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El mensaje de la Marcha de las Mujeres no debe limitarse a un presidente o a un país

23/01/2017 10:29 AM CST | Actualizado 23/01/2017 11:45 AM CST

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El sábado, cientos de miles de personas nos unimos alrededor del mundo en solidaridad a la Marcha de las Mujeres de Washington D.C. Actualmente, estudio un posgrado en Londres, por lo que decidí unirme a la réplica de la marcha en esa ciudad. Asistí con dos buenas amigas de la residencia donde actualmente vivo, una de la India y otra de Japón, con quienes el sábado, gracias a la marcha, compartí algo más en común que ser estudiantes internacionales: ser mujeres listas para alzar la voz y defender nuestros derechos.

A las 11 de mañana salimos de la residencia. No necesitamos caminar mucho tiempo para darnos cuenta que no sería necesario seguir el mapa de la ciudad en el celular para llegar a la Embajada de Estados Unidos, primer punto de reunión de la Marcha. Los gritos de la gente que ya estaba congregada se oían a calles de distancia, grupos de mujeres salían de las estaciones del metro, uno tras otro. La mayoría usaban "pussy hats" y cargaban pancartas en donde la creatividad para manifestarse contra Donald Trump y demandar los derechos de las mujeres era infinita. Fue suficiente con entregarnos a la inercia de la energía de las mujeres que caminaban decididas a tomar las calles de Londres para encontrar nuestro destino.

A pesar de la baja temperatura que amenazaba con congelar nuestros pasos, a la 1 de la tarde, la presencia de miles de personas cubría las calles de los alrededores de la embajada mientras otras esperábamos impacientes en el Grosvenor Square, un parque de la zona, para emprender la marcha alrededor de la ciudad camino a Trafalgar Square. Después de unos minutos, finalmente nos movimos. Entre la multitud era posible ver personas de todas las edades, razas, sexo y nacionalidades. Grupos de mujeres mayores que nos enseñaban a las jóvenes que la lucha por nuestros derechos era una lucha incansable que podía durar toda la vida; niñas y niños con rosas blancas en las manos quienes acompañaban a sus padres y madres para pedir un futuro en el que prevalezca la tolerancia y el respeto.

Grupos de mujeres mayores nos enseñaban a las jóvenes que la lucha por nuestros derechos era una lucha incansable que podía durar toda la vida.

Al canto de consignas en contra de la presidencia de Trump y demanda inmediata de igualdad, mis amigas y yo caminábamos por la ciudad mientras reflexionábamos sobre las razones por las que marchábamos. Como mujeres jóvenes, profesionista y en edad reproductiva, participar en la marcha no solo fue un acto de solidaridad con las mujeres estadounidenses en contra de las declaraciones sexistas, racistas, homofóbicas y xenofóbicas que el actual presidente de Estados Unidos emitió desde el inicio de su campaña electoral, fue un llamado de alerta y unión a la defensa internacional de los derechos humanos de las mujeres por la eminente influencia del softpower estadounidense en la política internacional y nacional de casi cualquier país.

Marchamos porque el mensaje de la Marcha de las Mujeres no debe limitarse a un presidente o a un país, es vigente en todos aquellos Estados en los que la desigualdad social, económica, religiosa, racial, estatus migratorio y orientación sexual determinan el goce de nuestros derechos. Porque es indignante que en pleno siglo XXI, nuestra realidad como mujeres es una paradoja de avances y retrocesos en donde a pesar del desarrollo tecnológico, vivimos en una lucha diaria por el ejercicio de nuestra libertad económica, política, sexual y reproductiva en un contexto libre de violencia.

En muchas ocasiones, las mujeres víctimas de violencia no encuentran justicia y las niñas no tienen acceso a educación.

Marchamos porque para las mujeres los techos de cristal limitan nuestras aspiraciones profesionales, el acceso a servicios de salud sexual y reproductiva es restringido, en específico métodos anticonceptivos y servicios de aborto seguro. En muchas ocasiones, las mujeres víctimas de violencia no encuentran justicia y las niñas no tienen acceso a educación.

Debido a la gran cantidad de personas que estaban delante de nosotras, mis amigas y yo no pudimos llegar a Trafalgar Square a escuchar los discursos que artistas y activistas dirigían a las y los presentes, pero no fue necesario. Todas sabíamos las razones que nos llevaron ese día a unirnos a una movilización feminista internacional liderada por mujeres.

(VIDEO: Así se vivió la marcha en Londres)

Para nosotras, el 21 de enero de 2017 será recordado como el día que las mujeres marcharon en Washington D.C. y muchas otras las acompañamos en solidaridad para asegurarnos que sus pasos se escuchen en todo el mundo. Porque mientras existan políticas y personas que obstaculicen, nieguen y amenacen el goce de los derechos humanos de las mujeres y les impidan desarrollar y vivir su máximo tendremos razones para alzar la voz y marchar.

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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