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Aceptémoslo, el papa Francisco nunca fue progresista

30/09/2016 12:00 PM CDT | Actualizado 01/10/2016 11:44 AM CDT
HECTOR GUERRERO/AFP/Getty Images

El 25 de septiembre el papa Francisco se unió a la discusión sobre el matrimonio igualitario en México. En la bendición dominical dijo que se une "de buena gana a los obispos de México para sostener el compromiso de la Iglesia y de la sociedad civil en favor de la familia y de la vida, que en este tiempo requieren especial atención pastoral y cultural en todo el mundo".

La declaración levantó cejas entre algunos activistas y medios de comunicación LGBT. El pontífice había hecho declaraciones en el pasado que lo acercaban a esta comunidad y lo hacían ver "progresista".

Cuatro meses después de ser elegido como líder de la Iglesia Católica, en julio del 2013 tras un viaje a Brasil, dijo: "Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para criticarlo?"

La sorpresa que ha causado el papa entre activistas y medios LGBT se debe, a mi parecer, a que no tienen un buen conocimiento de la Doctrina Católica

Las palabras, que se han citado ampliamente, contrastaron con la la línea dura que su antecesor, Benedicto XVI, había mantenido en el discurso contra los avances del matrimonio igualitario alrededor del mundo. Francisco se "rebeló" como un líder cercano, por ser un verdadero representante de Cristo en la Tierra, predicando las enseñanzas a través del ejemplo.

La exhortación apostólica Amoris Laetitia que presentó en abril del 2016, basada en reuniones de obispos para abordar temas sobre la familia, dio validez a lo que se había dicho en estos: una unión que se cierra a la vida no se equipara al matrimonio, pero se debe evitar discriminar en todo momento.

En junio de este año volvió a ser noticia cuando dijo que los católicos debían pedir perdón a los homosexuales por cómo los han tratado en ocasiones.

Con el paso de los años las declaraciones del papa Francisco pasaron de progresistas a un intento por reconciliar a la Iglesia con su comunidad LGBT, a finalmente, ser ambiguo y no parecer tan progresista.

La sorpresa que ha causado el papa entre activistas y medios LGBT se debe, a mi parecer, a que no tienen un buen conocimiento de la Doctrina Católica.

El catecismo de la Iglesia católica, en sus artículos 2357 a 2359, dice que los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados, contrarios a la ley natural, que cierran el acto sexual al don de la vida y no pueden recibir aprobación en ningún caso. Pero también que los homosexuales deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza, y que se evitará todo signo de discriminación injusta; y que están llamadas a la castidad.

Estas palabras fueron citadas por el papa Francisco inmediatamente después de decir que quién era él para juzgar, pero no fueron tan comentadas.

Mientras que Benedicto XVI se dedicó a resaltar el desorden del acto homosexual, como dice el Catecismo, Francisco se ha enfocado en la segunda enseñanza, la de acoger con respeto y compasión. Esto en un intento por no seguir alienando a la comunidad LGBT que es católica.

No hay que confundirnos, la postura de la Iglesia no se ha movido y no se moverá. Al menos no con presiones exteriores, pues quienes critican no cuentan con las armas y discurso necesarios.

Por lo tanto, no es de extrañar que las mejores críticas hayan venido del interior de la Iglesia.

El jesuita David Fernández, Rector de la Universidad Iberoamericana, criticó en un editorial en el periódico Reforma la contradicción en la que se incurre al pedir castidad. Incluso cuestiona algunos pasajes del Nuevo Testamento y el entendimiento del mundo cuando fue escrito.

Al preguntarse si la unión entre personas del mismo sexo es matrimonio acepta con humildad que no lo sabe, no la descalifica.

El cambio de postura en la Iglesia vendrá del interior y no de presiones externas

Otra voz crítica al interior de la Iglesia es el presbítero Raúl Lugo, quien hace unas semanas publicó en su sitio web que la Doctrina Católica se basa en creer que las personas homosexuales no existen, y se trata de heterosexuales con una tendencia a actos "inmorales".

"Si algunas personas son sencillamente homosexuales y este hecho no obedece ni al pecado, ni al desorden, ni al vicio, ni a fracasos de los papás ni a ingerencias (sic) de espíritus malignos, entonces tendremos que enfrentar con nuevas respuestas la cuestión de la diversidad sexual y ofrecer una nueva aproximación teológica a esta realidad", afirma.

El cambio de postura en la Iglesia vendrá del interior y no de presiones externas. Como comunidad LGBT lo mejor que se puede hacer es exigir que se respete el Estado Laico y se pongan en práctica su enseñanza de no discriminación para que el lenguaje de odio se erradique y el mundo sea más seguro.