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El referéndum de Italia tiene más consecuencias que la dimisión de Renzi

07/12/2016 7:00 AM CST | Actualizado 07/12/2016 7:00 AM CST
Alessandro Bianchi / Reuters
El primer ministro italiano, Matteo Renzi, durante la conferencia de prensa en la que anunció su renuncia.

Renzi ha abandonado el Palacio Chigi. Esa es la primera repercusión tangible del referéndum en el que una gran cantidad de italianos ha votado en contra de su reforma constitucional. Hablaremos mucho sobre las decisiones de Renzi en el futuro cercano y también hablaremos del papel que desempeñará o no el ex primer ministro en el Partido Democrático italiano, tanto dentro como fuera de él.

Y, aun así, a pesar de lo relevante que ha sido y seguirá siendo, el destino de Matteo Renzi no depende de lo que ha pasado. Este referéndum ha animado a que el país entero pase página. Es una señal de advertencia dirigida a toda la clase política italiana y seguirá resonando después de la marcha de Renzi del Palacio Chigi.

Los números lo dejan claro. Casi el 70% del electorado italiano ha acudido a las urnas, un porcentaje similar al de las elecciones de 2013, donde un 75% de la población ejerció el derecho a voto. Lo cierto es que ha sido esa pasión política similar a la de 2013 la que ha animado a los participantes -muchos votantes, quizá demasiados- a rechazar las reformas. Este rechazo en masa ha acabado con la magnífica maquinaria de guerra que se ha construido en el Palacio Chigi: la narrativa de un Gobierno eficaz y trabajador se ha visto cuestionada por las voces de los ciudadanos descontentos.

La infelicidad, la insatisfacción, el resentimiento y el deseo de acabar con la actual situación se extienden por igual en todas las regiones de Italia.


Matteo Renzi va a pagar por lo que muchas personas llaman el talón de Aquiles del Gobierno: la falta de relación con el país y los ciudadanos, la desconexión con la vida real.

Pero esta falta de relación entre el Gobierno y la clase política sigue igual aunque Renzi vaya a abandonar el Palazzo Chigi. El resultado de este referéndum -el primero de índole nacional y política desde 2013- ejerce una fuerte presión sobre toda la clase política.

Si todos los votos a favor del "No" (60%) fueran la mera suma de todos los partidos y organizaciones que se han unido para defender el movimiento anti reforma, los resultados locales habrían desvelado variaciones internas, diferentes ganadores en zonas donde las distintas ideologías de los partidos se entrecruzan. Pero este rechazo se ha dado entre distintas clases sociales de norte a sur y de este a oeste. La homogeneidad del voto deja claro que la infelicidad, la insatisfacción, el resentimiento y el deseo de acabar con la actual situación se extienden por igual en todas las regiones de Italia.

En este sentido, el referéndum italiano es prácticamente igual a la revolución iniciada por las clases sociales que se sentían abandonadas cuando votaron a favor del Brexit o en contra de Clinton. Es la misma falta de fe en la clase política la que motiva estos movimientos. Y se percibe el mismo distanciamiento en todas las democracias occidentales.

Es hora de reconstruir la política en esta época de rechazos.

Matteo Renzi era consciente. Sabía perfectamente la existencia de estos sentimientos. Es lo que inspiró su campaña en contra de la casta, del pasado, de la vieja guardia y de la clase política que nunca cambia. Pero ni siquiera Renzi ha sido capaz de detener este silencioso levantamiento y ha acabado repudiado, igual que otros líderes extranjeros.

Sin embargo, el final (al menos de momento) de su camino no acaba con este malestar. Si los partidos políticos italianos (incluido el Partido Demócrata) se engañan a sí mismos y creen que la caída del primer ministro significa que van a volver a hacer las cosas como se hacían antes del mandato del antiguo alcalde de Florencia, van a acabar mucho peor.

El voto del "No" expresa el deseo generalizado de que los políticos pongan los pies en la tierra. Los ciudadanos quieren que se arremanguen y se ensucien las manos. Y que vuelvan a escuchar a las personas, a prestar atención y a centrarse en gestionar a los ciudadanos, no a personas imaginarias. Es un deseo igualmente aplicable al movimiento Cinco Estrellas, cuyo programa pide una revolución en las relaciones entre políticos y ciudadanos, pero que no ha aportado ideas concretas. Es hora de reconstruir la política en esta época de rechazos. Es una tarea colosal que, paradójicamente, solo la política puede conseguir. Siempre y cuando entienda, acepte y supere los rechazos.

Este post fue publicado originalmente en la edición italiana de The Huffington Post, traducido del inglés por Irene de Andrés Armenteros y publicado por El Huffington Post España.

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*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.