EL BLOG

Hablemos del aborto dejando de lado los dogmas conservadores

05/01/2017 9:55 AM CST | Actualizado 05/01/2017 10:17 AM CST

Detroit Free Press/MCT via Getty Images

Este 2017 se cumplen 100 años de la Constitución de México, y al mismo tiempo verá la luz la Constitución de la recién creada Ciudad de México. En el debate de este proyecto se han hablado de diversos temas, entre los que destacan la captura de la plusvalía, derechos para comerciantes ambulantes y sexoservidoras, y el reconocimiento del matrimonio igualitario.

Uno de los temas que podría sonar en los próximos días será el del aborto. La Iglesia Católica ya ha empezado a hacer olas desde su semanario Desde la Fe. En el editorial se critica que la Asamblea Constituyente "privilegie falsos derechos a animales e ignore al embrión humano como persona, sujeto de derechos y de potenciales obligaciones".

La posición de la Iglesia Católica es entendible. Su doctrina ve a la vida humana como lo más sagrado, como un regalo de Dios que debe ser protegido. Y si tomamos que una parte fundamental de su creencia es la encarnación del Hijo de Dios como hombre, su interés por la defensa desde la concepción es completamente lógica.

Oponerse al tema por mero dogma es algo que no beneficia en absoluto a la sociedad.

En lo personal, en este tema comparto la postura de la Iglesia Católica. Una persona es un ser humano desde el momento de la concepción, cuando empieza la vida, y debe ser prioridad de un estado defenderla.

Sin embargo, el estar en lo personal en contra del aborto no es incompatible con el que apoye una correcta legislación del mismo.

Si bien la protección de la vida es lo moralmente deseable, en muchas ocasiones no es lo socialmente óptimo; y este es el punto que la Iglesia Católica no termina de entender cuando opina sobre estos temas. Un estado no puede imponer la moral, un sistema de creencias personales, sobre todos sus integrantes; lo que debe hacer es analizar y normar el actuar humano desde el punto de vista ético.

¿Qué debe hacer el estado? ¿Buscar activamente prohibir el aborto y criminalizar a las mujeres que lo hagan?

Partamos de un hecho sencillo: si una mujer quiere abortar, buscará y muy probablemente encontrará la manera de hacerlo.

¿Cómo traer al mundo a una persona que nacerá en condiciones de pobreza o que podrían llevar a ella?

De acuerdo con el estudio Embarazo no planeado y aborto inducido en México (Guttmacher Institute y El Colegio de México, 2013), el 54% de los embarazos no planeados terminó en un aborto inducido, 34% en nacimientos y 12% en abortos espontáneos.

Según el mismo documento la tasa de aborto en el país en 2009 fue de 38 abortos por cada 1,000 mujeres de entre 15 y 44 años. El 36% de esos abortos son clandestinos y ponen en riesgo la vida de la mujer; de hecho, un tercio de ellos muestra complicaciones.

El estudio señala que "las ILE (interrupciones legales del embarazo) practicadas en el DF casi no presentan complicaciones, lo que refleja un marcado contraste con los procedimientos clandestinos que ocurren en el resto del país".

Si una mujer quiere abortar, ¿no es mejor que lo haga en condiciones salubres donde la pérdida de vidas humanas se reduzca a una? ¿O seguimos preservando la criminalización que pone en riesgo también a la madre? ¿Encarcelamos a una mujer que tuvo que tomar la difícil decisión de abortar por circunstancias adversas a su vida?

Es innegable que una correcta legislación reduce los costos sociales y, por lo tanto, es deseable.

Pero la problemática del tema no termina aquí. Incluso quienes defienden el "derecho a decidir" están de acuerdo en que ninguna mujer debería llegar al punto de decidir terminar con su embarazo.

¿Cómo se logrará esto? Hay que preguntarnos por qué una mujer podría querer un aborto.

Si bien la protección de la vida es lo moralmente deseable, en muchas ocasiones no es lo socialmente óptimo; y este es el punto que la Iglesia Católica no termina de entender cuando opina sobre estos temas.

Primero, la causa más considerada por la legislación, es la violación, un tema pendiente en una sociedad global machista. Atacar las causas implica seguir adelante en la defensa de la equidad de género y romper ideas anticuadas: que el hombre tiene derecho sobre la mujer, que las mujeres provocan a los hombres...

También muy considerada, es la viabilidad del embarazo, cuando este pone en riesgo la vida de la mujer.

Las condiciones socioeconómicas también son un fuerte determinante. ¿Cómo traer al mundo a una persona que nacerá en condiciones de pobreza o que podrían llevar a ella? Es necesario continuar con los esfuerzos para reducir la pobreza y la desigualdad.

Finalmente, están causas como "soy demasiado joven", "interfiere con mi plan de vida", "no estoy preparada", y que en el fondo pueden derivarse de una educación sexual y reproductiva incompleta.

Aquí volveremos a encontrar oposición de sectores conservadores con pretextos como "a mis hijos los educo yo", donde la abstinencia es predicada como el único método efectivo para evitar embarazos (que lo es), y deja de lado a los anticonceptivos, opciones consideradas inmorales, pero que con una vida sexual activa son muy efectivas.

La intención de este texto no es dar una solución final al problema, sino que sirva como punto de partida para un debate más serio y profundo. Oponerse al tema por mero dogma es algo que no beneficia en absoluto a la sociedad.

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

También te puede interesar:

- Aceptémoslo, el papa Francisco nunca fue progresista

- Se puede ser gay y católico; se puede ser católico y apoyar la equidad

- Si Santa Claus fuese una mujer...