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Si enseñas las tetas no hay feminismo

07/03/2017 6:17 AM CST | Actualizado 07/03/2017 3:07 PM CST

tatchai via Getty Images

Tal vez sea la edad (me acerco al tercer piso) o tal vez sean las circunstancias, pero nunca antes en mi vida había tenido tantas conversaciones alrededor del feminismo. Las ramificaciones de estas charlas han sido muy diversas: desde la terrible misoginia con que mis colegas y yo nos topamos en el ámbito periodístico (no, no es un berrinche, es muy verdadero); a amigos del sexo masculino desesperados por no incurrir en el "mainsplanning" y sedientos de entender más el movimiento; hasta una fuerte discusión con un chico con el que salía de si eran puras "locuras y exageraciones del coño" [eso no terminó nada bien para él, se los adelanto].

Los medios y las noticias parecen inundarse con mujeres demostrando todo tipo de inconformidades, columnas polémicas –junto con sus respectivas respuestas– y la discusión permea a niveles cruciales y superficiales: en el gubernamental se discute (aún) el derecho al aborto, al acceso gratuito de anticonceptivos e incluso, si deben existir los códigos de vestimenta con tacones incluidos. En el panorama nacional, el cine mexicano expone una pauta clarísima de arquetipos femeninos, Café Tacvba decide no interpretar su famoso éxito "La Ingrata" por incitar a la violencia contra la mujer y a un nivel social hay quienes se escandalizan con la certera frase: "Hoy queda demostrado que ser pobre, mujer e indígena no es motivo de vergüenza".

Es decir, cada discusión aporta, construye, deconstruye, plantea, alegra y/o encabrona, pero nadie se decide de cuál es la forma adecuada de unirnos cómo género. Sin embargo, lo que más me preocupa es el hecho de que muchas mujeres son a ratos las mayores detractoras y pretenden decirle a otras cómo asumir (o no) esta batalla. ¿Lo peor de todo? Lo entiendo. A riesgo de fungir como abogado de la diabla, vivimos en una sociedad donde ser "intensa" y/o "feminista" contiene un dejo completamente negativo.

Lo que más me preocupa es el hecho de que muchas mujeres son a ratos las mayores detractoras y pretenden decirle a otras cómo asumir (o no) esta batalla.

Pero la mata no deja de crecer y la más reciente controversia fue alrededor de Emma Watson, (sí, Hermione en Harry Potter), quien fue reprendida por enseñar parte de sus senos en una sesión de fotos para Vanity Fair. Recordemos que Watson es la cara de la campaña HeForShe de la ONU, ha sido muy abierta a la hora de hablar sobre feminismo e inclusive tiene un club de lectura sobre el tema.

Por ello, esta no es una foto sexy más de una actriz, no, no. Es una chica, guapa, joven, talentosa, heteresexual, famosa que enseña los pechos y bueno, todos sabemos que eso va en contra de todo principio.

Es decir, solo las que no expresan abiertamente su feminismo tienen derecho a enseñar los pechos. ¿Alguien puede explicarme? Que parece el mundo al revés.

En pleno 2017 artículos periodísticos plantean si es válido o inválido descalificar los ideales de cualquier persona por enseñar una parte de su cuerpo.

Voy a admitirlo, nunca expresaría mi inconformidad con los pechos al aire como lo hacen las integrantes de FEMEN, pero no está en mí decidir si eso es o no feminismo. Tampoco creo que deba ser mi labor (ni quiero que sea) la de vigilar quién sigue mis reglas con respecto a la búsqueda de igualdad. Es un gasto inútil de energía y voz que puede aprovecharse en la verdadera lucha en contra del feminicidio, la desigualdad en la paga, el maltrato y la constante lucha para que las mujeres tengamos verdadera e incuestionable libertad sobre nuestros cuerpos.

Y sí, yo soy feminista y una intensa, ya no quiero soportar que los hombres me digan qué puedo hacer o no, pero tampoco estoy dispuesta ni creo que las mujeres tengan derecho de decirle a otras qué hacer. Así que vamos fuertes y claro, como dijo Emma Watson al responder a esta inservible controversia: el feminismo no es un club, no existen las reglas. En esto la clave es la SORORIDAD, que la foto topless de ninguna no debería ser ni por asomo controversial. Y, por encima de todo, el inalienable derecho que tengo –Emma Watson, todas las demás y yo– de expresar mi opinión y mis tetas.

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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