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Rafael Tovar y de Teresa y la Secretaría de Cultura: un inicio desafortunado

12/12/2016 10:49 AM CST | Actualizado 12/12/2016 12:07 PM CST
PRESIDENCIA /CUARTOSCURO.COM
En diciembre del año pasado el presidente de México Enrique Peña Nieto, tomó la protesta de Rafael Tovar y de Teresa como Secretario de Cultura. Entre los presentes estuvo Aurelio Nuño Mayer, Secretario de Educación Pública.

Rafael Tovar y de Teresa ya tiene un lugar ganado en la historia política y cultural del país.

Con toda seguridad, su nombre siempre aparecerá cuando se recuerde el nacimiento y desarrollo de las instituciones culturales mexicanas, cuando se hable del nacimiento de la Secretaría de Cultura y de otros tantos programas y lugares que impulsó y creó como el Sistema Nacional de Creadores del Arte, el Centro de la Imagen o el Centro Nacional de las Artes.

Pero difícilmente, la figura de Tovar alcanzará el talante de otras cabezas intelectuales mexicanas como la de José Vasconcelos o Jaime Torres Bodet.

A Tovar y de Teresa le faltaron fuerzas y bríos para alcanzar la altura de esos personajes.

El 16 de diciembre de 2015, en Palacio Nacional, cuando el Enrique Peña Nieto entregó los Premios Nacionales de Ciencias y Artes, Tovar y de Teresa prácticamente fue borrado del reconocimiento.

Su nombramiento como titular de la secretaría número 18 de la administración pública federal inició mal desde que la dependencia era cocinada en la Cámara de Diputados, en diciembre de 2015.

No fue el hombre más experimentado, el que fuera titular en tres ocasiones en su vida del entonces Conaculta, la institución rectora —al menos en el dicho— de la política cultural nacional, quien apresuró la creación de la dependencia. Sino que debió ser el secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño, quien acabó exigiendo a los diputados agilizar el trámite para crear la secretaría. Y no pasaron más de diez días cuando la dependencia era una realidad.

Más lamentable fue el acto público donde el presidente Enrique Peña Nieto firmó el Decreto de creación de la misma. El 16 de diciembre de 2015, en Palacio Nacional, cuando el mandatario entregó los Premios Nacionales de Ciencias y Artes, Tovar y de Teresa prácticamente fue borrado del reconocimiento: el funcionario ocupó el lugar más alejado del mandatario en el enorme estrado de 14 personas y su nombre jamás fue mencionado siquiera por el Presidente, tampoco se le invitó nunca a sumarse al grupo que entregó los premios y Peña Nieto solo lo saludó cuando inevitablemente pasó frente a él, ya de salida.

Peor aún, la iniciativa enviada por el Presidente a la Cámara de Diputados para crear la secretaría fue armada con retazos de los propios discursos de Tovar y de Teresa y muchos especialistas en legislación cultural, señalaron sus incongruencias. ¿Dónde estaba entonces aquel hombre experimentado que pudo haber conjuntado al menos sus ideas de toda la vida, que pudo haber reunido al equipo más calificado para crear una dependencia fuerte y sin reproches?

Después del desfile de nombres que sonaron para ocupar la oficina de la nueva dependencia, Tovar y de Teresa acabó siendo nombrado en el cargo el 21 de diciembre. Ese día también comenzaron los contratiempos.

Primero con un reglamento interno que tardó mucho más de lo previsto en ser aprobado, con las constantes protestas de los trabajadores sindicalizados, pero también con los insistentes recortes que la cultura nacional sufrió. Con el jaloneo desde otras instituciones como el INAH y el INBA.

Muchos comenzaron a poner en duda la existencia de una real política cultural en el país, de un destino claro de hacia dónde se quería ir. Y es que tan solo dos años antes, en enero de 2014 cuando el Conaculta celebró su 25 aniversario, Tovar y de Teresa aseguraba que México no necesitaba una Secretaría de Cultura y que el consejo que ya existía era suficiente.

El destino también acabó contribuyendo. Tovar y de Teresa enfermó y se optó por tratar de contener un dique cuya fuerza acabaría desbordándose; el equipo de Comunicación social de la dependencia no supo actuar frente a algo que parecía evidente: las menguadas fuerzas del funcionario que le separaron de su oficina en reiteradas ocasiones.

Con el hijo recién nacido, aún sin caminar, otro será quien acabe cosechando —si logra enderezar lo que Tovar no pudo consolidar— los frutos de dirigir una secretaría de Estado que por su propia naturaleza ya ennoblece.

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*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.