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¡Devuelvan nuestro tiempo libre!

08/01/2017 8:30 AM CST | Actualizado 08/01/2017 8:30 AM CST

Shutterstock / Maslowski Marcin

Estamos todavía a tiempo. Antes de que nos ahoguemos entre tantos correos, mensajes, textos, artículos, videos y notificaciones, alguien, por fin, está tomando medidas radicales para protegernos de nuestros teléfonos y demás medios de comunicación instantánea.

En efecto, el gobierno francés está introduciendo nuevas normas para prohibir que los patrones envíen, y que los empleados reciban, emails fuera de los horarios de trabajo. Más de la tercera parte de los trabajadores franceses reporta que utiliza sus aparatos para cumplir con su trabajo fuera del horario laboral, y el 60 por ciento desea que haya limitaciones de algún tipo. Están bajo discusión varias opciones, incluyendo que se autodestruyan los mails extemporáneos.

No es casualidad que esta espléndida idea se esté implementando en Francia, país que, ciertamente en opinión de los intelectuales franceses más sesudos, es el país más inteligente del mundo. Como todos sabemos, Francia lleva más de dos siglos diciéndole al resto del planeta cómo se debe pensar, hablar, vestir, amar, comer y beber, y lamentando que nadie siga su ejemplo como en los buenos viejos tiempos de Louis XIV. Sin embargo, con esta nueva iniciativa, Francia vuelve a ubicarse en la cúspide de la inteligencia humana.

Alguien, por fin, está tomando medidas radicales para protegernos de nuestros teléfonos y demás medios de comunicación instantánea.

A nadie debe sorprender la delicadeza, para no decir exquisitez, de la población francesa en esta materia. Habiendo conseguido una semana laboral de 35 horas desde hace varios años, están decididos a no pasarse por un solo minuto. Así lo dictamina su generosa filosofía de la vida, que tanta envidia provoca en otros países.

Pero es evidente que si siguen así, dentro de poco empezarán a contar como tiempo extra las horas que pasen en desplazarse entre su casa y el trabajo, así como el tiempo gastado en comprar ropa para ir a trabajar, en desayunar antes de ir a trabajar, y en dormir después de trabajar. Con todo ello podrán fácilmente cobrar lo doble de su sueldo actual, sin preocuparse por tener que trabajar más. Y, una vez más, el resto del mundo quedará asombrado por lo que se ha llamado, o mejor dicho lo que ellos han llamado, la excepción francesa.

Desde que me enteré de esta gran noticia, me he preguntado cómo se podría aplicar esta maravillosa medida en el resto del mundo. El primer problema que veo es que no conozco a nadie que no viva encadenado a su teléfono. Las personas que me rodean —colegas, amigos, familia— no solo trabajan todo el tiempo, de día y de noche, sino que se jactan de ello. Y entre más trabajen mejor, porque así demuestran que son indispensables e importantísimos, y que el mundo se detendría si no estuvieran siempre disponibles. Antes, solo los médicos tenían emergencias fuera de sus horarios de trabajo; ahora, hasta los técnicos en computación atienden llamadas urgentes y tienen que estar disponibles en todo momento. Todos nos hemos vuelto indispensables... ¿O será que nos gusta pensarlo?

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Asimismo, hemos perdido por completo la noción de tiempo libre, o sea, la separación entre trabajo y asueto. Nos sentimos obligados a estar conectados siempre, "por si sucede algo". Por supuesto, nunca falla: cada tarde, surge alguna tarea urgentísima que no puede esperar hasta el día siguiente. ¡Cómo extraño esa era lejana, cuando podíamos contestar una carta una semana después, regresar una llamada el día siguiente, irnos a casa en la noche sin pendiente alguno!

Decididamente (como dicen los franceses), ya es hora de poner fin a todos estos deslices tan desafortunados. De ahora en adelante, voy a usar mi teléfono como fue originalmente pensado, es decir como teléfono. Y si me llegan correos de trabajo fuera de horario, voy a dejarlos dormir tranquilos y felices en su bandeja de entrada hasta que vuelva a ser hora decente. Et vive la France!

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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