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La canción del pirata: el adiós a una biblioteca para melómanos

19/12/2016 7:51 AM CST | Actualizado 19/12/2016 7:51 AM CST
A G Holesch

Una de las interrogantes históricas más grandes siempre ha sido, ¿cómo fue la destrucción de la mítica Biblioteca de Alejandría? Hay pocos eventos en la memoria colectiva comparables a la monumental pérdida que supuso la desaparición del recinto, pero el 17 de noviembre de 2016 ocurrió uno que bajo todos los conceptos es sin duda un cercano suceso y que vale la pena documentar.

Este día –del ya de por sí terrible año–, ocurrió algo que coleccionistas y amantes de la música recordaremos en retrospectiva: el cierre de What.CD. Con dos tuits se declaraba el ganador de la guerra entre la industria musical y piratas musicales... La destrucción de la biblioteca musical de calidad más variada, y mejor curada en todo el Internet.

Especial

Si bien la piratería musical disminuyó notablemente con los servicios de streaming, What.CD era un bastión en el mundo virtual en el que melómanos y audiófilos intercambiaban todo tipo de contenidos. Su existencia, fue definitivamente una que yacía a las afueras del mainstream y cuyo mayor ruido, fue cuando en el 2009 el sencillo de Radiohead "These Are My Twisted Words", circuló previo al lanzamiento de In Rainbows... Pero incluso en ese momento, la especulación era que la misma banda había sido la responsable de la filtración.

No voy a intentar desafiar el argumento legal que todos conocemos de memoria: el intercambio virtual de bienes sin pago no es ético, moral, ni permitido; pero de esto se desprende un dilema aún mayor.

Verán, el sitio no era host de ningún tipo de información, era un buscador de torrents para el trámite de peer to peer (persona a persona). No era de acceso público como Kickass Torrents o Pirate Bay, y para usarlo tenías que convertirte en miembro.

El acceso se concedía mediante una entrevista con los moderadores, que lejos de calificar tu fanatismo musical, se concentraban en tus conocimientos para compartir archivos (las preguntas se enfocaban en averiguar si el candidato poseía o no el dominio técnico sobre el MP3). Pero, ¿por qué es importante explicar el proceso de acceso a What.CD? La respuesta cabe en que la colección que se formó desde un principio en la comunidad no solo se basaba en la variedad/exclusividad, sino sobre todo en la calidad del audio.

Aunque la mayoría de la gente no sabe –y no le importa– el formato MP3 tiene un grave defecto: conforme se comparte, la calidad del audio se ve deteriorada. Es por ello que en What.CD las reglas eran estrictas y no se permitía compartir archivos que no cumpliesen con los requisitos.

Dichos estándares eran tan altos, que con excepción del limitado catálogo de HD Tracks, no existe ningún sitio para adquirir de forma legal audios sin "pérdidas"; así es, ni los MP3 en iTunes, Amazon o Google Play pueden clasificarse como prístinos.

Lo sé, todo esto suena a un argumento purista y débil, ya que la pérdida de calidad en audio no es una preocupación compartida por todos los usuarios, pero ahí no termina la historia: el catálogo musical que se compartía en What.CD era por mucho, uno de los más amplios y mejor clasificados que la humanidad haya visto jamás.

En el sitio no solo se podía encontrar aquello que una rápida búsqueda en Spotify puede arrojar, no. En sus entrañas había música y sonidos que ni siquiera habían sido editados comercialmente. Los usuarios de What.CD no solo descargaban, sino que en una política inflexible –ya que si no se cumplía te echaban de la comunidad– tenían la obligación de compartir.

Por ello miles de personas alrededor del mundo se dieron a la tarea de compartir y construir un rompecabezas a base de bootlegs (grabaciones a conciertos o sesiones realizadas de forma clandestina e ilegal), rarezas que solo existen en vinil/cassette/CDs, audios en 8tracks o consolas en desuso e innumerables joyas que de otra forma únicamente acumularían polvo.

Soy consciente de que quizá este no sea el fin de la piratería, pero es seguro decir que este calibre de P2P probablemente nunca existirá de nuevo, pues fueron casi 10 años en los que la comunidad de What.CD logró clasificar, discutir y curar un botín infinito.

Es así que solo me queda preguntar si su destrucción era necesaria y conducente al bien común, o solo un simple capricho del status quo. Por ello, sin más que mi tristeza, solo me queda parafrasear La canción del pirata, de José de Espronceda: "Que es mi iPod mi tesoro, que es mi Dios la libertad; mi ley la música y el audio; mi única patria, la deep web".

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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