EL BLOG

La vuelta al mundo en 15 días (segunda parte)

13/03/2017 3:47 PM CST | Actualizado 26/07/2017 1:11 PM CDT
María José Musi
Castillo en Fukuoka, Japón.

Pues llegó el momento de embarcar en el puerto de Shanghai para iniciar una ruta que nos llevaría a Corea del Sur y Japón. Yo estaba particularmente emocionada pues para mí viajar en crucero estaba estrechamente relacionado con comer mucho, todo el tiempo y ser consentida con la tripulación, nada más lejano a la realidad en esta ocasión.

Hay que entender una cosa, este crucero y esta ruta en especial no es un itinerario frecuente para turistas occidentales. Por lo que el 90% de la población del barco eran asiáticos y hay que decirlo, si el choque cultural en una ciudad es complicado, en un barco, que a la larga se convierte en una especie de Big Brother, es mucho más notorio. Y más si en la dinámica de un crucero los bufets son el pan nuestro de cada día (para lo que hay que hacer filas, práctica que ahí no está del todo... perfeccionada), por lo que mi esposo y yo tuvimos que aprender a dar codazos, aventar el cuerpo y soltar una que otra patada discreta para poder acceder a la comida.

María José Musi

Y otro tema: la comida. En teoría existía un menú para pasajeros occidentales y uno para asiáticos pero en la práctica esto nunca pasó, así que tuvimos que hacer de tripas corazón y asimilar que durante siete días no había más remedio que aplicar el "a donde fueres haz lo que vieres" y adoptamos nuestra nueva dieta.

Conocer Corea fue espectacular, en Busan tuvimos la oportunidad de recorrer las calles, mercados al aire libre y visitar tiendas de artículos únicos. En la noche el espectáculo cambiaba radicalmente y las luces de neón de anuncios colocados en cada uno de sus edificios (no miento, en cada uno) hacían que la ciudad se viera completamente iluminada en una fiesta de color.

María José Musi

La siguiente parada fue por mucho mi favorita en todo el viaje: estar en Japón era uno de mis sueños personales y al llegar ahí no podía creerlo. Desembarcamos en el puerto de Fukuoka (en donde existe un museo dedicado ni más ni menos que a Godzilla, quien aparentemente disfrutaba de caminar por sus calles) y completamos el día con una excursión para conocer el castillo samurai de Kumamoto.

Japón es un mundo aparte: el orden, la limpieza, los modales, todo es impecable y lo que más nos llamó la atención es la sobriedad en prácticamente todos sus espacios. Por ejemplo, en el castillo se hacía evidente que el silencio y los espacios limpios eran el símbolo más grande de poder. Para acceder a él hay que despojarse de zapatos y cualquier cosa que pueda lastimar su estructura y al visitar los cuartos muchos se sorprendían de que no había nada en su interior, hasta que entendimos que el espacio vacío es el bien más atesorado ahí.

María José Musi

Abandonamos el castillo (que sirvió como locación para la película de Tom Cruise El último samurai, lo siento, tenía que poner aquí el dato pop) y volvimos al barco, en el que pusimos a prueba nuestra paciencia pues pasamos dos días enteros en alta mar para volver a Shanghai y empezar la enorme travesía de regreso, una vez más con una escala eterna en Ámsterdam para dos días después poder volver a casa y recuperarnos del jet lag más agresivo que he superado en mi vida.

Sin duda fue una luna de miel diferente, pero la suerte quiso que así fuera y nos regaló una experiencia que cinco años después nos hace morir de risa, sobre todo cuando recordamos el nivel de patadas que yo atizaba el último día con tal de poder conseguir una Coca light en el bufet del barco.

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

También te puede interesar:

- La vuelta al mundo en 15 días. Primera parada: Shanghai

-

-