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Pregunta individual 3 km: ¿Cómo nació el Maratón?

11/05/2017 5:22 AM CDT | Actualizado 11/05/2017 11:54 AM CDT
Especial

Una vez, cuando alguien que conocí me hizo la tradicional pregunta de "¿a qué te dedicas?", se me quedó viendo con incredulidad al contestarle: "Hago maratones". Por un par de segundos analizó si mi cuerpo (léase mi panza) hacía sentido con lo que le dije. Yo hice una pausa para mayor diversión antes de agregar: "Los juegos de mesa, porque, como ya dedujiste, no corro".

Y lo más divertido fue ver que esa cara de incredulidad, en lugar de desaparecer, aumentó. No porque además de cuerpo de flojo tenga pinta de ignorante, sino porque él, como la mayoría de las personas a quienes les cuento, creía que el Maratón es un juego importado, como casi todos los demás.

Pero no, ahí es donde con mucho orgullo aclaro que es un juego 100% mexicano, no solo en fabricación, sino todo el concepto. Y ya en franco plan de presumir, cuento que su creador es ni más ni menos que mi papá.

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Sergio Schaar, el mexicano creador del juego Maratón.

La historia de Maratón no es solo la aventura de un emprendedor que logró hacer realidad su sueño. Es una historia de tenacidad y de aguante, con un gran toque de romanticismo, ya que lo que lo ha mantenido en tiendas durante más de 30 años es la convicción de su creador de que el principal problema de México es la educación; y la voluntad de contribuir, a través de este juego, a despertar o renovar el interés por el aprendizaje y el conocimiento. Se las cuento, muy resumida.

Mi papá fue un niño y joven muy atípico, al que le gustaba leer ¡hasta el diccionario! Siempre tuvo claro que la educación y el conocimiento abren puertas, y obviamente fue con esos principios que decidió educar a su familia. Desde que tengo uso de razón nos estaba enseñando algo; muchas veces cosas que aún no habíamos visto en la escuela, siempre de una manera divertida. Casi siempre era en la mesa, durante la comida, contándonos cosas y luego haciéndonos preguntas que contestaba primero yo (el menor) y si no sabía le tocaba a mis hermanos y hasta a mi mamá. Si todos fallábamos nos decía que... ¡avanzó la ignorancia!

Y así fue como yo desde chiquito podía recitar los emperadores aztecas, los doce Césares y hasta las monedas de varios países (ya no me acuerdo, ¡así que no me vayan a pedir que se los diga!). A esa edad en la escuela apenas empezaba a escuchar sobre los aztecas, no tenía idea de quiénes eran los Césares y lo de las monedas diferentes en cada país nomás no lo entendía, pero me encantaba poder contestar cuando me preguntaban.

Mi papá fue un niño y joven muy atípico, al que le gustaba leer ¡hasta el diccionario!

A principios de los años 80 le regalaron a mi papá un juego de preguntas, bastante simplón de contenido y con reglas nada prácticas, pero que aun así le sirvió de inspiración para hacer uno propio, con el que pudiéramos jugar nosotros. Todas las noches, sobre una de esas charolas con almohada para poner sobre las piernas, escribía preguntas con lo que sabía de memoria, cada una en una hojita de papel (nunca entendí eso). La meta eran 6 mil, y cuando pensaba que ya llevaba muy buen avance apenas tenía como mil. Al caer en cuenta de lo titánico que era ese esfuerzo no se desanimó, sino que decidió hacerlo para muchas otras familias, no solo para nosotros.

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Fue desarrollando todo el concepto (reglas, número de jugadores, materiales, diseño, etc.) apoyado por mi mamá y algunos amigos. Alguien le recomendó a una imprenta, y así, entre juntas en el antecomedor, desveladas, discusiones y muchas ideas que se quedaron en el tintero, en el verano de 1985 inició la primera producción de Maratón.

Si hacer 6 mil preguntas suena complicado, imprimirlas en 1,000 tarjetas sin tener idea de cómo hacerlo, no lo es menos. Fue a base de prueba y error -y mucho papel desperdiciado- que una semana antes del terremoto del 85 'salió del horno' el primer juego. Aquella imprenta con la que trabajamos todavía nos debe odiar por el mal negocio que fue para ellos.

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La primera edición del juego, en 1985.

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El juego en Europa, foto de un fan, en 1988.

Superados los primeros dos retos (generar el contenido y lograr producirlo), llegó el tercero, donde verdaderamente comenzaba esta aventura: ¡lograr venderlo! "¿Cómo se les ocurre mezclar la cultura con la diversión?" "Es caro y no tiene publicidad" fueron algunas de las cosas que dijeron las tiendas para rechazarlo. Así que empezamos mandando publicidad por correo, en estados de cuenta bancarios. Fueron tan pocas las respuestas que tuvimos que nosotros mismos entregábamos los juegos en las casas de los compradores.

Gracias a una recomendación de un amigo logramos que una tienda aceptara venderlo, a consignación: la librería Gandhi, que en esa época tenía una sola sucursal. Ahí la gente lo empezó a descubrir, a jugarlo y a recomendarlo. Llegó a tener tal aceptación que después de unas semanas había que resurtirles diariamente, y meses después Maratón estaba disponible en todas las tiendas. Sí, esas mismas que opinaban que la cultura y la diversión no se llevan.

El resto es historia, otra historia. Pero así fue el "nacimiento y presentación en sociedad" de este juego, el cuarto hijo de mi papá (de hecho también lleva su apellido). El Maratón es un integrante de la familia muy demandante, pero es el famoso y el que nos da de comer, así que lo tenemos que consentir y cuidar.

En el próximo post les contaré algunos de los momentos más emocionantes, difíciles y divertidos por los que ha pasado esta aventura familiaridad, y por supuesto, anécdotas que nos han contado personas que lo han jugado.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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