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Crónica de un adorable destripador

15/08/2017 6:00 AM CDT | Actualizado 15/08/2017 6:00 AM CDT

Getty Images/iStockphoto
"Te desplazas a capricho transformado en polvo de estrellas".

Esta es una más del destripador y no precisamente de aquel rancio inglés, llamado Jack. Hablo de otro más famoso y protagónico de todos los tiempos.

Vertiginoso, sorpresivo, versátil, intangible y caprichoso...

Increíble cómo el amor nos descuartiza; nos rompe en pedazos el ser, el entendimiento y la voluntad. Nos tiene a su merced, nos hace como le viene en gana.

No es una cuestión de entenderlo; tienes que sentirlo para descubrir cómo habita en ti y que no es sudor lo que transpiras por los poros.

Abres los ojos que nunca se han cerrado, viajaste al infinito sin necesidad de un cohete supersónico.

Cada latido retumba entonado un estribillo que se repite eterno. Un canto incesante, un himno a tu divinidad.

Si te fijas realmente, no importa si ahora trabajas, si caminas, si escribes o lees; puedes escucharlo sin necesidad de detener tu actividad. Basta solo un instante para percibir su armónica inmensidad.

Entonces sentirás cómo trepa juguetón por tu garganta, anudándola de felicidad.

¡Espera! ¡NO te muevas! Quédate ahí. Respíralo, absórbelo, digiérelo.

¿Puedes ver la magia?

Es él.

Ha salido de su trinchera y cambia de vestimenta.

Es movimiento trémulo que se apodera de tus manos, es cristal líquido que se agolpa en tus pupilas, el escalofrío que en su recorrido, electrocuta tus células; el vital oxigeno que infla tus pulmones.

Entonces te cae el veinte: es tu alimento, lo que te mantiene vivo. La epinefrina que aumenta tu presión sanguínea. Se te abren compuertas en la espalda y te brotan unas magníficas alas.

El cuerpo queda a expensas de la fuerza de gravedad. Inocente y desdichado esclavo a su grillete, se estaciona inerte en el plano de lo imperfectible; en la monótona y cansina mundanidad.

¡Esto sí que es libertad!

No necesitas moverte de donde estás.

Nunca fue tan fácil viajar a la atemporalidad.

Te desplazas a capricho transformado en polvo de estrellas.

Suspendido danzante; cadencioso amante de galaxias coloridas y negros agujeros.

Millones de recién nacidos soles lanzan petardos que se impactan en tus párpados.

Abres los ojos que nunca se han cerrado, viajaste al infinito sin necesidad de un cohete supersónico; estás de vuelta. Y si te fijas de nuevo, algo en tu visión ha cambiado, enfoca bien, parpadea varias veces si es necesario.

A qué se vino a esta vida si no es a disfrutarla y a reconocernos en el amor, que nos devuelve el reflejo en el espejo del prójimo.

Imposible no percatarte si has despertado.

Y ¿lo mejor?

Esta bendición la llevas en el bolsillo.

Úsala tan seguido como quieras, juega con ella y conviértete en niño.

A qué se vino a esta vida si no es a disfrutarla y a reconocernos en el amor, que nos devuelve el reflejo en el espejo del prójimo.

Me rebelo con todas mis fuerzas a la anacrónica noción católica del arrepentimiento y aquel "valle de lágrimas", siniestro.

Vivir en vida es tan fácil como prestar atención; pero que sea esta, una INMENSA atención —casi científica, matemática y precisa— a todo lo que sucede, dejémonos sorprender por las fibras que nos toca; dejémonos envolver por el abrazo del universo que nos rodea y actuaremos en consecuencia.

Ya lo dijo Daniel Pinchbeck, (autor de How Soon is Now?, 2012: The return of Quetzalcóatl, entre otros), en Twitter: "El universo pretende estar compuesto de materia, pero secretamente se compone de amor".

@changeurperception on instagram

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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