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Pamplona es mucho más que San Fermín

16/10/2016 6:50 PM CDT | Actualizado 26/07/2017 1:36 PM CDT
Turismo Pamplona

Cada año del 7 al 14 de julio, Pamplona, la capital de la provincia de Navarra, recibe a más turistas de los que en un esquema normal podrían caber y la ciudad queda completamente sometida a la fiesta más dura a la que me he enfrentado en mi vida. Sin embargo, visitar esta ciudad española en otras fechas es una experiencia completamente distinta e ideal para disfrutar cada uno de sus rincones.

Mi vínculo con Pamplona va mucho más allá de que en ella descubrí a una ciudad en la que me encantaba pasar largas temporadas. Para una habitante de la siempre turbulenta Ciudad de México, la paz de este lugar me resultaba fascinante. Insisto, Pamplona es mucho más que San Fermines, grandes cantidades de kalimotxo (vino tinto con refresco de cola) y visitar todos los bares del casco antiguo para descubrir cuál es la canción del verano: aquí hay de todo para todos e incluso un poco más.

Empecemos por un punto importante, el norte de España tiene una fama bien ganada de tener una gastronomía exquisita y en Pamplona queda claro que es una realidad.

Al llegar a esta ciudad hay que entender que la dieta ha quedado atrás, pues prácticamente podría ser considerado como un pecado de omisión el hecho de no probar los platos típicos de la región

Huevo estrellado con chistorra, pochas (un plato muy parecido a la fabada con alubias, chistorra, longaniza, chorizo, jitomate, pimientos y ajo) o magras con tomate se fueron convirtiendo en los platillos indispensables durante mi estancia en Iruña (el nombre de la ciudad en vasco), y sí, también entendí que si no iba de bar en bar probando sus deliciosos pintxos (pequeños bocados con pan y otros ingredientes) es como si no hubiera estado ahí.

Después de una buena comida y para quemar calorías (o para matar el remordimiento) recorrí el "casco viejo", subí por la mítica calle de Estafeta, que a los seguidores de los encierros de San Fermín les resultará familiar y llegué a la Casa Consistorial o Ayuntamiento. Punto de reunión para celebraciones como el famoso txupinazo, el cohete con el que inician las fiestas de las que tanto he hablado —aunque en serio trato de evitarlo— y también para manifestaciones políticas o, simplemente, es el punto de referencia más sencillo para quedar con alguien y de ahí continuar el camino.

Turismo Pamplona
Calles que enamoran.

De la Casa Consistorial es posible seguir hacia la cuesta de Santo Domingo o hacia la calle de Mercaderes, en este paseo me detenía a ver los escaparates de los comercios locales en los que había de todo, desde los souvenirs más conservadores hasta las expresiones artísticas más disruptivas. Después de caminar y caminar, de alguna manera llegué a la calle de Pozo Blanco y me topé con Amostegui, un restaurante que se ha convertido prácticamente en un punto obligatorio en la guía turística de Pamplona, pero al que acuden también los locales a probar deliciosos platos como la merluza langostada o la zarzuela de mariscos.

Se me olvidó aclarar un punto con respecto a la comida, en Pamplona y en general en Navarra, las porciones no son en lo absoluto discretas y en cuestión de un par de días mi estómago logró estirarse a unas dimensiones que nunca imaginé y los platos que pensaba que eran imposibles de terminarse me comenzaron a parecer normales.

Ahora, dejando un poco de lado la comida, aquí hay que dedicar por lo menos dos tardes para conocer las murallas, sus calles medievales y también armar una mini ruta siguiendo el Camino de Santiago francés y, si quieres la mejor vista de la ciudad, el Bastión del Redín.


Turismo Pamplona
Bastión del Redín.

Inevitablemente vuelvo al tema de la comida, pero antes de abandonar Pamplona tuve que sentarme en una terraza de La Florida para comer una tostada de nata. Después caminé hasta la Plaza del Castillo para probar una horchata y, con muchos kilos de más, era tiempo de volver a casa.