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Paren de comparar a Dolores O'Riordan, ella fue una vocalista única

16/01/2018 5:00 PM CST | Actualizado 16/01/2018 7:12 PM CST

Frank Hoensch via Getty Images
Dolores O'Riordan el 2 de mayo de 2017.

Todavía me acuerdo del día que sostuve en por primera vez mis manos el disco Bury the Hatchet (1999) de The Cranberries, el olor tan peculiar que desprendían los CDs al abrirlos por primera vez para ver un disco con tres figuras en un fondo de lo que parecían las texturas que forma el viento en las dunas de arena. Recuerdo los primeros guitarrazos, pero sin duda, lo que más claro tengo fue el primer impacto de la voz de Dolores O'Riordan. El mismo sentimiento que tuve cuando descubrí el Pearl de Janis Joplin, y que hoy, 18 años después, rara vez he podido obtener.

Una vez más escribo estas líneas con el motivo de la muerte de un ídolo, un sabor que los últimos años los fanáticos del rock hemos tenido demasiado presente en la boca. Bowie, Cornell, Cohen, Bennington y ahora, O'Riordan. Las causas de la sorpresiva muerte de la cantante irlandesa aún no se saben, y para serles franca, me da un poco de miedo averiguarlas. Apresurados, algunos medios han escrito obituarios llamándola "luz del movimiento grunge", "ícono feminista en los machistas años noventa" y miles de frases clichés e injustas para recordarla.

Es difícil, lo sé, hablar de una mujer en el rock ya que pocas hay (eso es innegable), pero poca justicia se le hace a un artista –sin importar su género– recordándole a base de burdas comparaciones. Paren, se los ruego, que pareciera la vendimia del dolor y el 'click'.

Nunca me cansaré de decir que cuando se habla de música, debemos de alejarnos de juicios de valor, porque hay para todos. La música es un sentimiento en movimiento y punto. Los verdaderos artistas no hacen música para que se hable de ellos de tal o cuál manera, la hacen porque sienten algo y tienen la capacidad de expresarlo.

En el caso de Dolores O'Riordan, basta echar una escuchada a su material con The Cranberries para entender que 46 años de vida fueron muy cortos para que nos diese todo lo que ella era capaz de hacer. No hacen falta las comparaciones, ese es lugar fácil, el atrevimiento es tomar el trabajo de alguien y criticarlo o alabarlo por sí mismo. The Cranberries logró unos discos tremendos durante los años noventa, con un estilo propio y brillantes en su producción. Obviamente con la piedra angular que era la particular voz de Dolores O'Riordan.

La capacidad vocal de O'Riordan era majestuosa, su ulular, forma de extenderla y usar técnicas tradicionales del canto celta la convertía en una ametralladora de sentimiento.

Su particular manera de cantar convertía a las palabras de sus líricas en un elemento tangencial, porque el sentimiento, el arte de Dolores O'Riordan estaba en cómo cantaba. Esa voz tenía la capacidad de expresar lo inexpresable tan solo entonando, como las canciones celtas y más antiguas de Irlanda.

Seré la primera en decir que no he seguido la carrera de The Cranberries recientemente. Me entristeció profundamente enterarme que murió en medio del proceso de volver a grabar la canción "Zombie" del No Need To Argue (1994). Como muchos contemporáneos suyos la vocalista y su banda se habían convertido en una banda del tren nostálgico, atrapados creativamente en la presión de vivir de glorias pasadas. Esa portada que tanto me impresionó del ojo agresivamente mirando a una mujer desnuda en total vulnerabilidad del Bury the Hatchet, como un horrible presagio, pero también como un hermoso epílogo musical. Un álbum que me acompaña desde los 11 año y que ahora a mis casi 30 me embruja, me atrapa, me habla como si por primera vez lo escuchara salir de las bocinas.

Espero que todos conozcan tu arte Dolores O'Riordan, que su valía no se limite a compararte con el de otros y que en tu voz encuentren el embrujo de tus antepasados celtas. Suaimhneas síoraí dá hanam ("que ella descanse en paz", en irlandés gáelico).

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.