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Despacito, Justin, despacito

29/05/2017 12:00 PM CDT | Actualizado 29/05/2017 4:20 PM CDT
Mario Anzuoni / Reuters
Justin Bieber el 2 de diciembre de 2016.

La noche de este 25 de mayo fue muy dura. El calor desmedido de la Ciudad de México estos días, una fiebre y migraña, junto con el fiestón de los vecinos lograron posicionarla como una de las peores noches de mi vida. Usualmente no tengo ningún problema en dormir mientras los cohabitantes de mi edificio la pasan bomba, pero ayer realmente quería ser la vecina que llama a la policía, les corta la luz y se queja con su arrendador.

Mientras retozaba en mi cama y maldecía todas y cada una de las canciones que retumbaban en mi febril ser, no pude evitar contar el número de temas que se repetían en el endemoniado playlist. Creo que antes de proseguir podrán adivinar cuál fue el hit de la noche; "Despacito" de Luis Fonsi, Daddy Yankee y Justin Bieber... Y para ser completamente honesta, yo también la estaba cante y cante, y de no estar enferma, me hubiera puesto a bailar. Es así como una vez más en esta columna admito algo profundamente vergonzoso: "Hola. Me llamo María Fernanda Caballero y soy fan de Justin Bieber".

Partamos de la importante primicia "en gustos se rompen géneros", pero para defender más allá este pegajoso lado B diré que es innegable que el fenómeno "Justin Bieber", como el de Elvis Presley o The Beatles da para al menos una tesis doctoral. Sobre todo por su contundente transición de ídolo adolescente a artista dominante en las pistas de baile de todas las edades.

El niño inmaduro se convirtió en una fuerza que comenzó a gustar más allá de las niñas adolescentes.

La primera vez que Justin Bieber vino a México (2011) yo trabajaba en la cercanías del hotel en el que se alojaba y aquella mañana, al llegar a la oficina, el constante grito de las fanáticas me sorprendió. Todo ese día fue un constante ruido blanco, a ratos más fuerte y molesto, pero en todo momento, genuinamente sorprendente. No lo pude soportar, caminé el par de cuadras que me separaban de este fanatismo para ver quiénes irrumpían mi rutina. Al acercarme a la multitud no era un puñado de niñas haciendo la bulla, eran centenares.

No voy a mentir, me horrorizó ver que la mayoría eran niñas y adolescentes, pero que encima no iban solas, sino acompañadas de sus padres. Y sí, una cosa es leer sobre la Bieber Fever y otra muy distinta escuchar a pubertas gritar enfrente de sus progenitores el cántico "¡Queremos Bieber-Gota!" (cabe aclarar que no es nada cochambrosos o pervertido, sino que lo que clamaban era que Bieber se asomara del balcón para escupirles, acto altamente apreciado por sus acérrimas fanáticas). Ya sé, igual que ustedes yo me preguntaba, ¿todo esto por el cantante de "Baby"?

Cuatro años más tarde, me comía todos mis argumentos en contra del canadiense: Justin Bieber presentó Purpose en 2015 y convenció a muchos escépticos que no creíamos que tuviera ni un gramo de futuro más allá de su teen pop. Es justo decir que esta "reinvención" y redirección tuvo mucho que ver con el hecho de que Bieber supo en qué manos colocar su nueva etapa musical; aunque trabajó con diversos productores en Purpose, el toque de Rick Rubin, Skrillex y Diplo eran destacables. Al estudio dicen que también estuvo invitado Kanye West, a quien Justin describió como "una fuerza que empuja a ser mejor".

Miren, yo no sé, pero una magia peculiar ocurrió en ese estudio, porque el niño inmaduro se convirtió en una fuerza que comenzó a gustar más allá de las niñas adolescentes. Recuerdo que tras escuchar el álbum, le dije a todo el que estuviera dispuesto a hacerme caso que le diera una oportunidad... Las historias de enamoramiento no se hicieron esperar y mis amigos treintañeros me resentían por haberles contagiado la Bieber Fever.

¿Despacito?

Es 2017 y es hora de pronunciarlo: "Despacito" de Luis Fonsi, Daddy Yankee y Justin Bieber es la canción que no dejaremos de escuchar todo el verano, posiblemente el resto del año y que tal vez, se una al panteón de canciones que siempre escuchas en la borrachera.

Cuando se estrenó yo me encontraba en Estados Unidos, y déjenme decirlo, para odiar tanto todo lo latinoamericano, Justin Bieber fácilmente convenció al público anglosajón con su primera incursión exclusivamente en español.

Encima, todo sucedía de la mano de Luis Fonsi, un cantante cuya carrera es bastante mediocre, el casi olvidado Daddy Yankee y una canción escrita por una de las pocas mujeres compositoras de música latina, Erika Ender.

Yo sé que existen muchas razones para detestar el comportamiento de Bieber con el mundo, sus fanáticos y el horrible incidente en un sitio arqueológico en México. Pero hay algo admirable en que despacito, pasito a pasito, suave, suavecito Justin Bieber logró la difícil transición de ídolo adolescente a ídolo pop, y punto. Así que amigos, yo les aconsejo que aunque vayan por la vida de rockerillos, aprovechen la oportunidad de bailar pegadito con el objeto de su afecto la canción del año.

Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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