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Madrid y la fiesta Jumanji

21/12/2016 7:00 AM CST
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Hace ya casi 10 años dejé Madrid, viví ahí durante un año motivada por muchas razones, al final creo que estas razones eran pretextos para vender mi coche, empacar mis cosas e irme. Fue el año más retador de mi vida pero también uno de los mejores. Madrid es un sueño y me hizo muy feliz ser vivirlo aunque fuera de forma temporal.

Iba con la intención de quedarme y no volver, pero lo que nunca pensé que pasaría pasó, la tierra llama y de todo lo que renegaba aquí fueron las cosas que empecé a extrañar desde el primer momento, pero me dije a mí misma: "un año" y al pasar un año hice un corte de caja en donde todos los saldos apuntaban a regresar a México.

Tengo la suerte de contar con doble nacionalidad, por lo que el tema laboral no era un impedimento y mi primer trabajo fue en una heladería. Nunca, nunca, nunca voy a subestimar el trabajo de un mesero, me las vi negras y me di cuenta de todo lo que se necesita para atender un negocio de este tipo. Me queda claro que no hay nada peor que lidiar con gente que tiene hambre y dinero, no pasaron más de dos días y yo ya había sido insultada, me habían dicho cosas espantosas y, por supuesto, ya me sentía una completa inútil.

Paréntesis... tengo que hablar del primer departamento en el que viví. Mi hermana, cómplice de esta aventura, me consiguió un espacio en el que temporalmente estaría desocupada una habitación que originalmente pertenecía a un francés que estaría de viaje en Cuba, por lo que por un pago mínimo podía usarlo en lo que me instalaba.

En este "piso" habitaban 6 personas, tres hombres y tres mujeres. Cuando hablaba con ellos me sentía en una escena de Reality Bites: todos estábamos un poco en el mismo mood, completamente perdidos e imaginando qué pasaría con nuestra vida laboral.

La mayoría tenía trabajos temporales o como yo, eran meseros, incluso uno ostentaba el título de ser el "cono" de tránsito de un anuncio de seguros para coches. Él, sin duda, era el más exitoso de todos los que estábamos ahí.

Después las cosas se fueron acomodando, conseguí un departamento con un grupo de mexicanas en donde definitivamente me sentí mucho más cómoda, logré brincar a un trabajo de "oficina" que era completamente surrealista (hablar de mi jefa y lo que vi en esa oficina ocuparía por lo menos 6 posts más) y empecé a hacer amigos y una vida como local en Madrid.

Tenía muchos planes para esta estancia, aunque desafortunadamente mi condición de mileurista que apenas tenía para la renta no me permitió lograrlos, pensé que viajaría por toda Europa y no fue así, pero me llevo en el récord personal que pude conocer Portugal en un viaje lleno de anécdotas que a la fecha me siguen haciendo reír, me quité el miedo de manejar en carretera y en un coche poblado por cuatro locas igual que yo nos fuimos de Madrid a Santiago de Compostela en Galicia para ver un concierto de Alejandro Sanz.

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Hicimos lo propio con mi hermana y unos amigos y volví a Pamplona para estar en San Fermín y finalmente, en una de mis últimas noches en Madrid, fui testigo de la fiesta más descomunal que he presenciado dentro de un departamento y que bautizamos como "la fiesta Jumanji", la cual en origen era una reunión casual y que duró más de 12 horas con saldo blanco (aún no sé cómo fue esto posible). Y con la que conseguí la cruda moral más grande de mi vida, pues al día siguiente desperté con el corazón dividido por tener que irme, moría por volver a México pero ya había dejado mucho de mí en Madrid. En ese momento me di cuenta de que estaba destinada a vivir extrañando en cualquiera de los dos lugares.

Madrid me marcó, pero México me ha dado todo lo que tengo. Así que no queda más remedio que aprender a manejar la añoranza en cualquiera de estos dos lugares.

Deseo de año nuevo: volver a Madrid y volver a ser parte de una fiesta Jumanji, amén...

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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