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Tus derechos como mujer no deben depender de tus aportes a la humanidad

08/03/2017 10:00 AM CST | Actualizado 08/03/2017 1:39 PM CST

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Los derechos por los que luchamos son derechos inalienables; es decir, derechos que nos corresponden por ser personas.

El Día Internacional de la Mujer se ha convertido en catalizador de reportes y noticias que ponen en evidencia la desigual distribución del poder -social, económico y político- entre los hombres y las mujeres. También es una excelente oportunidad de emitir declaraciones que apelan a remediar esta situación, que abogan por la equidad de género, por la inclusión de la mujer, por la protección de sus derechos.

Es una lucha de todos los días, no solo del 8 de marzo, pero personalmente considero que las fechas son importantes para recordarnos acontecimientos y causas que nos interpelan a la indignación y a la acción. Lo que me entristece siempre que leo estas declaraciones, es el mensaje implícito -no intencional en muchos casos- de que mis derechos políticos, cívicos y económicos son condicionados a mi utilidad para la sociedad o a mi pureza angelical en una sociedad de hombres imperfectos. Me explico.

A inicios de enero de este año, la OCDE presentó su informe, Panorama de la Sociedad 2016 Un Primer Plano sobre los jóvenes, en el cual se constata que las jóvenes mexicanas tienen cuatro veces más probabilidad de ser ninis, comparando con los varones. Y la organización añadió que las mujeres eran el recurso más subestimado de México. En febrero leo una entrevista con Monique Morrow, directiva de Cisco, una mujer con presencia fuerte en el mundo de tecnología, y la declaración que el periódico resalta es la siguiente: "Todos los estudios señalan que la inclusión genera beneficios empresariales. Se calcula que la igualdad de la mujer en el mercado de trabajo podría producir más de 8 billones de euros de beneficio mundial".

No tenemos que ser excepcionales, inteligentes o trabajadoras para reclamar estos derechos.

Estamos tan acostumbrados ya este tipo de argumentación que incluso las mujeres adoptamos este discurso de justificar nuestros reclamos de igualdad con lo que podemos aportar a la humanidad: dinero, inteligencia, entrega y sacrificio; todo ello cuantificable en pesos, dólares o euros. Muchas de mis amigas, colegas y conocidas me envían mensajes ¿de aliento? que nos retratan a las mujeres como ángeles entregadas a hacer de este mundo un lugar mejor. Las políticas públicas focalizadas en las mujeres se justifican porque debemos menos a los bancos o porque invertimos más trabajo y dinero en la familia.

En el año 1998 en su famoso ensayo sobre las mujeres y la evolución de la política mundial, Francis Fukuyama afirmó que el mundo será cada vez más pacífico, porque cada vez más mujeres tomarán decisiones en foros internacionales, y las mujeres somos por naturaleza menos agresivas que los varones. ¿Un excelente argumento para abogar por mayor presencia de las mujeres en los organismos internacionales y en altos cargos de gobiernos nacionales? NO.

Los derechos por los que luchamos son derechos inalienables; es decir, derechos que nos corresponden por ser personas. No están condicionados a ser ángeles o a ser recurso que produce riqueza para las familias y para la economía mundial. No tenemos que ser excepcionales, inteligentes o trabajadoras para reclamar estos derechos. El justificar el derecho a la igualdad con las ganancias para los demás, es negarnos el valor que tenemos como personas. El imperativo categórico de Kant es cualquier proposición que refiere una acción que es necesaria, que es fin en sí mismo, no un medio para alcanzar otras metas. La igualdad de género es imperativo categórico, no es un medio para el desarrollo económico, el combate a la pobreza o la promoción de la cultura de paz. El ser humano, para Kant, siempre debe ser el fin en sí mismo. Las mujeres somos seres humanos, fines en nosotras mismas. No somos medios para el bienestar de otros.

Las palabras forman la conciencia, y mientras justifiquemos el reclamo de nuestros derechos con los beneficios para los demás, nuestra libertad será precaria, y la igualdad, ilusoria.

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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