y Venezuela

- Delcy Rodríguez dejará la cancillería

- "Asesinos, asesinos" gritan opositores venezolanos en Asamblea de la OEA