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La increíble labor de un perro de terapia

23/02/2017 3:19 PM CST | Actualizado 23/02/2017 5:19 PM CST
Instituto Perro

Max ama tener un trabajo. Su temperamento, dulzura y tranquilidad, nos hicieron a mi esposo y a mí encontrar la perfecta actividad para nuestro labrador, certificarlo como un perro de terapia.

La gente que lo ha conocido nos dice que estar con él siempre los hace sentir bien. Max y los otros perros que se dedican a ayudar a la gente no necesitan de un entrenamiento especial –como los perros de servicio— solo deben contar con cierto carácter: ser súper tranquilos, buena onda, relajados y nada NA-DA agresivos.

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Para que tu perro pueda ser certificado en esta tarea, debe pasar un examen básico de obediencia donde se aseguran que tú, como dueño, tienes el control y te obedece.

La segunda parte de la prueba, donde la mayoría reprueba, consiste en evaluar qué tanto estrés puede aguantar el perro sin ponerse nervioso o agresivo.

Para Max, esta prueba significó caminar por un pasillo en donde pasaban cosas que típicamente pondrían a un perro ansioso: un señor gritando en una andadera, personas aventando cosas al piso, gente corriendo hacia él al mismo tiempo y que lo abrazaban. En otro momento lo separaron de mí y solo veía como le tocaban la cara y los bigotes. Todo esto, para recrear las situaciones con las que probablemente se enfrentaría en una visita a un hospital o una escuela.

Pasando esta prueba, y con una carta de buena salud del veterinario, empieza el proceso para los humanos. Mi esposo y yo tuvimos que ponernos al día con las vacunas, nos sacamos radiografías del tórax para comprobar que no teníamos tuberculosis, entregamos una carta de nuestros doctores y fuimos no sé cuántas veces al hospital a firmar papeles.

Después de un mes estuvimos listos y fuimos a nuestra primera visita. Elegimos un hospital y llevamos a nuestro perro recién bañado a visitar pacientes.

Max entendió su trabajo desde el primer minuto en el hospital, donde se dio a la exhaustiva tarea de ser acariciado y querido por mucha gente que no se siente muy bien y que añora salir de ese lugar lo antes posible.

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Algunas de ellas llevan semanas internadas y tienen a un perro en casa que extrañan mucho, otros atraviesan días difíciles llenos de malas noticias, unos más ni siquiera están internados, pero tienen a un ser querido ahí y necesitan desahogarse, mientras que otros trabajan ahí y solo necesitan un respiro.

Nuestro perro está ahí para todos. Siempre que vamos a un hospital se sube a las camas o a los sillones, se acurruca con los que lo abrazan, se pone de panza con los que lo acarician, se mete a todas las oficinas moviendo la cola y al final de la visita termina exhausto al igual que nosotros. Pero con el corazón lleno porque sabemos que ese día colaboramos para alegrar y mejorar el día de las personas.

Es increíble ver las sonrisas de la gente o la manera que en les brillan los ojos cuando reciben una visita que no para de mover la cola y que, sin importar qué tengan, se les acerca para que lo acaricien.

Todos los perros son terapéuticos. Si tienes uno, seguro lo sabes. Tienen la capacidad de hacerte sentir mejor. Por eso creemos en lo que hacemos con Max, y si tú consideras tener una mascota con el temperamento para hacer algo así, busca alguna asociación en tu ciudad que se dedique a esto e inscríbete.

Con este tipo de terapias ayudas a reforzar el lazo con tu perro, los convierte en un equipo de trabajo, y te da la gran satisfacción de ver que ambos pueden hacer algo más por los demás.

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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