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Chester Bennington, el músico que nos enseñó a no temerle a sentir

21/07/2017 4:00 AM CDT | Actualizado 21/07/2017 8:15 AM CDT

Burak Cingi via Getty Images
Chester Bennington durante un concierto el 3 de julio de 2017 en Londres.

I'm strong on the surface

Not all the way through

I've never been perfect

But neither have you

So, if you're asking me, I want you to know

When my time comes

Forget the wrong that I've done

Help me leave behind some reasons to be missed

And don't resent me

And when you're feeling empty

Keep me in your memory

Leave out all the rest...

"Leave Out All the Rest"– Linkin Park

El 2016 fue un año trágico para la música, pues implicó varias muertes desgarradoras pero inevitables; por su parte, 2017 nos ha roto el corazón de una manera muy distinta: dos suicidios de talentosos vocalistas cuyo final invoca los más profundos fantasmas de la depresión.

Chester Charles Bennington, de 41 años aparentemente decidió quitarse la vida el 20 de julio de 2017. El músico era conocido como el frontman de la banda Linkin Park, vocal de Stone Temple Pilots (2013 a 2015), Dead by Sunday y Kings of Chaos.

Su particular estilo frente al micrófono se caracterizaba principalmente por ser muy emocional; esto fue determinante para darle un sello particular a su trabajo y que definitivamente lo separaba de otros colegas. Al escuchar a Bennington a través de todos sus proyectos una cosa era innegable: su fortaleza era la habilidad de imprimir sentimiento a su voz y hacer que las líricas trascendieran con una ira instrumental.

Sé que somos propensos a ser críticos frente al trabajo musical y no lo veo mal, pero también creo que es justo decir que en cuanto a la música, en gustos se rompen géneros.

Mentiría si dijera que los últimos 15 años he seguido de cerca el trabajo de Chester Bennington, pero como mucha gente de mi edad, sería una vergüenza no admitir que cuando Linkin Park debutó en el 2000, me cimbró.

Ese primer disco, Hybrid Theory, es uno de los álbumes que fijó el tono de la primera década del milenio. Es irrefutable que en su esplendoroso sabor de nu-metal, la voz de Chester —junto con la de Mike Shinoda— llamaron a gritos a medio mundo, y nos dejaron sentir un tipo de angustia muy peculiar. Mi yo de 15 años siempre le agradecerá esa oportunidad de emocionarme con un disco y dejar canciones que eternamente me trasladarán a mi yo hormonal, enojado y confuso que me emociona recordar hasta el día de hoy.

No quiero seguir este texto enumerando los logros musicales de Bennington, pues sucede que me leo redundante y que otros colegas harán mejor ese trabajo. Sin embargo, quiero hablar de su legado desde otro ángulo. Admito que me encuentro en shock, pues hace apenas dos meses despedimos a Chris Cornell (gran amigo de Bennington) por una circunstancia parecida. En su momento, Chester dedicó unas sentidas palabras a su amigo que en este momento son completamente aplicables a su persona.

La tristeza más profunda de ambos acontecimientos a mi parecer, es que las consecuencias de la depresión clínica se tornan más reales. Sé que el suicidio es un problema muy grave para la humanidad, pero cuando de vocalistas se trata, pareciera como si encima de todo el asunto re-significara las letras que escribieron y esto me (nos) afecta profundamente. Yo no quiero recordar su trabajo de esta forma y hago un esfuerzo por separarlo; no resentir y recordar que nadie es perfecto ni puede ser puesto en pedestal. Su trabajo sí, el cariño como público, también. Pero evitar juzgar y elucubrar en la medida de lo posible.

Es así que prefiero plantear lo siguiente. Primero, reconocer el valor que tuvo Bennington al no ocultar las dificultades que tuvo con las adicciones, sus problemas emocionales arrastrados desde la adolescencia y una honestidad total con respecto a un abuso sexual que sufrió de niño. Todo esto podrá decirse fácilmente, pero creo que es justo recalcar que cuando una persona pública se atreve a hablar de este tipo de temas, colabora a borrar los estigmas e incluso puede llegar a ser un importante factor en la sanación de muchos otros.

En segunda instancia, por lo que se sabe, Chester Bennington era un amoroso padre de seis hijos, un amigo entrañable y un músico entregado a sus fanáticos. Como rostro público fue cabal, y en su música se permitió expresar sus angustias, enojos e ilusiones. Es por ello que una vez más me toca despedir a un talento irrepetible y que, como él mismo expresó, debemos mantener en nuestra memoria, olvidar lo malo y perdonar el resto.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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