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Cuatro tips para que tus hijos sean filantrópicos

02/10/2017 9:00 AM CDT | Actualizado 02/10/2017 11:09 AM CDT
asiseeit via Getty Images

Hace no mucho tiempo tuve la doble suerte de ser mamá a los 26 años. Sí, doble. A esa edad ya tenía un par de gemelitos que me cambiaron la vida para siempre y respondiendo a las preguntas que oigo todo el tiempo:

  • Sí, son idénticos
  • Sí, a veces los confundo
  • Si, tengo las manos llenas (pero el corazón desbordado de amor -jaja- a veces)
  • Sí, hay gemelos en mi familia
  • Sí, fueron naturales (o sea, sin tratamiento)

Además, coincidió con una época en la que estaba apenas descubriendo mis intereses profesionales. Pero lo que sí tenía muy claro siempre fue que mi vida profesional era fundamental para mantener una vida familiar sólida. A partir de ese momento tenía que empezar a predicar con el ejemplo y aunque para muchas mujeres la maternidad es un espacio para ponerle pausa a los retos profesionales, para mí fue un motor.

En esos momentos ya tenía la fortuna de trabajar en FUNED, una fundación que da becas para maestrías, particularmente en el extranjero.

Y como gran parte de mi trabajo estaba enfocado en platicar con los jóvenes sobre sus planes y aventuras sabía que yo no me podía quedar atrás. Sabía que a pesar de los retos para alcanzar un balance entre mi vida familiar -y ahora como mamá doble- era el momento de hacer un plan y estudiar una maestría.

Muchos de mis amigos me criticaban que quisiera continuar con estudios de posgrado. No veían el sentido de invertir tanto tiempo, dinero y esfuerzo particularmente en una época en que me estaba estrenando como mamá.

Es duro nadar contra corriente, sabes que eres afortunada con lo que ya tienes, pero también, que como dice mi mamá "las oportunidades se pintan calvas y se cuelgan de un pelo". Vivimos en un mundo global y yo sabía que solo con la maestría lograría avanzar con mis metas profesionales.

Mi primer reto era encontrar un programa reconocido, que fuera en una de las mejores universidades del mundo, que me permitiera trabajar, estudiar y tener tiempo con mi familia. ¿Así o más complicada la carta a Santa Claus? Pensé que mi sueño no se iba a poder materializar dada la complejidad de mis necesidades. Hasta que un día mi marido me ayudó en mi búsqueda y descubrió la maestría en estudios filantrópicos, en la Lilly School of Philanthropy de la Universidad de Indiana.

Este programa tenía la ventaja de ser un híbrido para estudiar en línea y tener la posibilidad de ir al campus durante los meses de verano. La tira de materias es de lo más interesante ya que consiste en estudiar el qué y el por qué de la filantropía como un sector fundamental de la sociedad. Y además con la opción de obtener certificaciones en procuración de fondos y administración de organizaciones de la sociedad civil. Suena maravilloso, ¿no?

Pues sí, efectivamente fue una de las mejores oportunidades que he tenido en la vida y que slo fue posible gracias al apoyo incondicional de mi esposo, mis papás y la fundación donde trabajo. Y desde ahí tengo muchos amigos que me preguntan: ¿Cómo podemos hacerle para empezar a enseñarles a nuestros hijos a que tengan una cultura filantrópica?

Con la teoría de lo que aprendí en la maestría y lo que tengo de experiencia como mamá doble siempre les doy estos consejos:

1. La filantropía empieza en casa

La palabra filantropía viene del griego philos, que significa amor, y anthropos, que significa hombre. Por lo tanto, significa amor al prójimo. Por eso, tenemos que enseñarle a nuestros hijos que como familia nos ayudamos y que somos un equipo y este equipo se fortalece ayudando.

2. Como padres tenemos que predicar con el ejemplo

Si en la casa le enseñamos a nuestros hijos que somos respetuosos, que valoramos las opiniones y visiones de los demás y que buscamos tener una convivencia sana, los niños crecerán sintiéndose amados y por ende despertarán el interés de tratar a sus amigos y como se les trata a ellos en la casa. Por otro lado, si los niños ven que los padres hacen trabajo voluntario, pro bono o servicio social, crecerán con ese ejemplo.

3. Son niños, pero aun así tienen que conocer el mundo real

Aunque sean niños es fundamental que desde chiquitos conozcan que existen muchas oportunidades para hacer un mundo mejor. Y aunque toda explicación debe de guardar su debida proporción, es importante siempre hablarles claro y con la verdad. Un ejemplo reciente fue durante el sismo del 19 de septiembre. Los niños vieron que muchos mexican@s perdieron sus hogares, sus negocios y a sus seres queridos. Es fundamental explicarles lo que sucedió porque los niños también desempeñaron un papel importante al donar sus juguetes, su ropita y haciendo dibujos de aliento para los más necesitados. Hablarles con la verdad ayudará a que desarrollen el ser empáticos.

4. Encuentren una causa que los motive como familia

Es importante transmitirle a los niños que dar es un ingrediente fundamental para empezar a establecer una cultura filantrópica. Sin embargo, dar NO es siempre escribir un cheque y dar dinero. Hay que motivarlos a que participen en causas que les llamen la atención y les provoque un sentimiento de solidaridad. Por ejemplo, si como familia disfrutan mucho cocinar juntos, pudieran participar todos como voluntarios en un comedor o en un banco de alimentos. Si a los niños de la casa les gusta leer pueden ser tutores de sus amiguitos o de sus vecinos.

Empezar con nuestros hijos, desde que son chiquitos, a que se forjen una cultura filantrópica es una oportunidad no solo para ellos, sino para toda la familia de conocer e incrementar su potencial y empezar a impactar al mundo positivamente.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.