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David Bowie, el hombre que borró los géneros

10/01/2017 8:01 PM CST | Actualizado 24/07/2017 8:58 PM CDT

Stefan Wermuth / Reuters
Un hombre se peina mientras camina al frente de un mural con una imagen de David Bowie en Brixton, al sur de Londres, hoy 10 de enero de 2017, en el primer aniversario de la muerte del cantante.

El 10 de enero de 2016 se me rompió el corazón. Desperté muy temprano como cada mañana, pero la diferencia es que tenía un número inusual de notificaciones acumuladas. Resultaron ser mensajes de amigos preguntándome si era verdad o dándome el pésame: en la madrugada se había dado la noticia del fallecimiento de David Bowie.

Incrédula me metí rápidamente a los medios más fiables de música que lo confirmaba, pero no me bastó, tuve que afirmarlo a través de la cuenta de Twitter de Duncan Jones, su hijo. Entonces fue como un balde de agua fría cuando ni siquiera había sacudido las sábanas, la tristeza me paralizó y las lágrimas se me acumularon. Rara vez lloro, pero ese día en la regadera no pude evitar sollozar... La sensación era extraña, sentía un pesar desmedido por alguien que nunca había conocido. Encima, me sentí terriblemente mal por haberme mofado de todos los que lloraban el avistamiento o la muerte de un famoso, esto era el proverbial "Karma is a bitch".

La cosa no mejoró durante todo el 2016, de David Bowie a Prince, pasando por Juan Gabriel, Leonard Cohen y rematando con George Michael. El año se llevó a algunos de los mejores músicos que aún rondaban la Tierra. Creo que no tengo que ahondar sobre la grandeza y rica herencia musical de todos y cada uno de los mencionados, pero sí quiero explicar por qué su pérdida resulta aún más desoladora.

Todos aquellos que alguna vez nos sentimos desentonados con el parámetro de normalidad, los que se sintieron confundidos con su sexualidad y/o que simplemente querían expresar toda esa creatividad interior, encontramos en estos artistas la inspiración para tener menos miedo.

El último número de la National Geographic contiene un artículo titulado "Gender Revolution", en el que se plantea que la generación más joven del planeta ya no visualiza los géneros y la sexualidad de la obtusa forma que se imponía en el pasado.

Claro, muchos factores y eventos históricos han sido importantes para este cambio de pensamiento, pero no puedo evitar plantear que Bowie, Juanga, Prince y George Michael jugaron un papel importante con su actitud. No es que sacaran a la gente del clóset ni normalizaran lo que muchos llamaron –y aún llaman– una perversión; es que ellos pusieron en su debido lugar lo que únicamente es pertinente a la persona misma y jugaron con el término de androginidad.

"Lo que se ve no se pregunta", respondió una vez Juan Gabriel cuando se le cuestionó sobre su sexualidad, que en otras palabras quiso decir: ¿Eso que importa? David Bowie por su parte, declaró ser homosexual en 1972, para luego decir que era bisexual y proseguir a casarse con una súper modelo. Ambos tuvieron una forma de retar y confrontar la conversación sobre género. ¿Y qué decir de Prince y George Michael? Cada una de estas figuras destaca desde sus muy distintos bastiones como defensores no solo de la comunidad LGBTQ, sino también de aquellos que la sociedad tilda despectivamente de "raros".

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Esto fue lo que hizo a Bowie más grande que un simple cantante. Yo no soy homosexual, pero creo en el derecho de todos a ser, escoger y hacer lo que se les dé la gana (mientras no lastime a nadie), admiro toda expresión artística y personal y más allá: creo que los verdaderos genios del entretenimiento son aquellos que empoderan a su público. Para mí este grupo de personas dictaron la pauta, el mundo no iba a dictar su forma de ser ni su arte, ellos eran y al mundo le tocaba seguir y evolucionar.

Hoy cumplimos un año sin David Bowie y el vacío aún produce eco en el corazón de todos aquellos que en algún momento nos sentimos inadecuados en el universo. Pero por mi parte ya no dejaré que me inunde la tristeza inicial. Hoy, yo escojo vivir cómo él me enseño, seguir mi propio ritmo en todos los sentidos y ponerme esos zapatos rojos para bailar el blues.

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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