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El poeta que no murió en la cloaca

29/12/2016 7:00 AM CST
REUTERS/Ki Price/File Photo
Bob Dylan interpreta un tema durante el segundo día del Festival de la Cebada en Paddock Wood, Kent (Inglaterra) el 30 de junio de 2012.

"Heard ten thousand whispering and nobody listening. Heard one person starve, I heard many people laughing. Heard the song of a poet who died in the gutter."

A Hard Rain's A-Gonna Fall, Bob Dylan

El 13 de octubre de 2016 fue el día más decepcionante para algunos escritores que ansiosos esperaban la llamada que cambiaría su vida para siempre. Imagino a unos cuántos –Murakami, Roth, Oates– sentados al lado de su teléfono con la esperanza de por fin concretar el máximo reconocimiento de la literatura: ganar un Premio Nobel.

Pero como muchos de los hechos que acontecieron este año, el anuncio del ganador fue una total sorpresa: la Academia Sueca lo otorgó a Bob Dylan.

La noticia cayó como un balde de agua fría y los críticos no se hicieron esperar, algunos escritores expresaron su sorpresa de forma positiva, otros casi afirmaron que era en detrimento de la literatura laurear a un cantautor (a pesar de no ser la primero en la historia de los Nobel). Pero eso no fue todo, creo que la cereza en el pastel del enojo fue el silencio del mismo Bob Dylan. La máquina de especulación se echó a andar y numerosos artículos intentaban descifrar el significado de la falta de declaraciones; sin embargo, los que tenemos una leve noción de Dylan y su carrera sabíamos que él, como todo buen poeta, sabe que el silencio es también una forma de decir algo.

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Miren, no quiero decir que haya una forma correcta o incorrecta de aceptar un premio, pero creo que Bob Dylan siempre ha sido fiel a su manera de ser.

Algunos personajes de alto perfil lo llaman "descortés" y/o "arrogante" y creo que es una aberración hacerlo; el no aceptar inmediatamente el reconocimiento no era un intento de llamar la atención, fue una acción congruente con su persona pública y trayectoria. Para ejemplificar mi afirmación recordemos lo que ocurrió en 2010: Barack Obama invitó al músico a la gala en honor a los líderes del movimiento a favor de los derechos civiles. El presidente de Estados Unidos, admitió que en aquella ocasión Dylan apenas estrechó su mano. De todas las personalidades de la farándula que hasta ese momento había recibido, el cantante ha sido el único en no pedir el selfie de rigor. Pero lo interesante es la reflexión posterior de Obama sobre lo ocurrido: "Yo pensé, 'Así es cómo quieres a Bob Dylan ¿cierto?' No lo quieres cursi y sonriéndote. Lo quieres un poco escéptico de todo el asunto".

¿Cuál es la diferencia entre esta distinción y el Nobel? Para Dylan, ninguna, de hecho si somos estrictos, al menos en la ceremonia de los derechos civiles sí se presentó...

Después de un silencio prolongado, Bob concedió una entrevista (algo que ya casi no hace) y muy a su estilo aceptó el premio, disculpándose con la Academia sueca por ser tan difícil de localizar. Cuando se supo que no iría a la ceremonia el 10 de diciembre "por un compromiso previo" mi risa fue casi inevitable al imaginarme la indignación de innumerables escritores en su intimidad preguntándose "¿¡Qué puede ser más importante que ir a recibir el Premio Nobel!?". No sé la respuesta, pero la situación sí que es cómica y el acto es en sí una forma de rebeldía non ultra plus.

Bob Dylan lleva décadas cuestionando a través de su trabajo las instituciones, y ahora en un giro del destino, esas mismas instituciones reconocen su voz y mensaje, e inclusive pareciera que se quieren apropiar de todo aquello que él simboliza.

(VIDEO: Patti Smith en la ceremonia de los Premios Nobel 2016)

El 10 de diciembre llegó y tras una emocionante interpretación de "A Hard Rain's A-Gonna Fall" por parte de su amiga, colega y también autora Patti Smith, los murmullos callaron y por fin escuchamos las palabras sin intermediarios de Robert Allen Zimmerman. El discurso fue breve y en una estocada final, Bob Dylan zanjó tanto el cuestionamiento de su galardón como su posición con respecto a recibirlo: "Ni una vez he tenido el tiempo de preguntarme '¿Son mis canciones literatura?'. Así que agradezco a la Academia Sueca por tomarse el tiempo de considerar esa pregunta y, ultimadamente, proveer una maravillosa respuesta".

Lo más hermoso y con lo que yo me quedo de la situación es que en retrospectiva Dylan fue profeta de su destino en la misma canción que precedió el discurso. Pero en una cosa se equivocó, ya que con el Premio Nobel bajo el brazo, él no morirá en la cloaca del olvido.

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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