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Con tetas grandes no hay paraíso

22/08/2017 6:00 AM CDT

Getty Images/iStockphoto
"Tal vez en un futuro no muy lejano los amplios escotes dejarán de ser un foco de atención".

El otro día navegando las oscuras redes sociales me topé con un artículo de Playboy que argüía que mi generación ya no se entusiasmaba tanto por las tetas grandes. La verdad, me hizo gracia y me lo tomé con una pizca de duda... Pues creo que los autores de esos artículos, (en especial en una revista famosa por la pornografía) no tienen ni puñetera idea de lo que es tener un escotazo.

La primera vez que me sentí incomoda con mi físico fue durante una plática con una mujer de mi familia. No recuerdo mucho cómo transcurrió, pero las hirientes palabras inferidas fueron: "Tápate, con ese escote nadie te va a tomar en serio". Era una niña y esa herida estaba infligida por el peor tipo de cuchillo: el familiar. Una parte de mí se sentía insegura, pero los motes rebeldes propios de esa edad me orillaron a decir "ni madres" y casi 15 años después del suceso mi necedad me salva de tener traumas aún más protuberante que las tetas.

La copa de brassiere promedio en México es B y si la superas eres por mucho víctima fácil del acoso, el juicio y la crítica, esto por algo que claramente uno no puede evitar. Y no, no me digan que es la forma en la que visto el problema, el verdadero pedo radica en cómo se entiende la sexualidad en la sociedad latina actualmente. Y digo latina porque esa clase de cosificación y juicio casi no lo topo en otras partes del mundo.

Una de las personas que más intentó difamarme con compañeros y maestros durante mucho tiempo, que se burlaba de mis atributos terminó aumentándose las tetas (¡la ironía es toda una poesía!)

Pero quiero seguir esta reflexión a partir de la experiencia personal de ser una proverbial chichona; y no no hablaré de la secundaria y preparatoria pues entiendo que chichona o no, algún otro trauma hubiese tenido (como todos). Así que solo diré que me forjó una voluntad por ser más que el tamaño de mi escote.

Comenzaré por decir que si tuviera un centavo por cada vez que me han hecho un comentario del tipo "andas enseñando mucho" (irónicamente en especial de otras mujeres) sería rica. Podrá parecer superfluo, pero imaginen escuchar eso un día sí y otro día no. Tanto, que llega a un punto en el que puedes llegar a odiar algo que no puedes evitar, y que de ninguna manera debería hacerte sentir mal.

La universidad sí que abrió una nueva perspectiva para mí, porque me di cuenta que el tamaño de copa que usaba no solo levantaba juicios, sino también envidias que conducían al odio, en especial de mis congéneres. Una de las personas que más intentó difamarme con compañeros y maestros durante mucho tiempo, que se burlaba de mis atributos terminó aumentándose las tetas (¡la ironía es toda una poesía!)

Y fue ese momento en el que me di cuenta que quien más pasaba juicio sobre el aspecto físico de los demás es aquel cuya profunda inseguridad radica precisamente en el propio.

Supongo que ser chichona me hizo comprometerme con la idea de que las tetas, el peso, color de piel, cabello, ojos, tamaño del pene o nariz no te deben definir. Por lo que, como regla personal, intento pasar de hacer algún juicio/insultar a alguien por una característica física.

Profesionalmente ha sido un tema, pues sé que muchos apuestan a que mis doble D me han valido para tener éxitos, ¿la verdad? No lo sé, tal vez sí por el simple hecho de que me desenvuelvo en un ambiente primordialmente masculino, pero aborrezco la idea. Usar ese argumento en mi contra es tan absurdo como recriminarle a cualquiera que tiene el cabello obscuro.

Otra revelación que he tenido gracias a mis tetas es la gran mentira de "Sin tetas no hay paraíso". Desde mi perspectiva, las que se aumentan el busto deben tener muy claro que lo más probable es que nos las bajen de ninfómanas. Si eres consciente de ello, solo diré que a cada roto su descosido, pero no digan que no lo advertí. Al igual, creo que es válido decir que si un escote de cualquier tamaño da una falsa licencia a los hombres de mirar, cuando este es amplio, los hombres y mujeres te juzgarán sin conocerte. Y el juicio no será precisamente a tu favor.

Como pueden leer, es y seguirá siendo una lucha. Sin embargo, perdonen el pensamiento —quizá egolatra— pero hoy no puedo evitar darle una palmada a la yo de 13 años y decirle: "No te preocupes". Y agradecerle que no se haya dejado definir por lo que el mundo veía en su escote.

Es todo esto por lo que la noticia de que los millennials ya no buscan el término "grandes senos" en Internet tanto como otras generaciones, me da una especie de gusto. Aunque honestamente no me lo creo del todo, pero tal vez en un futuro no muy lejano los amplios escotes dejarán de ser un foco de atención. Y no definirán lo que se piensa de alguien. Espero que así sea, pero por lo pronto solo me queda ponerme lo que se me da la gana sin buscar el paraíso de la aprobación ajena.

Happy Pride 🏳️‍🌈🍆💦

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*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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